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Jueves 18 de abril de 2019
OPINIÓN
El kirchnerismo siempre consideró a los intendentes la clave del éxito
La alternativa de elegir en la provincia de Buenos Aires antes que en octubre gana adhesiones en La Plata y aún no convence en Olivos, donde bajaron el discurso unificador a otros aliados. Pero cada uno hará lo que más le convenga. La apuesta K a la unidad incluye a intendentes y, sobre todo, a disidentes.
13 de enero de 2019
Por José Angel Di Mauro



“Plata e intendentes del Conurbano”. Esa es la clave para mantener el poder en la Argentina, según la particular visión de Néstor Kirchner, que siguió al pie de la letra tras llegar a la presidencia con el 22% de los votos, y por eso su primera obsesión fue acumular poder para transformar ese número escuálido en un porcentaje capaz de cimentar un proyecto de poder que no tenía límites. En todo sentido.

Mucho menos constitucionalmente, pues la alternativa no era “pingüino o pingüina”, como jugueteó en la previa de 2007; siempre hubiera sido “pingüino y pingüina”, en ese orden. Hasta que la ciudadanía dijera basta. O el calendario biológico, como terminó sucediendo. Prematuramente por cierto.

Ahí la reelección fue previsible y la Constitución puso límites, pues el desgaste previo impidió ajustes institucionales. Y antes, una investigación periodística y el accionar judicial eliminaron la continuidad que había diagramado CFK, que eligió a su ministro de Economía como el delfín ideal para acompañarla primero en la fórmula y luego sucederla, con el corset deliberado para que pudiera tener un solo mandato, pues los cuatro años como vice también contaban.

Ya se sabe que eso no sucedió, y el plan B de Cristina Fernández es ahora que el sucesor ajeno no pueda remontar la herencia envenenada, y el recuerdo fresco de un pasado mejor prevalezca sobre los datos hostiles de -otra vez esa combinación “desdichada”- los medios y la justicia.

Y con ese objetivo preciso es que la dama vuelve al origen, a la premisa de su esposo. Aunque esa sentencia inicial tenía vigencia con el manejo del Estado: de eso hablamos cuando hablamos de plata. Queda lo otro, y es lo que Cristina cree tener firme, por conveniencia mutua. Los intendentes buscarán en general lo que será su último mandato, si la ley aprobada en la gestión Vidal a instancias del Frente Renovador, que establece para los jefes comunales una sola reelección, se mantiene en 2023. En ese momento sobrevendrá una ola renovadora en la mayoría de las intendencias en donde haya reelecciones este año.

En muchos casos se pondrá término a hegemonías de décadas.

Con ese fin es que los intendentes apuestan el todo por el todo a reelegir este año y mal que les pese ven en la expresidenta la llave para conseguirlo. Y el sentimiento es recíproco, pues Cristina Fernández necesita que los intendentes jueguen a fondo en esta elección para garantizarle una victoria… Si es que juega, como todo estaría indicando.

Por eso es que en la gobernación manejan la alternativa del desdoblamiento, como elemento capaz de minar la capacidad de fuego de la oposición. En La Plata están convencidos de que la candidatura de María Eugenia Vidal garantiza el triunfo no solo de ella, sino de numerosos candidatos de Cambiemos que podrían arrebatarle al peronismo varias intendencias. Eso si el peronismo no patea en ese caso el tablero y Cristina juega en ambos rubros, como sugirieron algunos intendentes ante semejante desafío. En el entorno vidalista no creen viable esa alternativa: “Sería muy poco serio, un arma de doble filo. La gente tomaría muy mal una candidatura planteada como testimonial desde el vamos”, señaló una fuente consultada.

Pero como hemos dicho, la última palabra la tendrá la Casa Rosada. La gobernadora y sus principales colaboradores están casi convencidos, pero saben que Marcos Peña y Jaime Durán Barba, responsables intelectuales de la campaña, no lo están. Y menos Mauricio Macri, que ya les dijo el viernes a tres mandatarios de Cambiemos que “la unión hace la fuerza”, palabras más, palabras menos. Esto es, que no desdoblen.

Abrigados por el frío de un verano atípico en el sur, los gobernadores radicales Gerardo Morales y Alfredo Cornejo, y el jefe de Gobierno Horacio Rodríguez Larreta, expusieron ante el Presidente posturas diversas. El último, del riñón macrista, ya modificó la legislación distrital para poder unificar la elección local con la nacional. Es también el que la tiene más sencilla.

