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Lunes 15 de octubre de 2018
OPINIÓN
Cómo mantener a la tropa propia motivada en tiempos negativos
Por José Angel Di Mauro. Lejos de los tiempos en que el optimismo cotizaba en alza, el gobierno trata de mostrar austeridad hasta en los pronósticos. La aprobación del Presupuesto no será un lecho de rosas.
16 de septiembre de 2018
Cambiaron todos los parámetros en el gobierno. El derroche de optimismo quedó para tiempos mejores; los pronósticos favorables se guardan en reserva y cualquier rasgo de vanidad está sepultado por la realidad impiadosa. Ya no se canta victoria antes de tiempo y se asume que los momentos de tranquilidad pueden ser efímeros.

Tiempo de cambios, hasta el Presidente ha comenzado a alargar sus mensajes. Lo hizo el lunes posterior a la reestructuración del Gabinete, cuando sus 25 minutos de discurso contrastaron con el minuto 42 de mitad de la semana anterior, al que los mercados contestaron llevando el dólar a $40. Ahora Mauricio Macri hace discursos más largos. Y hasta volvió a usar corbata, como hizo para ese mensaje del 3 de septiembre.

Hay quienes advierten que en momentos tan malos no debe faltar la luz de esperanza, tal vez aquella del final del túnel de la que habló la vicepresidente en los tiempos en que el resto del elenco oficial remitía al “segundo semestre”. Para eso está el Presidente, repiten en las esferas del poder, donde sugieren que Macri debe ser el gran comunicador. Otros advierten que no alcanza, y entonces surge la figura del fortalecido ministro del Interior, que suele admitir errores, pero también tiene un discurso que luce esperanzador en los tiempos que corren. En imagen, es de los que quedan en pie después de la tormenta.

También se ocupa de ello el ministro Dante Sica, que aporta la frescura de ser uno de los pocos nuevos en el Gabinete y cuenta con un pasado prestigioso.

Marcos Peña guarda por estos días un perfil más bajo que el habitual. Evitó por primera vez este mes ir a brindar su informe mensual al Congreso, donde venía cumpliendo rigurosamente la rutina que le asigna la Constitución de un modo que ninguno de sus antecesores hizo. Pero no tenía sentido ir el 5 de septiembre pasado al Senado -si bien esa Cámara es más calma- para ser allí aporreado. Ya se verá cuando retoma las visitas para brindar sus informes.

No obstante, el optimismo sigue vigente, si bien no se expone en público para evitar refutaciones. Vale para la interna, donde la motivación debe mantenerse vigente, cuestión de evitar el síndrome de la decepción. Por eso el jefe de Gabinete organizó días pasados un encuentro con los diputados y senadores del PRO. Fue en la sede partidaria de la calle Balcarce, en el corazón de San Telmo, donde Peña se ocupó de levantarles el ánimo a sus invitados. Según confiaron legisladores presentes, el funcionario aseguró que la imagen de Mauricio Macri todavía es mejor que la de otros líderes mundiales como el francés Emmanuel Macron y el canadiense Justin Trudeau. Esto es, la popularidad del gobierno se mantiene “firme”, pese a “la tormenta económica” que aún seguimos atravesando. “Estamos mejor que ellos”, concluyó, palabras más, palabras menos, en esa velada matizada con un asado en la que también hubo otros funcionarios, como Rogelio Frigerio.

Tiene sentido el esfuerzo por mantener a los legisladores motivados, de cara al gran objetivo del gobierno para lo que resta del año, que es el debate del Presupuesto. Una ley de leyes que el gobierno quisiera tener ya aprobada, tan necesitado de dar señales positivas al Fondo Monetario y, sobre todo, a los mercados. Pero ese trámite legislativo tiene sus tiempos, que se estiran más cuando un gobierno es minoría. En el afán de encontrar razones para la inestabilidad de los mercados, hubo quienes sugirieron que el último respingo del dólar obedeció a la certeza de que el Presupuesto será ley recién entre el 14 y el 21 de noviembre. En rigor, un plazo razonable. Solo Cristina -con la mayoría legislativa que le brindó el 54% de 2011- logró tener aprobados sus cuatro presupuestos posteriores en el mes de octubre. El récord fue en 2013, cuando el Congreso aprobó el del año siguiente el 9 de octubre.

Macri debe conformarse con haber logrado la señal deseada al reunir el martes pasado en la Casa Rosada a 22 representantes de las provincias, y la casi certeza de que todos harán fuerza para que el gobierno tenga su presupuesto. Pero no será fácil: este oficialismo en minoría necesita indefectiblemente del apoyo del peronismo “racional” para tal fin, y el mismo suele prevalecer en el Senado, mas no en Diputados. Le pasó ya con varias leyes y esta vez no será distinto.

