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Jueves 15 de noviembre de 2018
OPINIÓN
Israel, once años después
Por Jorge Horacio Gentile. Luego de recorrer el país del Medio Oriente, el exdiputado nacional describe su experiencia y los complejos desafíos que debe enfrentar el pueblo israelí.
16 de octubre de 2018
Con 17 argentinos, 5 cordobeses, de la Fundación Universitaria del Río de la Plata volví, después de 11 años, a Israel y recorrimos su territorio, que es menor al de la provincia de Tucumán. Estuvimos en Tel Aviv, Jerusalén, el Valle del Jordán, Cafarnaúm, los Altos del Golán -en la frontera con Siria y Líbano-, Safed, Haifa, la fortaleza de Mesada, y Sderot, que está a un kilómetro de la franja de Gaza, desde donde los terroristas de Hama disparan misiles. Visitamos los Kibutz de Hagoshrim, Kfar Szold, Ein Hashlosha y Magal, donde está la fábrica Netafim, líder mundial de riego por goteo. Algunos, por el lujo de sus viviendas, se asemejan a nuestros countries. Estuvimos en las playas del Mediterráneo, del mar de Galilea, y me bañé hice “la plancha” en el salitroso Mar Muerto.

Conocimos la Universidad Hebrea de Jerusalén; la Universidad de Haifa, donde su rector es el cordobés Gustavo Mesch; y el Colegio de Abogados de Jerusalén, que lo preside otro comprovinciano, León Amiras. Conversamos, también, con el periodista de la CNN José Levi y con Israel Rabinowicz. Nos recibió en su casa el embajador argentino Agustín Caucino.

En la visita a la empresa Movileye, líder en sistemas antichoque, me convencieron que los automóviles autónomos son más seguros que los que manejan los humanos. Esto fue confirmado el día que llegué a Córdoba cuando supe del accidente fatal que le costó la vida a José Manuel de la Sota.

Nuestra visita coincidió con el Año Nuevo judío 5779 y el musulmán 1440, y con los 70 años de la creación del Estado de Israel, rechazada por los palestinos, cuando sólo había 600 mil judíos. Hoy Israel tiene 8.793,000 habitantes de los cuales 75% (6.556.000) son judías, el 21% (1.837.000) son árabes (musulmanes, casi todos sunitas, y cristianos), y hay 400.000 cristianos no-árabes y personas sin clasificación en el censo, representando el 4% de la población. Su tasa de natalidad, el número promedio de hijos por mujer, es de 3,11, la más alta de Occidente.

En la capital, Jerusalén (no aceptada por los palestinos), visitamos la Knesset, el parlamento integrado por 120 diputados, donde ningún partido tiene mayoría; la Corte Suprema, de 12 miembros; y las oficinas del presidente, Reuven Rivlin, y la del primer ministro Benjamín Netanyahu. No tienen Constitución, pero en su lugar hay leyes básicas -como en el Reino Unido.

El servicio militar es obligatorio para varones y mujeres, desde los 18 a los 21 años, por lo que es común ver en las calles a jóvenes con la ametralladora colgando del hombro.

¿Qué cambió después de once años?

Israel también padece alguno de los brotes nacionalistas que intentan frenar la globalización, demostrada en la reciente declaración de que su estado es judío, y en el traslado de la embajada de EE.UU. a Jerusalén.

Sin embargo, como el Medio Oriente es ahora el escenario bélico más intenso del mundo, con Siria en el centro del conflicto, revertir esta situación es hoy más importante y urgente que terminar con la disputa entre Israel y Palestina. Según José Levi, para esta zona el problema mayor ya no es Israel, sino Irán. Por eso, como sugirió Obama al visitar Argentina, el crear el estado Palestino o un estado federal que incluya a Israel y Palestina es urgente, aunque ambos se resistan a imaginarlo.

Si Sudáfrica con 20 millones de negros y 5 de blancos pudo abolir el apartheid y lograr con Mandela resolver un problema que parecía imposible; si las dos alemanias se unificaron; si se concluyó la guerra fría y se disolvió la Unión Soviética, ¿por qué no intentar superar el conflicto entre judíos y árabes? Lo mismo está intentando hoy las dos Corea, y el Vaticano y China, que acaban de firmar un convenio, luego de una ruptura de relaciones en 1951.

Los notables avances alcanzados por Israel con su democracia, con su economía y con su aprovechamiento de nuevas tecnologías, le confieren un liderazgo que bien debería aprovecharlo e invertirlo para hacer posible la paz en esta castigada parte del planeta.