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Jueves 19 de septiembre de 2019
OPINIÓN
De Educación Sexual Integral sí se habla
Por Laura Velasco. La candidata a legisladora porteña por el Frente de Todos se preguntó qué pasa con la ESI en las escuelas secundarias de la Ciudad y analizó ese panorama.
11 de septiembre de 2019
A doce años de su nacimiento con la ley nacional 26150 y la 2110 de la Ciudad en 2006, fuimos a buscar a la Educación Sexual Integral ESI en las escuelas secundarias de la Ciudad de Buenos Aires. Indagamos a estudiantes y docentes respecto de percepciones y expectativas en torno a su aplicación en las instituciones educativas a través de encuestas y entrevistas, accedimos a investigaciones y documentos, participamos en mesas de trabajo con especialistas para aportar a políticas públicas específicas para su implementación.

Del Ni una Menos del 2015 para acá los estudiantes de la secundaria cada vez saben más que existe la ESI como parte de su derecho social a la educación, van derribando preconceptos tradicionales del enfoque médico-biológico que limita la ESI a contenidos de prevención de enfermedades y embarazos, para de-construir estereotipos y jerarquías de género que son la base de los derechos desigualados para mujeres y disidencias en nuestras sociedades.

En 2018 hubo comisiones estudiantiles de género que armaron manuales de ESI, centros de estudiantes que participaron en la elaboración de un protocolo contra la Violencia de Género en secundarias y terciarios, presidentas de centros de estudiantes que hablaron sobre ESI y aborto legal en el Congreso, pibas que se preguntaron si el escrache entre pares no obedecía a una mirada punitivista y a la ausencia de la intervención de los adultos con las herramientas adecuadas, pibes que inauguraron baños no binarios, pibes que jugaron fútbol mixto en la escuela.

En 2018 también hubo cientos de docentes que se anotaron para hacer postítulos, diplomaturas, cursos de formación en ESI y se quedaron sin vacantes, ministros de educación de todo el país acordaron la resolución 340 para que todas las provincias apliquen la ESI y cada escuela tenga su referente, se organizó el Primer Congreso de Lenguaje Inclusivo mientras la Real Academia Española lo reconocía, se empezó a debatir una reforma de la ley de ESI para incorporar leyes de Matrimonio igualitario e Identidad de género e impulsar ESI sin censuras a la diversidad por idearios institucionales, se instaló en las pantallas de tv el debate de “Con mis hijos no te metas” para resistir a la ESI, hubo mochilas con pañuelos verdes y celestes, tuvimos denuncias de abusos que ocurrían en las familias o en las escuelas, hubo pibas y pibes que sufrieron acoso/bullying por su identidad sexual o su transición, hubo pibas que dejaron la escuela porque quedaron embarazadas, hubo jornadas de ESI con talleres, se publicaron libros sobre la ESI y con recursos para el aula.

Los principales datos de la investigación sobre la aplicación de la ESI en la Ciudad dan cuenta de que mientras aumenta del 2016 al 2018 del 30 al 50% el conocimiento acerca de que la Educación Sexual Integral debe ser parte de la currícula escolar por ley, los estudiantes siguen planteando que reciben menos de dos horas de ESI anuales en su secundaria.

Los resultados de la indagación que hicimos en 2016 indicaban que un 31% de los jóvenes decía no haber recibido educación sexual en su escolaridad secundaria y en relación con los temas aparecía un sesgo muy biologicista: el funcionamiento del aparato reproductivo era reconocido como uno de los temas abordados en un 95%; métodos anticonceptivos, 94%; cuidado y prevención de enfermedades de transmisión sexual, 92%. Inversamente, otras temáticas se reconocían como contenidos no trabajados: prevención de la violencia hacia las mujeres sólo un 18%, prevención de abuso y acoso, 11%.

O sea, que los temas que hacen a la integralidad de la educación sexual, al abordaje de los estereotipos de género hacia un cambio cultural que se traduzca en relaciones más libres e igualitarias, estaban muy ausentes en el abordaje escolar desde la perspectiva de los jóvenes. Otro dato significativo los jóvenes reconocían solamente dos horas promedio de Educación Sexual Integral al año, generalmente en la materia biología.

El 99% de los jóvenes decía “queremos que haya educación sexual en las escuelas” pero sólo el 30% conocía la existencia de la ley. La recurrencia del tratamiento más frecuente en la materia biología también fue registrada por la investigación a partir de encuestas a docentes y directivos realizada entre 2012-2016 por el Ministerio de Educación de la Nación en la cual un 84% ubica al dictado de la ESI en Ciencias Naturales y Biología. Este dato habla de cierta continuidad en la manera en que se pensó tradicionalmente la educación sexual en la escuela.

