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Jueves 17 de octubre de 2019
OPINIÓN
Argentina necesita reestructurar su modelo económico hacia el interior profundo para crear empleo
Por Alfredo Luenzo. El senador nacional por Chubut advierte la necesidad de modificar el esquema financiero, y promover la actividad económica, y con ello apuntalar la recaudación.
2 de mayo de 2019
Hace apenas un año, el 1° de mayo de 2018, se lo planteamos con claridad al Gobierno nacional y en esa oportunidad, como también pasa hoy, no escuchó. Fue en el Día Internacional del Trabajo que desde amplios espectros políticos, sociales, universitarios y culturales le pedimos al Gobierno Nacional que revea el modelo económico.

Le pedimos que no se dejara obnubilar por la foto circunstancial de las legislativas, que más allá de la campaña política, estábamos frente a una economía que expulsaba trabajadores en forma sistemática y que el poder adquisitivo había entrado en un proceso de contradicción que a la larga iba a generar graves inconvenientes en el nivel de recaudación federal y lo que ello conlleva ante el elevado nivel de endeudamiento que estaban tomando. Pero el Gobierno primero justificó, después negó y al final pateó la pelota afuera.

Apenas 7 días después de aquel Día Internacional del Trabajador, el presidente Macri nos anunciaba un acercamiento con el Fondo Monetario Internacional (FMI) para un acuerdo que al final no fue “por las dudas” como dijeron los funcionarios en un primer momento sino que vino a tapar un grosero error de diagnóstico y de visión por parte del Poder Ejecutivo que envolvió a la economía de papeles públicos de todo tipo, hasta uno por cien años que el relato nos quiso hacer creer como algo bueno para nosotros.

Es trascendental ver cómo llegamos hace un año a conmemorar el 1° de Mayo y cómo estamos hoy. Ver algunos datos nos ayudan a entender que, más allá de las evasivas que siguen dando los ministros, nuestro país necesita reestructurar el modelo económico hacia las economías regionales, las fábricas, el aparato agroindustrial y agroalimentario, porque si Argentina necesita recursos, si la recaudación federal está 20 puntos básicos por debajo de la inflación, si como dice el Gobierno hay “preocupación del sector privado por la posibilidad de pago de nuestras deudas”, entonces es vital que empecemos por orientar nuestra actividad hacia los sectores que generan divisas reales, que generan empleo genuino, que revitalizan el comercio en cada uno de los pueblos y municipios del interior y a partir de ellos empiece a cambiar este ciclo que no es otra cosa que nefasto para la salud de nuestro país.

Entre los datos, que serían muchos me quiero quedar con estos que muestran el nivel de situación. Ese 1° de mayo de 2018 el tipo de cambio estaba en torno a los 21, el salario mínimo en 10.000 y el costo de la Canasta Básica Total (CBT), que define el nivel de pobreza, se ubicaba en 18.833,55.

Apenas 12 meses después, el acuerdo con el FMI nos trajo un dólar en torno a los 47 pesos y una inflación de más del 54% interanual de abril a abril. La pérdida del poder adquisitivo es alarmante porque el salario mínimo está en apenas 12.500 pesos cuando la canasta trepó en promedio a 28.750. En términos de empleo, por ejemplo, se perdieron 252.500 puestos de trabajo (datos oficiales). En conclusión, lejos de traer soluciones, el acuerdo con el FMI agravó el cuadro de situación.

Pero ya los argentinos saben cómo estamos. Porque lo viven todos los días. Y creo que nuestro rol como dirigentes, en este caso en mi carácter de representante de la provincia de Chubut y de los patagónicos en el Senado de Nación, es llevar certezas y también traer nuestros aportes ya que estamos ante un segundo semestre donde Argentina podrá elegir un cambio definitivo de las políticas nacionales al elegir un nuevo gobierno.

En ese sentido, estamos ante un 1° de Mayo Día Internacional del Trabajador que debe llevar a reflexionar a la Argentina y en particular a los funcionarios nacionales que el horizonte de nuestro país está en otra dirección a la marcada en estos tres años. Y es allí donde quiero contribuir, con humildad, en esta reflexión.

Se ha enojado lamentablemente el presidente de la Nación los otros días en oportunidad de nuestro reclamo desde la oposición: “La salida es el crecimiento”. Lo que queremos decir con claridad es que estamos convencidos que desde la city porteña o desde el esquema financiero no habrá soluciones para la Argentina. Al contrario.

El esquema financiero no puede imperar como está imperando hoy. Es cierto que en una economía de desarrollo, ocupa un papel vital porque puede aportar recursos y financiamiento para generar cadenas de valor con alta capacidad de empleo local. Ese es su rol: el de aportar soluciones, no agravar los problemas. Las tasas actuales sacan de juego cualquier posibilidad. Es imposible para el empresario y sobre todo para las familias. Y si se le suma la situación tarifaria, creo que allí tiene mucho lugar el Gobierno para empezar a trabajar con los sectores productivos.

El acuerdo de precios es un paliativo que, tal como ha sido anunciado, sólo beneficia a los sectores del AMBA (si es que se puede asegurar que beneficie a alguien en todo caso). Por ejemplo, en Comodoro Rivadavia el kilo de asado está cerca de los 450 pesos y el precio que asegura el Gobierno es de 150. También la gobernadora Vidal ha anunciado una serie de beneficios. Por estas distorsiones, es que estamos trabajando en un proyecto en el Senado para que todos los argentinos tengan los mismos beneficios y que no sea solo para los bonaerenses.

Entender el camino del trabajo como norte del país es entender la situación que estamos atravesando en nuestros pueblos y ciudades. En la Patagonia nos enfrentamos ante un problema de arraigo. En Caleta Olivia, por la falta de oportunidades laborales, se han trasladado a las grandes urbes más de 10 mil personas de los 70 mil habitantes de la ciudad. Esa es la realidad del interior profundo, que quizás no está en las tapas de los grandes diarios porteños, pero que está en cada barrio de cada municipio del país.

La Argentina tiene fábricas con una capacidad ociosa del 50% mientras sube la desocupación, la pobreza, cae el consumo interno por arriba del 10% y cierran comercios. Estas fábricas, muchas de ellas PyMEs, son las principales empleadoras del país con casi 8 puestos de trabajo registrados por cada 10 que tiene nuestro país. La producción agropecuaria tiene a su vez un rol vital para dinamizar a las economías regionales y generar divisas.

Es allí donde hay que poner al Estado, a la par del que produce, para generar actividad económica, trabajo, recursos y con ello apuntalar la recaudación. Hay que pensar menos en Leliqs y más en la situación de nuestro interior. Es allí donde está el camino de la Argentina.