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Lunes 19 de noviembre de 2018
OPINIÓN
Ni la media sanción al aborto ni el Mundial fueron remanso
Planteado inicialmente como un tema que difícilmente prosperara, el gobierno llegó a temer las consecuencias de un rechazo al proyecto de legalización del aborto. El mismo día en que se aprobó, el dólar se llevó toda la atención.
17 de junio de 2018
Por José Angel Di Mauro

A esta altura el gobierno debe haber verificado la certeza de aquello que “la única verdad es la realidad”. Porque por más presunciones e hipótesis auspiciosas que imagine, en la práctica las aguas forman su propio cauce, muchas veces distinto al diagramado inicialmente. Ni hablemos de la economía, que ya abordaremos; un tema como la cuestión del aborto, planteado como elemento oxigenante para tiempos complicados, puede ser un boomerang capaz de hacer estragos.

Ya hemos dicho en este mismo espacio que habilitar ese debate en el Congreso no fue una maniobra de marketing, sino una módica salida para evitar una riesgosa encerrona. Tienen razón las que impulsaron la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto al reivindicarse como artífices del logro que acaban de conseguir, que ha puesto al proyecto a las puertas de ser ley. También es cierto que cuando el gobierno dio luz verde para que el tema avanzara hacia el recinto imaginaba un trámite más cómodo.

El Presidente habilitó el tema para evitar el riesgo de que el oficialismo tuviera que frenar el debate en una sesión especial a través de los dos tercios, con lo cual hubiera sido responsabilizado por quienes de todos modos siempre le cargarán todas las culpas. Aconsejado por Emilio Monzó, Mauricio Macri quedó en cambio como el mandatario que permitió que un tema tabú fuera debatido en la casa de las leyes; otro elemento diferenciador con los 12 años K.

Los riesgos se presumían mínimos: difícilmente el proyecto lograra sortear la valla de Diputados, pero si eso sucedía, chocaría con la pared del Senado, donde la mayoría es peronista y conservadora, la llave de las leyes la tiene allí el PJ y si el aborto no sale, no deberían recriminarle al gobierno.

Nadie imaginó la gigantesca movilización que se dio frente al Congreso en la fecha del debate. Hubo de ambos lados, pero la marea verde fue desproporcionada. Tenían sentido las prevenciones respecto de qué podría pasar si la Cámara baja rechazaba el proyecto, aunque la composición de esa masiva concurrencia no hacía presagiar vandalismo. Lo que allí se vio fue más bien un fenómeno social, pero estaba claro que el mérito de haber habilitado la discusión no era suficiente para poner al gobierno a resguardo ante un traspié de la ley. Por el contrario, el oficialismo sería identificado como el bloque con más votos negativos y debería cargar con la responsabilidad del fracaso de la ley.

En los “poroteos” la aprobación de la ley siempre corrió de atrás. Los números cambiaban minuto a minuto y si bien la brecha fue reduciéndose conforme se acercaba la fecha del debate, hasta llegar por momentos a cierta paridad, eran momentos fugaces. Así y todo, los auspiciantes del “sí” desbordaban confianza. Su esperanza descansaba en la treintena de indecisos; eran “indefinidos”, pues la mayoría estaban resueltos, mas lo ocultaban para evitar presiones. Las diputadas “verdes” imaginaban una mayoría de votos positivos en ese espacio.

A pesar de eso, a la hora de la verdad el resultado estaba definido… en contra. La expectativa de una media sanción solo prevalecía en quienes motorizaban la ley, pero entrada la noche el conteo daba empate, con cuatro indefinidos y una abstención. De esos cuatro “indecisos”, dos eran formoseños con vinculaciones con el arzobispado local y cierta certeza de que terminarían votando “no”; un tucumano del PRO que basaría su postura en una encuesta que hizo a través de una plataforma digital que había dado un resultado favorable al aborto, y la esposa del gobernador cordobés. Descontando el voto positivo del tucumano Facundo Garretón, el eventual apoyo de la cordobesa Alejandra Vigo hacía probable un dramático empate.

Esa expectativa se fue apagando cuando la esposa de Juan Schiaretti expresó su rechazo a la ley, aunque anunció que se abstendría. Al menos, no sumaría un voto en contra, pero la suerte parecía echada cuando el tucumano del PRO aclaró en su discurso que en la encuesta citada la mayoría de los tucumanos participantes había votado en contra, y él se debía a sus comprovincianos.

