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Domingo 23 de septiembre de 2018
OPINIÓN
Me tomo 5 minutos...
Por Guillermo Moreno, Norberto Itzcovich y Claudio Comari. Los autores advierten que ante el deterioro de la actividad económica, el objetivo de la reducción del déficit fiscal queda severamente cuestionado.
11 de septiembre de 2018
Parafraseando a una conocida publicidad, vale la pena detenernos y hacer una pausa de cinco minutos, para recapitular y pensar lo por venir.

Esto es necesario, ya que no son pocos quienes aún no comprenden cómo se sucedieron los eventos que nos llevaron a este presente.

Y, así como no pudieron prever la irrupción de la supercrisis, desatada por los descomunales desequilibrios del sector externo y fiscal, que evidentemente ya no tiene salida en el marco de los parámetros establecidos por la alianza Cambiemos, tampoco pueden determinar los pasos a seguir.

Por el contrario, los que anticipamos diagnósticos más certeros tenemos la responsabilidad de elaborar y proponer, para debatir en la arena pública, las posibles soluciones que contribuyan a mitigar los daños para nuestra patria.

Repasemos lo dicho

Ni cisnes negros ni tormentas externas inesperadas. Los episodios de la actual coyuntura eran perfectamente previsibles desde un riguroso trabajo analítico basado en un sólido corpus conceptual, esto es, ni más ni menos, el adecuado ejercicio profesional.

Como se hace evidente, la importancia de la buena o mala praxis en la prognosis económica no comporta, en esencia, logros o fracasos en el ámbito académico o intelectual, sino, principalmente, en cómo determina decisiones fundamentales de los cuerpos colectivos (estados en sus tres niveles, y organizaciones representativas de los empresarios, los trabajadores, etc.) y de cada familia en particular.

Examinando la coyuntura, nos encontramos con una economía que no genera los dólares que necesita para funcionar (“Dónde hay un dólar viejo Gómez”, BAE Negocios, 3/9/18), sin prestamistas externos del sector privado, y con el desembolso del FMI malgastado en la pulseada cambiaria (“Saltando de la sartén al fuego”, BAE Negocios, 25/6/18), por lo que el panorama es desolador, ya que el intento de los inversores calificados de recuperar su dinero en moneda dura y retirarlo lo antes posible, es el lógico corolario.

Al tiempo, las consecuencias del (re)accionar oficial sobre la economía real, es devastador. Con tasas de interés inafrontables para el funcionamiento de las empresas y un tipo de cambio de equilibrio imposible de determinar (“La gestión empresarial en tiempos de supercrisis”, BAE Negocios, 16/7/18), la parálisis del aparato productivo es, por momentos, total.

Hoy, el quiebre de stocks generalizado trasciende los circuitos de fabricantes y mayoristas, para llegar a todos los puntos de venta. En estos aciagos días, como advertimos en mayo, “el verdadero problema de la hora es el de garantizar el abastecimiento (en precio y cantidad) de las personas tanto físicas como jurídicas” (“La supercrisis se materializó”, BAE Negocios, 21/5/18).

Ahora bien, nada de esto fue sorpresivo dado que, como hemos ido señalando, obedece, entre otras causales relevantes, a la reconfiguración de las relaciones entre las naciones emergente en el nuevo orden internacional (“El mundo actual facilita los modelos de desarrollo nacional”, BAE Negocios, 4/9/17 y otros) y a la transformación de la economía de los EE.UU. en el principal punto de atracción de las inversiones productivas y financieras a escala global.

Decíamos en febrero, en nuestro artículo “Los prestamistas externos también se preguntan ¿cómo seguimos?” (BAE Negocios, 12/2/18): “Las decisiones del gobierno de Trump respecto a la administración del comercio exterior, la reciente reforma tributaria y el megaproyecto de obra pública, actúan como un poderoso atractivo para la inversión fronteras adentro de los EE.UU. Con una tasa de desocupación rondando el 4%, el riesgo de ‘recalentamiento’ está latente. () La suba de tasas de interés es funcional a fines de evitarlo, así como también para la obtención del financiamiento para los proyectos de inversión públicos y privados. Esto nos lleva a prever que la principal economía del mundo será la gran ‘esponja’ de la liquidez mundial.

No hay dudas que, competir con los EE.UU. por el crédito internacional, es un desafío que podría exceder con creces las potencialidades de nuestra economía”.

Al verificarse este pronóstico, el esquema Ponzi que prohijó el oficialismo, quedó interrumpido y, con ello, la supercrisis, (o la “emergencia”, según los decires presidenciales) determinada por las inconsistencias macroeconómicas de la alianza gobernante (“Un presente de inconsistencia macroeconómica con estancamiento”, BAE Negocios, 1/2/18) se objetivó. La posterior ayuda del FMI fue, como también señalamos (“Demasiado tarde para lágrimas”, BAE Negocios, 18/6/18), extemporánea e insuficiente, no en términos de montos, sino en cuanto a su pertinencia.

Te lo digo

Hace más de un año (“Las elecciones y la economía”, BAE Negocios, 15/8/17) que señalábamos la peligrosidad del diagrama económico vigente que, al caminar sobre la cuerda floja en claros desbalances, amenazaba con arrastrarnos a todos cuando el funambulista perdiera el equilibrio. Esto sucedió y nos enfrentamos así a una situación de crisis sistémica, que puede resultar la más profunda de nuestra historia y poner en riesgo la continuidad de la patria.

Las recientes medidas del diezmado “mejor equipo” no tendrán ninguna efectividad, especialmente porque están basadas en cálculos erróneos y pésimas decisiones.

Los U$S 6.000 millones de ahorro fiscal, se estimaron en base a una sobrevaluación del PIB o una subvaluación del tipo de cambio.

Respecto del incremento esperado en los ingresos públicos, si bien mejorarán por la imposición de las retenciones a todas las actividades exportadoras, no alcanzarán lo planificado en la medida que no se contemplan los deterioros en la recaudación devenidos del descenso del nivel de la actividad económica, que oportunamente anticipáramos (“El discurrir de la supercrisis”, BAE Negocios, 28/5/18). Además, su implementación es pésima, al establecerse topes superiores de sumas fijas en pesos. El absurdo de que proporcionalmente se pague más cuando el dólar pierde competitividad (o viceversa) se complementa con el “hallazgo” de que ante los incrementos de la inflación y/o del tipo de cambio, se licúan dichos ingresos.

En síntesis, el objetivo de reducción del déficit fiscal queda severamente cuestionado.

De manera que volverá a llover sobre mojado, confirmando la irreversibilidad del fracaso económico de Cambiemos, exponiendo al entramado social y productivo, a la amenaza de la anomia (“¡Ay, Patria mía!”, BAE Negocios, 7/5/18).

Urge entonces evitar que el carácter explosivo de la configuración económica canalice la resolución de la supercrisis librándola a las urgencias del conflicto social, porque sus derivaciones anómicas sólo nos enfrentarían al peligro cierto de la potenciación del caos.

Evitar un “punto de ruptura” explosivo requiere del protagonismo de todos los cuerpos orgánicos de la Nación, especialmente de aquellos que ejercen la representación política de la sociedad, sean oficialistas u opositores.

Sobre sus espaldas recae la responsabilidad de proponer las soluciones; de otro modo el descalabro económico perturbará irremediablemente el funcionamiento institucional y la paz entre los argentinos.