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Domingo 24 de junio de 2018
OPINIÓN
El problema no es el gasto, el problema es el macrismo
Por Leo Anzalone. El dirigente del partido Ser sostiene que la principal dificultad que debe sortear el país es la incapacidad para generar dólares, el déficit comercial, y no el gasto público.
28 de mayo de 2018
Ricardo Arjona goza de un éxito increíble en nuestro país, todos lo conocemos, es tan bueno que nos va a ayudar a entender algo que se esconde en las cabecitas macristas. Mucho se escucha hablar que la razón de todos los males argentinos es el déficit fiscal. Se dice que eliminándolo se acabarían las penurias macroeconómicas de nuestro país. Pero apelando al cantante, el problema no es el gasto, el problema es que te gusta importar.

Es cierto que el déficit fiscal en Argentina es grande y no puede pasar desapercibido, es cierto que hay que prestarle atención, atenderlo y trazar un camino en el largo plazo para achicarlo, pero no es, ni por cerca, el problema principal de nuestra economía y mucho menos de la política.

Vivimos inmersos en una cantidad enorme de desequilibrios, pero el Gasto, si, con mayúsculas, porque es la herramienta fundamental para achicar las brutales diferencias en una sociedad como la nuestra, no es bueno o malo per se. ¿Cómo se gasta? es el quid de la cuestión de la política fiscal y donde tenemos un debe muy grande, es donde la política está haciendo agua.

Cuando éste gobierno habla de bajar el Gasto, lo que en verdad se plantea es una cuestión ideológica con una retórica goebbeliana, que esconde que aquellos con “méritos” son los únicos que deben estar mejor, los demás sobramos.

Pero insisto, no es ese el mayor problema.

El inconveniente de nuestra economía es la bendita balanza de pagos. Como diría Arjona, el problema no es el gasto, el problema son las importaciones, el problema no son los empleados públicos, el problema son los dólares.

Dejando las canciones de lado y mirando los datos, en el 2017 hubo un déficit de divisas del orden de los U$S 30 mil millones y el déficit comercial sumó US$3.420 millones en cuatro meses del 2018. Si no existiera ese rojo externo, el superávit con el mundo podría distribuirse en lo interno. En cuestiones más académicas y siempre recordando al guatemalteco, el problema es la restricción externa.

Hacia la década del ’70, Marcelo Diamand demostró que la principal restricción al crecimiento económico argentino era –y, aún es–- la insuficiencia de divisas.

El punto es este: el mayor problema que enfrentó este Gobierno hasta ahora es, sin ninguna duda, la corrida cambiaria, la salida de dólares. Si Argentina tuviera la capacidad de generar los dólares que necesita eso no hubiera ocurrido, pero el macrismo parece tener la cabeza en otro lado y sigue confiando en que la transferencia regresiva del ingreso hará, mágicamente o por mandato de algún gurú espiritual de dudosas intenciones, que millones de argentinos salgan de la pobreza.

Es cierto que en pocos momentos de nuestra historia, solo desde Yrigoyen hasta Perón para ser más precisos, hemos definido con exactitud qué modelo productivo queríamos, un modelo de país y pero ahí se terminó.

Desde ese momento, la cuenta capital, la cuenta corriente o ambas, en rojo, hicieron que nuestra dependencia del mundo aumentara. La dictadura, el menemato y el macrismo, exacerban esa realidad.

Argentina debe repensarse, parece una frase hecha, un lugar común, pero es central. Debemos redefinir que país queremos. Está bien que el campo tenga condiciones, porque eso hace entrar divisas, pero no podemos depender de las lluvias o el mercado de Chicago. Demos fortalecer los sectores estratégicos, para que se desarrollen, exporten y así disminuir nuestra supeditación a las habilidades de “Toto” Caputo o el gusto por el “Chocoarroz” de Christine Lagarde.

Así las cosas, la necesidad de cubrir el rojo externo es imperiosa, pero “Pato” Bullrich compró 4 lanchas a Israel por US$50 millones, cuando en los Astilleros Rio Santiago las harían, con mejor calidad, por un tercio de ese precio. He aquí el ejemplo de porque este problema va a seguir y que evidencia que no se tiene real dimensión del inconveniente.

Mientras tanto, a vos te piden un esfuerzo, te sacan el laburo y pasas penurias cada vez más grandes, pero los amigos, los de afuera, disfrutan de las mieles del modelo macrista.

Por eso le digo a Mauricio, como diría Arjona, “presidente, el problema no es el gasto, el problema son las importaciones”.