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Domingo 16 de diciembre de 2018
COYUNTURA
Dujovne, el nuevo superministro
Tras la renuncia del presidente del Banco Central Luis Caputo, la figura del superministro se volvió a imponer en la política argentina.
26 de septiembre de 2018
La salida de Luis Caputo de la presidencia del Banco Central y su reemplazo por Guido Sandleris forzó el regreso a la figura del superministro, en este caso bajo el nombre de Nicolás Dujovne, titular de la cartera de Hacienda, echando por tierra el objetivo del inicio de la gestión de Cambiemos de no tener un funcionario por encima del resto.

La crisis cambiaria y su prolongación en el tiempo, que llevó a firmar dos acuerdos con el Fondo Monetario Internacional (FMI) en menos de tres meses promovio el regreso a esa condición especial que pone la Argentina a sus respectivos gobiernos.

A esta altura vienen a la memoria superministros de Economía como en su momento fueron Juan Vital Sorrouille, durante gran parte del Gobierno de Ricardo Alfonsín, o Domingo Cavallo en el Gobierno de Carlos Menem, Roberto Lavagna en el Eduardo Duhalde y los primeros tiempos de Néstor Kirchner, Axel Kicillof con Cristina Fernández de Kirchner y ahora llega el turno de Nicolás Dujovne con Mauricio Macri.

Es indudable que el manejo de la política económica en equipo de varios funcionarios, con independencia incluso del Banco Central, puede ser un esquema ideal de gestión… pero para otros países.

En la Argentina, el trabajo de la política hace que cuando se junten dos personas haya una interna, lo cual demuestra que, en definitiva, a esta sociedad le cuesta muchísimo trabajar en consensos comunes.

El Gobierno de Mauricio Macri buscó cambiar esa dinámica, conformando un gabinete exagerado de 22 ministros.

Con el transcurso del tiempo y ya con el dólar volando por los aires, producto de situaciones externas y errores domésticos quedó claro que un gabinete de tantos funcionarios no le hacía bien a nada ni a nadie.

Quizás la determinación de reducir la cantidad de ministerios y concentrar la conducción de la política económica en un ministro, bajo supervisión del jefe de Gabinete y el presidente se tendría que haber encarado mucho antes.

Es más, esa medida y otras, como el saneamiento acelerado de las cuentas públicas y el desarme de la bola de nieve de las Lebacs, se debería haber hecho en octubre de 2017, después que el Gobierno obtuvo un claro triunfo.

Tal vez resulte más fácil escribir estos conceptos con el diario del lunes, pero la política en definitiva es la magia de poder anticiparse medianamente a diversos acontecimientos.

Ahora, con una realidad complicada, la figura del superministro, en este caso, Nicolás Dujovne, vuelve a irrumpir en el esquema del Poder Ejecutivo.

Un poco por necesidad y otro por imposición del FMI, ya que está claro que el organismo multilateral no veía con buenos ojos esa multiplicidad de funciones.

Tras el acuerdo con el organismo, Dujovne y Sandleris deberán a partir de este momento aceitar muy bien los mecanismos monetarios y fiscales, para que el país paulatinamente vuelva a tener más credibilidad y con ello bajar la inflación, la tasa de interés y generar condiciones para retomar el crecimiento económico, un desafío gigantesco en este momento.