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Sábado 16 de febrero de 2019
OPINIÓN
Cambiemos y la perversidad de la esperanza
Por Leo Anzalone. El autor considera que el Gobierno pasó de emblema de fe, de expectativa, al más absoluto desinterés por el sufrimiento de una gran mayoría.
29 de enero de 2019
Creemos. Necesitamos creer. Y la política nos vende eso, esperanza, la intangible promesa de futuro, el aspiracional de algo que nunca nos van a dar, porque no saben o no quieren, pero que muestran como zanahoria. Nosotros, los conejos que nos merecemos algo mejor.

No quedan ya dudas de que el marketing político es lo más político del gobierno. Una de sus premisas es “vender” futuro, algo que siempre es difuso, vago, incierto, pero el macrismo fundó su carrera presidencial en una retorica de esperanza, que desde hace meses quedó sepultada ante la abrumadora realidad.

El gobierno de Mauricio Macri pasó de emblema de fe, de expectativa, al más absoluto desinterés por el sufrimiento de una gran mayoría de argentinos. Entre el chiquitaje político, la falta de republicanismo y pobres formas de gestión publica, Cambiemos es un ente sin perfil ideológico, con gente sin pertenencia política ni preferencia filosófica. Por eso el marketing, el vano compromiso de “futuro”, se instaló como oasis en el desierto y quienes gobiernan, sirven, cada vez que hablan, a ese cometido.

El “Negro” Alejandro Dolina dice que “la esperanza es un arma que utilizan aquellos que están encargados de que aquello que uno está esperando, no llegue”, mágica simpleza para describir lo que nos viene sucediendo.

A esta altura bien valdría la pena preguntarnos ¿por qué utilizan la esperanza para someternos a la mediocridad? Cometo la osadía de ensayar una respuesta. La esperanza es un atisbo de vida, de saber que nos merecemos estar mejor, pero no mejor que ahora, mejor que siempre, porque siento que somos mejor que lo que siempre nos dieron. Si los distintos gobiernos nos hubieran dado lo que nos merecemos como sociedad (que es mucho), no habría esperanza, “porque la esperanza está relacionada con la frustración” (como repite Dolina).

Así, considero que el día que tengamos dirigentes a la altura de los argentinos, no tendrán ninguna zanahoria para mostrarnos y con ella hacernos caer en el pozo de la subrealidad con la que hoy, Cambiemos, nos cuenta la materialidad, pero que es el mismo pozo en el que gobiernos anteriores también nos arrojaban para contarnos su país de maravillas.

No nos merecemos esperanza, nos merecemos realidad, y por cierto, muy distinta a la que venimos viviendo.

*Dirigente de Ser Federal - Analista Económico