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Sábado 17 de noviembre de 2018
OPINIÓN
Raúl Alfonsín, el hacedor de futuro
Por Julio Cobos. A 35 años del regreso a las urnas de los argentinos, el senador nacional destaca la importancia de reconocer la labor de reconstrucción y fortalecimiento democrático que llevó adelante el líder radical.
30 de octubre de 2018
Se cumple un nuevo aniversario del regreso a las urnas de los argentinos, luego de un largo período de gobierno militar. Recuerdo ese día con emoción y alegría, tenía veintiocho años y era la primera vez que votaba. Había visto y escuchado a Alfonsín en un acto multitudinario en Mendoza y cada una de sus palabras generaba esperanza y optismo por el futuro cercano; sabíamos que estábamos frente a una oportunidad histórica.

El accionar político de Raúl Alfonsín debe considerarse no sólo desde “qué” futuro quiso construir sino desde el “cómo” debía hacerse y es precisamente este el punto en dónde lo hecho se transforma en legado invaluable.

Una vez que asumió el cargo de presidente de la Nación, encaró la ardua labor de reconstruir y fortalecer la democracia, tarea que no fue fácil ni exenta de graves amenazas. Sin embargo la llevó a cabo con firmeza cívica y con la fortaleza propia de un hombre que entrega todo por su Patria.

Ya en el final de su mandato el propio Alfonsín puso el acento en su legado pero fundamentalmente en las formas del mismo, porque entendía que no había soluciones fáciles ni rápidas. En su mensaje presidencial al Congreso en 1989 reflexionaba y decía “Me gustaría que miráramos hacia el futuro, que nos detengamos en el pasado sólo en función de la herencia que dejamos para que otros la corrijan o la perfeccionen. En ella hay cosas malas que habrá que cambiar y también cosas buenas que habrá que mantener y profundizar”, y agregaba “pero tampoco quisimos generar políticas propias de un facilismo oportunista. Es irresponsable pensar en distribuir lo que no existe. Más a la corta que a la larga, una demagogia de ese tipo también genera violencia”. Esa fue la principal premisa, “hacer el futuro” pero no a costa de cualquier cosa, preocupado porque cada palabra y cada gesto fuera un ejemplo de civilidad y democracia.

Raúl Alfonsín triunfó rotundamente en esa visión de legalidad y legitimidad ante todo, en ese desafío titánico de hacer un país verdaderamente democrático capaz de atravesar y superar siempre sus devenires, con la Constitución, las leyes y los Poderes democráticos como pilares. Por eso el “cómo”, la forma y las herramientas utilizadas eran y son tan importantes; no más el uso de la violencia para imponer una postura, no más ruptura del orden democrático, no más interrupciones al Estado de derecho.

Treinta y cinco años después, transitamos el período de mayor continuidad democrática ininterrumpida desde la sanción de la Ley Sanz Peña. Ese es el mérito y esa es la marca imborrable de este gran demócrata que con coraje y determinación estuvo en el momento, en el lugar y a la altura justa para poner en pié a la Democracia Argentina.

Raúl Alfonsín dio su lucha sin violencia ni vulnerando derechos, conquistó el poder con la fuerza de la palabra, de los valores y de la acción política legítima; triunfó por sobre las fuerzas que desconocían el sistema democrático y lo hizo desde los principios que este sistema defiende. Por eso su triunfo es el de todos, por eso su obra y figuran exceden a un partido y a la política misma y por eso hoy lo recordamos como el verdadero padre de la democracia Argentina.