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Jueves 15 de noviembre de 2018
OPINIÓN
Una deliberada intención de impedir la sesión en Diputados
Cuando un oficialismo convoca a sesionar es porque tiene la certeza de contar con los votos para aprobar la ley en cuestión. Es lo que sucedía con el Presupuesto y lo permite entender el afán por frenar la sesión del miércoles.
28 de octubre de 2018
Por José Angel Di Mauro

El arreglo extra con el FMI que Mauricio Macri había dado por concretado en su discurso de un minuto 42 segundos el pasado 29 de agosto, recién se concretó el viernes último. En efecto, si bien esa mañana en la que el dólar seguía disparado, el Presidente anunció que “hemos acordado con el Fondo Monetario Internacional”, cuando en realidad no era así. Nada se había acordado todavía respecto del adelantamiento de fondos para garantizar el pago de la deuda, como dijo Macri, y eso le valió una reprimenda del organismo… y que el dólar siguiera escalando.


Hace algunas semanas que, contra pronósticos poco optimistas, el dólar parece haberse estacionado dentro de la banda de flotación elaborada por el Central, y la firma del acuerdo finalmente concretado se supone contribuirá a esa calma, aunque ni los más optimistas se animan a pronosticar cuando comenzará a percibirse una mejora. Por el contrario, los indicadores siguen dando semana tras semana números negativos. En el primer trimestre de 2019, cuando con viento a favor podrían comenzar a aparecer señales vitales, eso tampoco podrá reflejarse en los comparativos, pues el primer trimestre de este año fue el último de crecimiento que tuvimos.

“Broche de oro” no es un término acorde para la situación extrema que vive el país, pero lo cierto es que la firma del acuerdo le puso un cierre positivo a la que muchos se animan a sugerir como la mejor semana del gobierno en varios meses. Y la aprobación del Presupuesto 2019 en la madrugada del jueves fue un elemento clave en ese sentido. Por todo lo que se trabajó, por las expectativas puestas en lograr el acuerdo y las dificultades que incluso ese día se verificaron. Por los votos con los que se consiguió -138 a favor, 103 en contra, un número apreciable-. Porque desde hacía semanas en el gobierno daban por descontado que el Presupuesto iba a salir, pero las dificultades para ultimar los acuerdos fueron tan grandes que las dudas persistieron hasta el final. Incluso al inicio de la semana no se descartaba que el debate se postergara hasta el último miércoles de octubre, fecha extrema pero en última instancia aceptable, en cuyo caso había un acuerdo con Miguel Pichetto -dueño de las llaves de las leyes en el Senado- para que el debate en la Cámara alta no se extendiera más allá de 15 días.

Pero tenía que ser esta semana, quedó claro. Porque hacía falta esa señal para terminar de convencer a los representantes franceses y alemanes, los más remisos junto al de Holanda, para dejar de lado sus prevenciones a que Argentina pueda cumplir lo acordado. Esto es, un fenomenal ajuste.

En rigor, no es que la aprobación del Presupuesto convenza a nadie… Pero su no sanción sería una señal definitiva para hacer caer el acuerdo que más que nada habrá que agradecerles a Christine Lagarde y Donald Trump, mal que nos pese.

Fue la razón -están convencidos en Cambiemos- por la que los sectores más radicalizados trataron de forzar que el Parlamento no sesionara. Fue igual que en diciembre pasado con la reforma previsional, y esa vez quienes juegan en contra de las instituciones pudieron celebrar la suspensión de una de las sesiones. Fue un éxito para los revoltosos esa vez el levantamiento de la prevista para el 14 de diciembre, aunque finalmente la ley se pudo aprobar días después. El gobierno de Cambiemos jamás pudo reponerse de esa convulsión que cambió el clima, apenas dos meses después de haber conseguido una resonante victoria electoral.

El modus operandi fue similar ahora. Convocatorias a vigilia y marchas al Congreso para repudiar la ley, y luego mano de obra proveniente de sectores marginales de la sociedad, sectores radicalizados y profesionales del desorden, formando un cóctel ideal para iniciar el desbande. Como en diciembre pasado, los diputados del kirchnerismo más duro y la izquierda salieron a confrontar con la policía, corrieron vallas y desafiaron a las fuerzas de seguridad en busca de una reacción conveniente.

El operativo de pinzas tuvo nuevamente el otro extremo dentro del recinto, donde pareciera haberse sincronizado el momento preciso para reclamar el final de la sesión. Terminaba de exponer Axel Kicillof y comenzaba a hacerlo el segundo miembro informante del oficialismo, cuando diputados de la oposición que ya habían cumplido la puesta en escena con banderas norteamericanas y una gigantografía de Christine Lagarde, invadieron nuevamente el hemiciclo del recinto para exigir ahora suspender la sesión.