Una alta fuente del interbloque Argentina Federal confió a este medio que pueden llegar a votar divididos, pues van a esperar a ver qué opina cada gobernador y cada diputado decidirá en consecuencia. Y deslizó que el massismo podría abstenerse. Con todo, el sector más “racional” de esa bancada está convencido de que “hay que aprobarlo”, al admitir que “es mejor tener un presupuesto malo, que no tenerlo”. Es que en caso de prorrogarse el Presupuesto vigente, “si la recaudación es mayor que la prevista, al no haber presupuesto ese excedente lo puede administrar el Ejecutivo como desee”.

Como sea, todo resulta efímero para el gobierno. La foto deseada con los gobernadores no fue suficiente para evitar que el dólar volviera a recuperar su tendencia alcista. Y el jueves pasó otra vez los $40. Contribuyó esta vez el ruido que generaron las declaraciones de un tal Larry Kudlow a la cadena de noticias Fox, donde habló de la convertibilidad como “única salida para el dilema argentino”. Pasa que el hombre es un funcionario de la administración Trump, y no cualquier funcionario, sino su principal asesor en materia económica.

No tiene paz el gobierno, que la semana anterior había recibido una señal positiva de parte del mismísimo Trump, diálogo con Macri y comunicado posterior mediante. Todo es efímero para esta administración.

Las usinas desestabilizadoras se encendieron a pleno a partir de semejante referencia. Por si no hubiera suficientes alusiones a 2001, aparece la convertibilidad como convidado de piedra. Nada dispuestos a darle tregua al gobierno, esos mismos sectores se hicieron notar enviándole una carta a Christine Lagarde reclamándole no adelantar los desembolsos que Macri le pidió al FMI. “El actual gobierno sólo se propone alcanzar el equilibrio fiscal en el ítem correspondiente a los ingresos y gastos operativos, manteniendo en las cuentas públicas el déficit que representa el pago de intereses de la deuda soberana”, expresa la misiva suscripta nada menos que por el exsecretario de Comercio Guillermo Moreno, en su condición de presidente de la Comisión de Economía del Partido Justicialista. Quien quiera comparar esto con el papel de Domingo Cavallo en 1989, pidiendo en Estados Unidos que no le dieran préstamos a Alfonsín y adelantando así su caída, puede.

En este contexto tal vez la buena noticia de la semana para el gobierno resultó ser la caída de Ricardo Lorenzetti, reemplazado al frente de la Corte por Carlos Rosenkrantz, el hombre que quería Macri. Si bien en la Rosada insisten en desentenderse de lo que sucede en Tribunales, fuentes consultadas dicen ver la mano oficial detrás de lo sucedido. Afirman que el Presidente había quedado atragantado con Lorenzetti cuando dos días después de ganar el balotaje, la Corte ordenó restituir a tres provincias las retenciones para la ANSeS. Fue un verdadero presente griego para el flamante gobierno, que terminó extendiendo la devolución de ese 15% a todos los distritos del país, el origen de que casi todas las provincias tengan hoy superávit o, al menos, equilibrio fiscal.

Mauricio Macri logró construir con el tiempo una buena relación con Lorenzetti, y cuentan sus allegados que no creía las denuncias que Elisa Carrió le dedicaba al oriundo de Rafaela. Con el tiempo, el Presidente habría ido cambiando de opinión, y la líder de la Coalición Cívica le resultó funcional.

En junio pasado, Ricardo Lorenzetti había concurrido a la Casa Rosada, invitado a almorzar por Macri. Luego de ese encuentro trascendió que el presidente de la Corte le había dicho que dejaría el cargo a fin de año, y desde el Tribunal Supremo salieron después a desmentir que ese diálogo hubiera existido. Pero alguna señal en ese sentido hubo. En diciembre debían renovarse las autoridades de la Corte, y en el Ejecutivo habrían llegado a pensar que Lorenzetti no tenía intenciones de dar un paso al costado. Hay quienes sugieren que el magistrado habría estado muy activo las últimas semanas, tomando contacto incluso con gobernadores.

Se dice que el otro juez sugerido por este gobierno en 2015 para incorporarse a la Corte, Horacio Rosatti, se habría ocupado de forzar el adelantamiento de la elección de autoridades, recurso que supo usar en su momento el propio Lorenzetti en tiempos de CFK. Y que Elena Highton de Nolasco lo sorprendió alineándose con los dos miembros más nuevos de la Corte, poniendo fin a su largo reinado.