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Jueves 13 de diciembre de 2018
SU OPINIÓN VALE
Legislen para el presente y futuro
Por Patricia de Gyldenfeldt. La autora advierte que los jóvenes estudiantes de hoy reclaman la legalización del aborto, y pide que no se arrastren viejas costumbres “viciadas de desactualización”.
11 de junio de 2018
Señoras legisladoras y señores legisladores:

No es necesario darse cuenta que una gran franja que serán los hombres y mujeres en pocos años, hoy jóvenes estudiantes reclaman a viva voz la legalización del aborto. Más allá de estar de acuerdo o no con las medidas de tomas de colegios, particularmente creo que hay otras formas de reclamar que la descripta, no se puede dejar de lado ni invisibilizar la consigna.

El aborto hoy es una práctica habitual, desprolija, ilegal, que atenta por estas condiciones contra la vida de la mujer y por ende contra las familias. En su ilegalidad se mueren quienes son madres, hijas, esposas, amigas, hermanas, trabajadoras.

¡Estén a la altura de las circunstancias de hoy! Legislen para el presente y futuro, no arrastremos viejas costumbres que están viciadas de desactualización.

Las circunstancias son que el aborto no se evitará y sí, se privará de los derechos de las mujeres que justamente por su ilegalidad ponen en riesgo sus vidas y su salud, además de privar a otros niños de sus madres cuando pierden la vida.

Citando al doctor Favaloro: “Los ricos defienden el aborto ilegal para mantenerlo en secreto y no pasar vergüenza. Estoy harto de que se nos mueran chicas pobres para que las ricas aborten en secreto. Se nos mueren nenas en las villas y en sanatorios hacen fortunas sacándoles la vergüenza del vientre a las ricas. Con el divorcio decían que era el fin de la familia. Y sólo fue el fin de la vergüenza de los separados ilegales. Con el aborto legal no habrá más ni menos abortos, habrá menos madres muertas. El resto es educar, no legislar”, René Favaloro en 1998.

Los principios religiosos de cualquier índole y las objeciones de conciencia serán respetados, a nadie se obligará a esta penosa práctica pero tampoco es lógico truncar a otras personas de sus decisiones y obligarlas a entrar en la ilegalidad por ello, poniendo en riesgo su vida.