A sabiendas del “poroteo”, los kirchneristas anticipaban en sus discursos que cuando la ley fracasara responsabilizarían al oficialismo. “Esa decisión está en manos del bloque de la mayoría”, advirtió Leopoldo Moreau en esa larga madrugada. Las mujeres verdes reclamaron en Pasos Perdidos que el gobierno hiciera lo posible para revertir el resultado; se hablaba de la posibilidad de hacer ausentar de la votación a algunos diputados contrarios a la ley. Una maniobra que difícilmente no dejara serias heridas en el seno oficialista, cuando ya dos fotos de los “verdes” y los “celestes” habían abierto fuertes reproches internos.

Se afirma que Macri fue prescindente y mantuvo hasta el final su promesa de no incidir en el voto de nadie de Cambiemos, aunque le adjudican haber admitido que no sería bueno un resultado muy ajustado. La radical Karina Banfi confiaba en que el diputado fueguino Gastón Roma (PRO) revertiría su voto en contra, y otros dejaban entrever que el radical puntano José Riccardo, que iba a abstenerse, estaba dispuesto a rever su postura si le garantizaban cambios al proyecto. Ya Mirta Pastoriza había confirmado que votaría a favor; era la única santiagueña del gobernante Frente Cívico que lo haría en ese sentido. Un evidente guiño del gobernador Gerardo Zamora hacia quien correspondiera.

Pero el gobernador que dio la nota fue el pampeano Carlos Verna, clave para que finalmente dos de sus diputados cambiaran sus votos negativos por positivos, dando vuelta definitivamente la votación. El gobierno, cuyas principales figuras rechazan públicamente el aborto, respiró aliviado.

Ahora será el turno del Senado, donde según las señales iniciales, todo parece indicar que el proyecto se convertirá en ley. Inesperado por donde se lo mire.

Consumada la media sanción, Elisa Carrió tuvo su minuto de protagonismo cuando exhibió su fastidio y deslizó una amenaza de ruptura que más tarde negó. Su enojo se basaba en la convicción de que el gobierno había operado para aprobar la ley. Cuando vio la conformación del voto, ya no estuvo tan convencida, aunque algunos gestos oficiales hubo, conforme la preocupación por un resultado adverso que desatara pasiones.

Los radicales sí operaron mucho para modificar posturas. No Mario Negri, prescindente al punto tal que se limitó a anunciar que votaría a favor, mas no habló en el recinto; pero sí diputadas como Banfi y Brenda Austin que trajinaron intensamente los despachos de correligionarios recolectando voluntades y torciendo posturas. Desde afuera, fue notorio el papel de Ernesto Sanz y Ricardo Gil Lavedra, éste último abogado de la diputada Aída Ayala, otra de las que del no inicial pasó a votar a favor a último momento, intimada por el jurista.

Ni Sanz, ni Gil Lavedra son santos de la devoción de Lilita, quien por otra parte volvió a aparecer respaldando enfáticamente al gobierno en plena crisis económica. Ni esa media sanción, ni siquiera el Mundial sirvieron de remanso. La caída de Federico Sturzenegger era inexorable. No fue suficiente para calmar a los mercados que descreen de que Argentina pueda cumplir sus compromisos con el Fondo.

La promoción de Luis Caputo no pareciera ser precisamente un ascenso; son tiempos incómodos para estar al frente del BCRA. No faltaron quienes se preguntaron por qué cambiar al “Messi de las finanzas”, pero ese ministerio quedó devaluado luego de que el financiamiento haya quedado en manos del FMI.

Una versión dice que Macri pensó en “Toto” Caputo al frente de Hacienda y Finanzas, pero hubiera sido demasiado poder. Eso quedó en manos de Nicolás Dujovne, en quien el Presidente confió en su momento sobre todo por su capacidad para explicar las cosas. Hoy pareciera no ser eso suficiente, sobre todo cuando la crisis pasa también por la credibilidad, y el ministro asemeja por momentos ser un columnista de la realidad, más que quien debe cambiarla.

Se fusionaron dos ministerios, al reabsorber Hacienda la cartera de Finanzas, creada cuando la salida de Alfonso Prat-Gay para seducir a Caputo para seguir. El viernes se hablaba de reducir más ministerios, transformando en secretarías a Producción, Transporte y Energía. ¿Aceptarían sus ministros bajar el rango? Además de una muestra de austeridad, Hacienda debería volver a ser Economía, a contramano de lo que el Presidente desea.

Un cambio tan amplio debería incluir nombres. Fue por lo que optó Macri, sin modificar su esquema ministerial original: cambió figuras clave como Pancho Cabrera y Juan José Aranguren. Lo había acordado el viernes con ambos. Lo supo Lilita en su visita a Olivos: hacía rato que ella pedía la cabeza del titular de Energía.

Fue un fin de semana frenético en Olivos. Pararon para ver a la Selección, y en lugar de alegrarlos, quedaron más preocupados.