El jujeño Gerardo Morales no está muy convencido y le aceptarían el desdoblamiento sin mayores reproches. Llegó al poder de la mano de una doble alianza con el macrismo y el massismo, y juega en un terreno donde los oficialismos tienen un peso específico superior, pero en el que el peronismo es históricamente muy poderoso, de modo tal que hará lo que mejor le convenga. Y lo dejarán hacer, no queda otra.

El mendocino Alfredo Cornejo no tiene reelección y apuesta a su ministro de Economía, Martín Kerchner. También tiene la sombra del senador Julio Cobos, que anda con ganas de volver a la gobernación. Pero además el macrismo juega una figura propia, al intendente de Luján de Cuyo Omar De Marchi, de origen demócrata y capaz de hacerle sombra al candidato del presidente del radicalismo. La prenda de unión entre el gobierno provincial y el nacional sería un no desdoblamiento a cambio de que la Rosada baje a su candidato.

Antes de concluir sus vacaciones en el sur, Macri recorrerá tres provincias patagónicas: Chubut, Tierra del Fuego y Santa Cruz. Está previsto que se vea con el gobernador de la primera, Mario Arcioni; también habría un encuentro a solas con Alicia Kirchner. No se sabe si estará con Rosana Bertone. El Presidente suma un gran rechazo en esos distritos que de todas formas no mueven el amperímetro a nivel nacional.

Pero Macri está pendiente de otra gobernadora, la bonaerense, con quien este año todavía no se ha visto y lo hará seguramente en Buenos Aires ya en la segunda quincena del primer mes de este 2019 electoral.

En la Rosada están convencidos de que Vidal no se cortará sola y hará lo que acuerde con Nación, pero insistirá en la conveniencia de asegurar la victoria en el principal distrito del país. “La Nación se define con balotaje; la Provincia se gana o se pierde por un voto”, advierten con insistencia en cercanías de Mariú, quien como muestra de lealtad ya ha dicho que no quiere ser “gobernadora de Cristina”. Menudo horizonte tendría Vidal en ese caso, con el antecedente de las anchoas que debió consumir en el desierto Daniel Scioli durante sus 8 años de contemporaneidad con Cristina presidenta.

Pero lo mismo debe correr para Mauricio Macri, quien no debiera querer bajo ningún aspecto un gobierno bonaerense ajeno. Seguramente una de las claves de que este 2019 vaya a revertirse la tendencia de 90 años sin que un gobierno no peronista pueda concluir en tiempo y forma fue que el gobierno bonaerense estuvo en manos amigas. No hay muchas dudas de que le hubiese sido muy difícil manejar una crisis con la provincia en poder de Aníbal Fernández, el hombre elegido por Cristina Kirchner cuando delimitó su herencia.

No hay un mejor diagnóstico para lo que sucedería entre 2019 y 2023 con un Congreso aún en minoría y una provincia sin la contención que tuvo estos años.

Pero el kirchnerismo no piensa solo en los intendentes a la hora de imaginar los caminos para volver al poder. No pasa día sin que algún dirigente peronista difunda alguna expresión en favor de la unidad “para ganarle a Macri”. Alberto Fernández, convertido en una suerte de jefe de campaña de CFK, le apuntó estos días a Sergio Massa, con el que jugó en 2015, para alentar su eventual anuencia a acordar. Su sentencia respecto de que quiere “ser presidente o ayudar a construir una mayoría para derrotar a Macri”, animó las expectativas de quienes ya juegan abiertamente con Cristina, aunque Graciela Camaño -madrina política del tigrense- se encargó de aclarar que no cambiaron, ni cambiarán su postura. Aunque muchos dirigentes bonaerenses del seno del massismo esperen en el fondo que así suceda.

Un camino en ese sentido sería de “suma cero” para Massa. Competir en una misma PASO con Cristina para perder y encolumnarse detrás luego, no pareciera un buen programa. Cerca del tigrense han dicho que si bien es optimista por naturaleza, sabe que este turno también podría ser ajeno, pero la ansiedad no debería llevarlo a inmolarse. Sería paradójico que quien se reivindica como el que frenó la re-reelección de Cristina Kirchner, terminara siendo el que habilitara se tercer mandato.