Si trazamos una comparativa con la investigación del 2018, los estudiantes de cuarto y quinto año que reconocen que recibieron ESI, vuelven a ser un 70 %. Pero hay un cambio muy interesante en el nivel de conocimiento de la ESI como derecho legal: se ubica en un 49%, uno cada dos, muy por encima del 2016. La encuesta a estudiantes del 2018 la hicimos en el mes de mayo, y seguramente después del debate legislativo del proyecto del aborto legal que puso a la ESI en la agenda pública, el porcentaje sería aún mayor.

Es muy importante el nivel de conocimiento de la existencia de las leyes de ESI por parte de los jóvenes, y esto es coherente con el hecho de que en 2017 fueran los estudiantes secundarios quienes exigieran la aplicación de la ESI y de un Protocolo contra la Violencia de Género en las escuelas. En cuanto a la cantidad de horas que los estudiantes perciben que se dictan, el promedio sigue siendo bajo: un 73% dice que fueron entre 0 y 5 horas al año, por lo cual ubican a la ESI puntualmente en una jornada, un taller o una clase de biología que sigue siendo la materia más citada entre las que desarrollan ESI.

Este promedio de horas anuales que los estudiantes perciben en el tratamiento escolar de la ESI está muy por debajo del Diseño Curricular de la Nueva Escuela Secundaria NES 2015, el cual plantea que debe llevarse adelante un abordaje transversal de los contenidos de ESI en las diversas materias y además en espacios curriculares específicos y obligatorios (ECEO) los cuales consisten en tres talleres obligatorios anuales de entre 2 a 4 horas reloj cada uno. Un dato que también significa un avance respecto del 2016 es que, si bien siguen predominando los contenidos de prevención de embarazos y enfermedades de transmisión sexual como manifiestan también los estudiantes en su respuesta la encuesta oficial del Ministerio de Educación de la Ciudad, se mencionan con más tratamiento en 2018 la prevención de violencia hacia las mujeres para el #NiUnaMenos y las prevenciones de abuso y acoso, al igual que el respeto a la diversidad sexual.

Los datos que pudimos relevar a partir de la percepción de los docentes respecto de la aplicación de la ESI en las escuelas secundarias de la Ciudad también nos aportaron algunos resultados significativos. Por una parte, entre los docentes encuestados sólo el 9,9 %, es decir casi el 10%, recibió ESI en su formación de grado. Esto se explica en que recién en 2015 se incorporó la ESI a la formación docente de base de los Institutos de Formación Docente. Un porcentaje del 7% reconoce no haber recibido nunca formación o capacitación en ESI. El 41% de los docentes encuestados admite dictar menos de 5 horas anuales. Un alto porcentaje de docentes, 83,9% admite obstáculos para el dictado de la ESI en las escuelas secundarias, y una amplia mayoría del 84,6% ubica como principal traba para su implementación a la falta de formación y capacitación docente. Un 39% no conoce que se esté aplicando en las escuelas secundarias un Protocolo contra la violencia de género, siendo que el protocolo indica que debe haber una capacitación específica en la comunidad educativa.

Los resultados de la indagación fortalecen aspectos de diagnóstico que fueron relevantes en los espacios de trabajo en los que pudimos participar durante el año 2018 como fue la Mesa de Trabajo de Especialistas en la Comisión de Educación de la Legislatura porteña. En la misma fue unánime la propuesta de promover un Programa de ESI con presupuesto específico para un plan de acción que integre a todos los actores de la comunidad educativa. Se entendió a la formación docente en ESI como clave planteando que debe ser obligatoria, gratuita y en servicio ya que, como indica nuestra investigación, la falta de formación y capacitación docente es percibida como el principal obstáculo para la aplicación.

El año pasado mientras hacíamos esta investigación mucha gente empezó a entender qué era la ESI cuando sólo la nombrábamos por su sigla. Se empezó a hablar más de la ESI. Se buscaron estrategias para que se aplique más la ESI en las aulas y en el cotidiano escolar. La ESI estuvo más viva en las secundarias como desafío mientras persiste la demanda a políticas públicas educativas con presupuesto y decisión de ESI.

El impulso del feminismo para el cambio de la cultura patriarcal de nuestras sociedades tiene en la educación sexual integral una herramienta estratégica para que las nuevas generaciones construyan su presente y futuro con relaciones más libres e igualitarias acordes a la ampliación de los derechos humanos y sociales de nuestro tiempo.