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Martes 14 de agosto de 2018
OPINIÓN
Los que están en la calle pueden desaparecer
Por Gabriela Estévez. Al cumplirse el primer año de la desaparición de Santiago Maldonado, la diputada kirchnerista pone en duda que no haya culpabilidades.
1 de agosto de 2018
Se cumplió 1 año de uno de los hechos más oscuros de esta gestión de gobierno: la desaparición de Santiago Maldonado en el marco de una feroz represión de Gendarmería en territorio mapuche. El oficialismo quiere hacernos creer que nadie tuvo la culpa. Sin embargo, hay más incertidumbres que certezas.

La palabra represión volvió a instalarse en el vocabulario diario de los argentinps desde diciembre de 2015. Pero más preocupante que el uso de la palabra es la implementación de políticas represivas.

La semana pasada se firmó el decreto que habilita a las Fuerzas Armadas a participar de la seguridad interior, con el argumento de darle nuevas funciones: ampliar su capacidad, mayor participación y responsabilidad. En resumen, darle funciones represivas al ejército, que no está entrenado ni preparado para ejecutarlas, ya que la lógica de formación es completamente distinta a la de las fuerzas policiales.

El hilo conductor que demuestra que este gobierno no valora la vida ni los derechos humanos une a Santiago Maldonado con Rafael Nahuel, ejecutado por la espalda durante una protesta en Neuquén; con el caso Chocobar, recibido como héroe por el presidente tras fusilar también por la espalda a un delincuente desarmado en fuga, la militarización del Congreso Nacional en diciembre pasado para reprimir la protesta ante el saqueo a los jubilados, el intento de implementar el 2x1 para genocidas, a los que vemos lograr privilegios y libertades todos los días mientras deberían cumplir sus condenas de lesa humanidad sin miramientos ni excepciones, y un sinfín de hechos violentos que no han llegado a ser difundidos en el esquema de blindaje mediático y manipulación informativa en que vivimos.

Mauricio Macri sabe que el cóctel que combino con sus medidas económicas es explosivo. A medida que los argentinos ven esfumarse su capacidad de consumo, crece la pobreza, la indigencia y el hambre. No le tiembla el pulso para reprimir, mientras la deuda se acumula y la fuga de divisas desangra la economía.

La palabra represión había perdido presencia desde 2003 hasta diciembre de 2015. Hoy está instalada desde el corazón mismo del poder que encubre y avala la pérdida de derechos y el ajuste a los trabajadores. Llegaron al gobierno prometiendo un cambio. Lo que nunca dijeron es que el cambio era para retroceder.