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Jueves 15 de noviembre de 2018
OPINIÓN
El ministro ausente y un nuevo pedido de renuncia
Por Raúl Magnasco. El presidente de la Fundación +Vida explica porque entiende que existen motivos suficientes para que el ministro de Justicia Germán Garavano de un paso al costado.
17 de octubre de 2018
Las críticas al momento de su designación, referidas sobre todo al estilo “heavy metal” del joven funcionario amante del rock, que alternaba los libros con pelotas de futbol y habilidades de disk jockey, daban cuenta más de la osadía del presidente que de los preconceptos que desvestían cualquier vestigio de protocolo para tan importante cargo.

En un país donde la justicia verdaderamente es una deuda de la democracia, país en donde algunos de los atentados y accidentes más lamentables de los últimos años aún no registra condenas, contamos con un ministro que no escucha a su pueblo, y que desconoce cuál es su voluntad.

Gobernar requiere, además de ciertas habilidades de conducción, capacidad para entender la realidad de la gente y buscar soluciones útiles a los problemas que los aquejan. Germán Garavano parece haber transitado el 2018 ausente de la realidad que vivimos todos los argentinos, más preocupado por impulsar una reforma del código penal que incluya la despenalización del infanticidio, es decir el derecho de la mujer a matar a sus hijos hasta los 4 años de edad, o del consumo de drogas, que de perseguir a los delincuentes prófugos, por ejemplo, o de solucionar la precariedad del sistema judicial argentino, el más lento del mundo, y con un sistema penitenciario colapsado, donde la mitad de los reclusos ni siquiera fue condenado, y la mitad de los delincuentes quedan libres en las calles.

Desde que en la Fundación Mas Vida tomamos conocimiento hace 9 meses del proyecto de reforma del código penal, el 18° intento para ser exactos, solicitamos una reunión con el ministro, a fin de interiorizarnos sobre su conocimiento en un tema sensible como el del aborto, ya que algunos rumores daban cuenta que intentaría despenalizar el delito en el borrador en cuestión. Por mucho que insistimos, nunca nos recibió, y los resultados están a la vista. Aún cuando hemos transitado el más intenso debate parlamentario de nuestra historia, cuyo costo político para el gobierno nadie supo ni imaginar, e incluso cuando el Congreso Nacional finalmente laudara a favor de las dos vidas, ante la obvia notoriedad de la mayoría del pueblo que rechaza la despenalización, ante la evidencia científica de que el aborto legal es un fracaso y que solo acarrearía mayor daño y muerte a la mujer, el joven ministro, fiel a su tradición verbal políticamente incendiaria, no tuvo mejor idea que manifestar su intención de despenalizar el aborto a través del código penal, violentando todo el aparato democrático y la división de poderes que determinó la voluntad del pueblo a través de sus representantes.

Al momento, incluso una parte del oficialismo aceptaría la renuncia de quién es capaz de crispar los nervios del más sereno dirigente político, cada vez que habla, manifestando públicamente que no sería buena la imagen de un expresidente preso, sin importar si fuera culpable. ¿Cómo se puede administrar justicia si prevalece una opinión a la realidad que pudiera corresponder desde la letra de la norma? ¿Realmente está en condiciones de redactar nada menos que un Código Penal alguien que se encuentra manifiestamente ausente de la realidad, que no escucha ni recibe al pueblo, y que finalmente disocia el cumplimiento efectivo de una condena de la punibilidad de los actos que la pudieran revestir?

Podríamos decir que Lilita tiene razón… una vez más. Por el bien de la patria, de todo el pueblo, y de la misma democracia, hay momentos en los cuales el mayor acto de grandeza consiste en dar un paso al costado.