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Jueves 13 de diciembre de 2018
OPINIÓN
El ministerio, el Presupuesto y el ocaso de la ciencia
Por Roberto Salvarezza. El diputado kirchnerista analiza la desaparición de la cartera de Lino Barañao y sostiene que "Argentina abandona su proyecto científico-tecnológico".
21 de septiembre de 2018
La firma de Barañao en el acta de defunción del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva (MINCyT) es todo un símbolo de la era de Mauricio Macri. El ministro, que se quedó para garantizar las políticas de Estado llevadas adelante por el kirchnerismo, no sólo certificaba la desaparición de "su" cartera sino que aceptaba sumisamente convertirse en Secretario de Estado sin siquiera levantar la voz. Fue el primer y único Ministro de ciencia de nuestro país: lo inauguró y le puso el cartel de cierre.

Pero en realidad la desaparición del MINCyT había comenzado desde el mismo momento en que asumió Macri, que en su campaña presidencial había prometido duplicar la inversión en ciencia, tecnología e innovación. Durante estos 2 años y 9 meses mostró lo que muchos sabíamos: su desprecio por el conocimiento científico y el avance tecnológico de la Argentina. Los que teníamos memoria de su gestión como Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires recordábamos sus críticas por la puesta en órbita del ARSAT 1 para ocupar una órbita geoestacionaria que había sido adjudicada al país y que podía perderse.

Cambiemos fue plasmando año a año el desfinanciamiento del sector: pasamos de 1,53% del presupuesto total en el 2016 (último votado durante la gestión de Cristina Fernández de Kirchner) al 1,4% en 2017 y este año fue de 1,22%. El presupuesto para el año que viene, presentado esta semana por el ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, profundiza el ajuste: sólo se invertirá el 1,1%. Prácticamente todos los organismos del área están afectados con incrementos presupuestarios por debajo de la inflación promedio con la cual fue elaborado este presupuesto (34,8%). Para mencionar sólo un ejemplo: la Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica, que es la mayor fuente de financiación del sistema, incrementa sus recursos en apenas un 4%.

La lectura de la situación es clara: Argentina abandona su proyecto científico-tecnológico. Un programa estratégico que en 2016 llevó a la prestigiosa revista Nature a dedicarle un artículo titulado "El Boom de la Ciencia Argentina". El final del Plan Argentina Innovadora 2020 ocurrió con la complicidad de Barañao y del presidente del CONICET, Alejandro Ceccatto, quienes curiosamente fueron sus autores durante el gobierno anterior. En un ejercicio de hipocresía pocas veces visto, criticaron su propia gestión y dejaron a cientos de jóvenes sin posibilidad de inserción en el país al reducir drásticamente los ingresos al Consejo. Negaron el ajuste evidente e intentaron enfrentar a los científicos y científicas entre sí creando falsas antinomias: ciencia útil vs ciencia inútil o ciencias sociales vs ciencias duras. Hoy, con salarios y becas deteriorados por la enorme inflación, subsidios devaluados e institutos que no tienen presupuesto, se crea el clima perfecto para inaugurar un nuevo éxodo de investigadores y técnicos.

Barañao y Ceccatto son parte de una gran estafa a todos aquellos que de buena fe creyeron en sus promesas y que hoy ven como se degrada rápidamente las condiciones para investigar en el país. En medio de este desolador panorama la prestigiosa Asociación Física Argentina, constituida por científicos, científicas y estudiantes de las ciencias físicas del país, en ocasión de su reunión anual en Buenos aires acaba de solicitarles su inmediata renuncia. Todo un símbolo del repudio de la comunidad. No quedará mucho para recordar de estos tristes personajes que fueron, junto a Macri, culpables de esta oscura etapa de la ciencia argentina.

* Diputado nacional del bloque del Frente para la Victoria-PJ por la provincia de Buenos Aires.