BUSCAR FACEBOOK TWITTER
Lunes 19 de agosto de 2019
OPINIÓN
El golpe de efecto que le reclamaban al Gobierno
La incorporación de Miguel Pichetto a la escudería presidencial es la jugada más sorprendente que haya realizado Cambiemos en toda su gestión. Los aportes clave del rionegrino para el futuro y el presente.
12 de junio de 2019
Por José Angel Di Mauro

Debe haberle costado mucho asimilarlo, pero a la larga no le quedó otra a Marcos Peña que entender la decisión presidencial de optar por Miguel Angel Pichetto como compañero de fórmula. Es que en definitiva y más allá de sus reparos, el jefe de Gabinete es un político y debe razonar que la decisión tiene su justificación. Pero al que no habrá manera de convencer es seguramente al ecuatoriano Jaime Durán Barba, al que precisamente el rionegrino suele citar seguido en sus discursos en el recinto. “Un tipo al que respeto porque tiene un buen nivel de inteligencia”, ha dicho el senador sobre el consultor, cuyas notas en Perfil suele leer y comentar.

Para el consultor ecuatoriano, la elección de Pichetto como vice de Macri se da de bruces con el ABC de su manual electoral, que establece que la fórmula debe ser preferentemente “pura” (del mismo partido); que atienda la diversidad de género; y que aporte votos.

Atendiendo que obviamente los dos preceptos iniciales no se cumplen, queda el restante, cuya respuesta también se presume inicialmente negativa. Es que la figura del rionegrino no es precisamente taquillera en materia electoral; Pichetto no tiene territorio, perdió las veces que intentó ir por la gobernación de su provincia y ni siquiera su figura movía el amperímetro cuando se plantó como uno de los tres precandidatos presidenciales del cuarteto fundador de Alternativa Federal. Pero claramente tiene otros activos que en estas circunstancias y a la luz de la experiencia de Cambiemso en el poder, le vendrían muy bien.

Los radicales no tienen de qué quejarse. Nunca reclamaron enfáticamente un lugar en la fórmula, ni más ministerios, sino una apertura en la toma de decisiones. Esto es, un cambio en el modo de gobernar. Obcecado, el Gobierno se empecinó en rechazar siempre el reclamo de transformar Cambiemos en algo más que una herramienta electoral: llevarlo a una instancia superior y -a la luz de los resultados obtenidos- más eficaz a la hora de gobernar. Por eso el reclamo de la conducción del radicalismo por ampliar Cambiemos buscando en el campo opositor.

Ha trascendido que el Gobierno hizo sondeos con Juan Manuel Urtubey para que ocupara el lugar donde ahora ha sido designado Pichetto, y que el salteño rechazó pensando en su futuro dentro del peronismo. Ahora, con el senador rionegrino, las expectativas son aun más auspiciosas que lo que podría haber sido con el gobernador norteño. Por su experiencia en una Cámara donde habitó los últimos 18 años, siempre ocupando un rol determinante. Y porque eso es lo que necesita Cambiemos para el caso de que siga en el poder más allá del 10 de diciembre: una gobernabilidad que los números que se vislumbran y las figuras que se irán de este Parlamento ponen en duda.

Cuando el nombre de Emilio Monzó sonó días pasados como eventual vice, fue una señal bienvenida en el mismo sentido. Clave en la aprobación de las leyes que este Gobierno necesitó durante estos años, su salida es vista como una baja notoria y difícil de reemplazar. La presencia de Monzó como vicepresidente y por ende titular del Senado, abría grandes expectativas en cuanto a la gobernabilidad a futuro que le aportaba su nombre al Gobierno. No siendo él, ni Rogelio Frigerio -otro peronista “propio” que se mencionó-, el nombre de Pichetto es el indicado.

Los votos que no aporta el rionegrino los paga al contado en cuanto a confianza y gobernabilidad. El círculo rojo recibió la noticia con fundado beneplácito, por lo mucho que aporta en ese sentido. No solo le brinda a Macri perspectivas de gobernabilidad a futuro, sino que le brinda garantías para el presente que se verán reflejadas en los mercados. Un factor clave para las perspectivas electorales oficiales.

Alienta expectativas también a que esta vez se atienda el reclamo que enarboló en los albores de la gestión Cambiemos: un acuerdo tipo Pacto de la Moncloa, que él denominaba “Acuerdo del Bicentenario”.

Pichetto siempre encontró eco respecto de esa demanda por ejemplo en su excolega Ernesto Sanz. Dicen que la falta de interés del Gobierno en ese acuerdo fue lo que alejó al radical. Ahora, cuando fueron a insistirle que vuelva al ruedo y aceptara ponerse el traje de candidato junto a Macri, sugirió el nombre de su amigo rionegrino.

Los activos de Pichetto valen también en lo que aporta como peronista que es y como puente permanente durante años con el movimiento obrero y los gobernadores. Dos actores clave que Mauricio Macri, si es reelecto, necesitará para gobernar y llevar adelante las reformas necesarias. Reformas que, además, el propio rionegrino no deja oportunidad sin mencionar como cuentas pendientes de este Gobierno y los anteriores.

Le reclamaban a Macri un golpe de efecto contundente para retomar la centralidad perdida a partir de ese sábado que Cristina Kirchner sorprendió a todos anunciando que bajaba un escalón en la fórmula presidencia incorporando al juego a Alberto Fernández. Venía demorándose el Gobierno y cuando parecía que ya no podría sorprender con nada, lo hizo. No es que con esto tenga ganada la elección, ni mucho menos, pero al menos jugó fuerte, al mismo tono que venía haciéndolo el kirchnerismo, que ya había encolumnado a buena parte del peronismo detrás suyo.

Por lo pronto este martes la noticia tapó el arranque de campaña de la expresidenta en el interior del país, y sobre todo opacó la novela de Sergio Massa, devenida ya en un vodevil aburrido, cuyo final difícilmente sorprenda.

La próxima jugada con la que deberá recuperar terreno estará en las listas que deberá presentar el 22 de junio. Como no lo ha hecho en los anteriores cierres, deberá esmerarse el Gobierno para sorprender con los nombres.