En ese momento presidía el joven radical Luis Petri, y Emilio Monzó debió acelerar su regreso para tratar de sostener la sesión. El presidente de la Cámara ya había visto desde su despacho el inicio de los incidentes y tomado contacto con las autoridades para ver el estado de situación y los pasos a seguir.

“Nosotros no estamos de acuerdo con continuar la sesión. Es una irresponsabilidad que mientras afuera se está reprimiendo a ciudadanos argentinos que se están manifestando, nosotros hagamos oídos sordos y no miremos lo que sucede afuera”, reclamó Agustín Rossi cuando le concedieron la palabra. “¡Si hay heridos, si hay muertos, acá se van a tener que hacer cargo!”, disparó.

“La verdad que no hay condiciones para sesionar”, señaló luego Andrés “Cuervo” Larroque, uno de los más activos en la calle, donde se lo vio trepando vallados, hasta que lo rociaron con gas pimienta. Como en diciembre, se habló de represión y muertos, y el colmo del bochorno fue cuando casi se fueron a las manos algunos diputados.

A la postre, los incidentes en las calles no fueron tan graves como el año pasado; lo del recinto sí. Cuando se reanudó la sesión, las previsiones originales de 12 horas de sesión se habían disparado y nada pudo apagar el temor respecto de que algún imprevisto provocara un final abrupto. Por eso Cambiemos decidió eliminar a sus diputados a la lista de oradores. Solo hablaron los miembros informantes Luciano Laspina y Luis Pastori, más el jefe de la bancada.

“Hubo un silencio que hizo muchísimo ruido”, expresó Graciela Camaño en su discurso de cierre respecto de la ausencia de oradores oficialistas. Mario Negri le contestó luego que había 40 legisladores de Cambiemos anotados para hacer uso de la palabra. “Pero quienes tenemos alguna experiencia percibimos que cuando comenzó la sesión, el debate iba a tener diversos perfiles”, y en ese contexto estaban “los que se sinceraron y a los dos minutos, casi como gallo de riñas, querían que se levante la sesión porque el país se incendiaba y la represión mataba gente en todas las esquinas. Es decir, el mismo dibujo de diciembre”.

Hubo en total 88 oradores, 50 de los cuales eran del kirchnerismo, que tiene un interbloque de 66. Del flamante bloque Red por Argentina, que lidera Felipe Solá, hablaron sus 10 integrantes. La mitad de los mismos son del Movimiento Evita, cuyo jefe, Leonardo Grosso, fue el primero en reclamar suspender la sesión por los incidentes. Los tres representantes del trotskismo hicieron uso de la palabra. Las sugerencias para “bajar” oradores que suelen hacerse para reducir el tiempo no encontraron eco entre quienes más se oponían al Presupuesto.

Del interbloque Argentina Federal, cuyos votos fueron clave para Cambiemos, hablaron solo 10 de sus 33 diputados.

Hubo en los discursos de los diputados varias referencias a la movilización del sábado anterior a Luján, que molestó bastante al gobierno, aunque en el fondo cree haber sacado algún rédito porque exhibió a buena parte del peronismo junto a la plana mayor de un sindicalismo que no goza de buen prestigio. Y una Iglesia que emerge con magullones de semejante nivel de exposición y donde pareciera percibirse también cierta grieta.

Agustín Rossi comparó la pacífica movilización de ese sábado con la del miércoles violento, y en una interpretación de lo más curiosa atribuyó la violencia a la presencia policial. “Cada vez que aparece la policía, aparece la represión y los disturbios -dijo-. Cuando no aparece la policía, las movilizaciones en la Argentina son absolutamente pacíficas”. Es como comparar a los hinchas que van a las canchas custodiados y protagonizan igual incidentes, con los espectadores que van al teatro, sin nadie que los cuide, y se portan bien…

No era lo mismo que el Presupuesto se aprobara el 24, que el 31. Ni que fuera de manera muy ajustada, y sobre todo sin incidentes. Desde la oposición se insistió en atribuir la violencia a “infiltrados” plantados por el gobierno, un despropósito. Como contracara de esa hipótesis, vale el comentario editorial de una publicación que se autodefine como “periodismo militante”, que plantea desde el título los disturbios como “una victoria”: “Todos sabían que ese presupuesto sería aprobado. ¿Cuál era la premura del gobierno entonces? -se pregunta-. Mostrar que el ajuste tiene consenso. Lo que ocurrió este miércoles 24 en Plaza Congreso pinchó nuevamente el globo amarillo”.