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Miércoles 27 de marzo de 2019
OPINIÓN
La irresponsabilidad política y el Brexit
Por Rodolfo Terragno. El embajador argentino ante la UNESCO analiza las razones y consecuencias de la separación de Gran Bretaña de Europa.
15 de marzo de 2019
Por irresponsabilidad -fundada en ignorancia, ligereza o demagogia- hay en todas partes políticas que prometen lo irrealizable. El Reino Unido ofrece, por esto días, un caso límite. Fue grande la irresponsabilidad de los políticos británicos que provocaron el Brexit, como se llama a la ruptura con la Unión Europea: ese bloque de 28 países que no tiene fronteras, ni para el comercio ni para los habitantes. Son 28 pero es como si fueran uno solo.

Sin examinar posibles “escenarios”, sin cuantificar los efectos indeseables, sin prever la relación costo-beneficio y los costos político-sociales, parte de la dirigencia inglesa llevó al país a un caos.

Decían que el Reino Unido le aportaba a Europa más de lo que Europa le aportaba al Reino Unido, y que la Unión Europea le ataba las manos al gobierno británico, impidiendo que tomara medidas como frenar la inmigración. Buena parte de la ciudadanía británica quedó convencida. En 2016 se hizo un referéndum Se le preguntó a cada uno: "¿Usted quiere que nos quedemos en la Unión Europa o que nos vayamos?” 48 por ciento dijo “quedémonos” y 52% “vayámonos”. Y ahora se vienen las consecuencias. El 29 de este mes vence el plazo para que el Reino Unido logre suavizar el divorcio o deba retirarse con las manos vacías. El “Brexit duro” (salida sin acuerdo) sería devastador.

La economía británica sufrirá el aislamiento. Según el Banco de Inglaterra, se reduciría 8% en un año.

El Reino Unido tendrá que pagar para irse. La Unión Europea reclama 50.000 millones de dólares por diversos conceptos. Es una suma discutible, pero cualquiera sea la cifra definitiva, irse tendrá un precio.

El costo de vida se elevará. Los alimentos, en gran medida importados, aumentarán de precio. La importación de componentes elevará los costos industriales. Y, contra la prometida rebaja de impuestos, el Instituto de Estudios Fiscales dice que el Estado se quedará sin fondos para eso.

Resultará muy difícil compensar la pérdida de mercado europeo. Se esperaba que el Brexit permitiría acuerdos más convenientes con Estados Unidos y otro país. Pero el presidente Trump ha dicho: "Si ellos no llegan a un acuerdo no serán aptos para comerciar con nosotros”. Y la incertidumbre que provoca el Brexit hará difícil encontrar en el corto plazo grandes socios comerciales.

Las inversiones caerán. Ahora, invertir en el Reino Unido es invertir allí y, al mismo tiempo, en los otros 27 países; entre ellos, Alemania y Francia.

También difícil, y caro, será el financiamiento. El Reino Unido debe tres veces más de lo que produce. El mercado financiero internacional le restringirá el acceso al crédito y le impondrá intereses más altos.

La Autoridad Bancaria Europea se irá a París. La autoridad está aconsejando a los bancos con sede en el Reino Unido que se preparen para enfrentar la situación post-Brexit, y varios de ellos están listos para emigrar.

Londres perderá importancia como centro financiero. Hoy, es el principal del mundo después de Nueva York. Mantener eso será imposible tras separarse de Europa.

Las aerolíneas británicas no podrán abrir nuevas rutas al continente. Esto les impedirá volar a un aeropuerto europeo que no esté en sus actuales itinerarios y sea punto de partida a distintas partes del mundo.

La Agencia Europea de Medicamentos se irá a Ámsterdam. Es la encargada de evaluar, autorizar y vigilar los medicamentos de toda la Unión Europa. Debe mudarse porque ya no podrá cumplir esa tarea en Londres.

Hay empresas que están haciendo las valijas. El Institute of Directors, que agrupa a grandes empresarios y ejecutivos, ha hecho una investigación entre sus 1.200 miembros y encontró que 16% de las empresas consideran mudarse a otro país.

Airbus dejará de fabricar en Inglaterra. La compañía fabrica las alas y el tren de aterrizaje de los aviones Airbus, además de componentes. Emplea a 14.000 personas.

El proteccionismo tendrá restricciones. Se ha dicho que, al salir de la Unión Europea, el Reino Unido protegerá su mercado interno de la invasión de productos importados. Pero el margen de maniobra será escaso. La Organización Mundial de Comercio impide o limita las barreras arancelarias y, además de frenar las importaciones frena también las exportaciones, dadas las represalias de otros países.

Escocia puede declararse independiente. En 2017 hubo en Escocia un referéndum para que los escoceses dijeran si querían --como reclamaban muchos-- la independencia. Ganó el "no", pero el "sí" juntó una minoría sustancial: 45%. Esa minoría puede hacerse mayoría si ahora los escoceses tienen que elegir entre ser parte de Inglaterra o de Europa.

El petróleo está en Escocia. En el Mar del Norte, los escoceses tienen reservas para 20 años. Escocia tiene, también, 60% de la pesca británica.

Gales perderá la mayor parte de sus ingresos. Los galeses votaron por abandonar la Unión Europea, pero ahora serían de los más perjudicados: 62 por ciento de sus exportaciones van a la Unión Europea. Con la ruptura perderán gran parte de ese mercado.

En Irlanda puede acabarse la paz. Brexit reavivaría el conflicto que, entre 1968 y 1998, provocó en Irlanda del Norte olas de violencia entre guerrillas, paramilitares y las fuerzas de seguridad. Los católicos luchaban por convertir a Irlanda del Norte en parte de la República de Irlanda; los protestantes, por mantenerla en el Reino Unido. Con el acuerdo de paz de 1998, Irlanda del Norte siguió británica, pero se borró, a todos los efectos, la frontera que la separaba de la República. Ni inmigración, ni aduana, ni vigilancia. Nada. Con el Brexit, volverán las visas, los controles y la aduana. Esto recreará la situación que derivó en aquel conflicto.

Medir las posibles consecuencias de aquello que se le propone a una sociedad es el deber de quienes la conducen y de quienes aspiran a conducirla.