BUSCAR FACEBOOK TWITTER
Miércoles 21 de agosto de 2019
OPINIÓN
Amor y sangre gitana en Congreso y la Feria del Libro
Por Daniel Bosque. El director de Mining Press y EnerNews describe los intensos sucesos políticos que protagonizaron la semana.
13 de mayo de 2019
“Quise mucho a una mujer, tuve un momento de loco y esa mi ruina fue” (del cante Yo te quiero a ti, de Joaquín el de la Paula”)

¡Qué susto! En medio de la tragedia, el último capítulo de este eterno thriller que es la Argentina había comenzado con feos presagios, horribles malentendidos. El diputado Héctor Olivares, baleado junto a su asesor y amigo, en la víspera había reunido a los presidentes de River, Rodolfo D’Onofrio, y de Independiente, Javier Cantero, para tratar de resucitar la “ley antibarras”, finalmente se supo que no fue atacado por la mafia del futbol, sino por un gitano ofendido dispuesto a lavar el honor de su hija.

Netflix go home, que el morboso video urbano no tiene desperdicios. Juan Jesús Fernández, el presunto asesino detenido en Entre Ríos, balea desde su VW a Miguel Yadón, porque para él iba la balacera, y luego permanece allí, ignorando como a un paquete a Olivares cuando lo podría haber rematado mil veces.

Ahora está todo claro según filtra la pesquisa policial: su hija, la bella Estefanía en pareja con un cantaor y madre de dos hijos, pero habría caído en las seducciones del casi sesentón Yadón. Todos vecinos del barrio de Congreso, los dos políticos del interior baleados compartían departamento en la calle norte de Plaza Congreso y los gitanos vengadores, moran ahí nomás, al sur del paseo.

Turistas, vecinos y viandantes de la zona conocen bien a las tribus gitanas que eligieron la región más ibérica del centro de la capital argentina para vivir. Allí, además de sus negocios, cultivan su arte popular, el flamenco. El sitio más conocido de exhibición al gran público fue durante mucho tiempo el tablao y restorán Ávila, un clásico de Avenida de Mayo que tuvo su explosión en los ’90 antes de perder brillo en los últimos años, un reducto de moda por años, refrescado por la última gran oleada de gitanos andaluces.

Hace tiempo que los gitanos no viven en carpas en el país, aunque en sus viviendas conservan escenografías y rutinas de sus tiempos de nómades. Son una minoría de más de 300.000 y durante días, después de este crimen, se hablará de ellos. Tal vez deberán modificar curiosos hábitos cotidianos, como los de bajar a la vereda, proles enteras, de todas las edades, al caer la noche, a simplemente estar y fumar, los hombres por un lado, las mujeres por otro.

El sospechoso JJF no acudió a sicarios porque el honor se repara a manos propias. “¿Quién se oculta? ¡Afuera digo! ¡No podrán escaparse! Yo haré lucir al caballo una fiebre de diamante”, dice la mendiga de Bodas de sangre, del gran Federico García Lorca, contando la huida de la novia, con otro, en su noche nupcial, la razón suficiente para el crimen.

Romerías palermitanas

Otra historia de amor gitano en Buenos Aires ha sucedido en La Rural, en el salón Jorge Luis Borges (paradoja gorila si las hay) de la Feria del Libro, donde la gran cantaora de la escena nacional acaba de dar palmas en una noche de bulerías (palabra que debe su nombre a “burla”).

Volvió con todo el género, con toda la hispanidad en las venas y una renovada nostalgia por los lejanos ’70, reescritos ahora como tiempos felices e inconclusos. ¡Ay España mía!, mi península mora, si de allí venimos todos, aunque a nos empeñemos en creernos italianos sui generis: Tanto que la que ha taconeado y encendido al personal con su cante es Fernández, como el supuesto tirador de la madrugada.

“Su luna de pergamino/Preciosa tocando viene/por un anfibio sendero/de cristales y laureles/Y mientras cuenta, llorando/su aventura a aquella gente/en las tejas de pizarra/el viento, furioso, muerde”, dice también Federico en La Preciosa y el aire. Porque nadie podrá olvidar, sinceramente, que por aquí pasó Cristina.

Ya se fueron sus gitanillos, después de gritar oles y dar hostias a una periodista de clarinmiente. Soñando con la luna de pactos sociales, felices veranos peronistas y por ejemplo otra Justicia, a salvo de sofocones que no son los de la edad. Tal vez por falta de tiempo faltó, en la festejada romería palermitana, la sevillana imborrable del gran Manolo Escobar: “Si alguna vez te hice daño/perdón te pido”.

De qué viven los gitanos siempre ha sido un albur, pero a quien no le tomaron la mano, desprevenido, para augurarle salud, dinero o amor. Los versos de sus cantes no son muy populares en el Río de la Plata. Aquí lo que más suena, y es el hit desde hace décadas, es la querida copla “verde que te quiero verde”. Nuestro embrujo gitano.