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Viernes 22 de noviembre de 2019
INFORMES
Inactividad legislativa: un clásico de los años electorales
La merma en la cantidad de sesiones se exacerba en los años impares, esos en los que los argentinos van a las urnas. Pero sobre todo cuando hay elecciones presidenciales y de gobernadores. Este año se vive una virtual parálisis legislativa, que de todos modos no es muy distinta de lo sucedido en 2015 y 2011.
4 de noviembre de 2019
El presidente de la Cámara de Diputados fue sincero y lo adelantó allá por finales de 2017. El oficialismo acababa de ganar las elecciones intermedias y el futuro se percibía entonces venturoso para Cambiemos, pero así y todo Emilio Monzó fue tan cauteloso como sincero, al adelantarle a la prensa acreditada que el año siguiente la actividad legislativa se extendería hasta el Mundial de Rusia, esto es, mediados de año. Y a partir de entonces lo único importante sería para el Gobierno el Presupuesto 2019.

Lo que no alcanzó a anticipar el presidente de la Cámara fue lo que nadie podía prever entonces: la corrida cambiaria que se desataría a fines de abril y que se llevó puesto el crédito del Gobierno. Ni siquiera las complicaciones que viviría ese fin de año el oficialismo con la aprobación de la reforma previsional. Pero quedó claro que el proyecto de Presupuesto 2019 era el último tema que realmente le interesó al Gobierno de Mauricio Macri tras las tribulaciones vividas a partir de que tuvo que archivar definitivamente el gradualismo.

Este año 2019 es electoral y en consecuencia la inactividad fue la constante en ambas cámaras. Previsible para un Gobierno en minoría, que en estas circunstancias debe ejercer una tarea “defensiva” -tal la definición de sus principales espadas-, para “evitar males mayores”. Esto es, en la situación que vive, Cambiemos puede quedar expuesto en cualquier momento a sufrir derrotas legislativas, o que como mínimo los recintos se conviertan en territorios hostiles adonde se traslade la campaña electoral.

Con todo, la situación vivida este año no difiere demasiado de lo experimentado en anteriores años de elecciones presidenciales. Con la certeza de que no habrá sesiones hasta las elecciones generales, este año hubo solo 13 sesiones, a razón de 6 sesiones en Diputados y 7 en el Senado.

Pero no es muy distinto de lo que sucedió por lo menos en los dos últimos años en que hubo elecciones presidenciales. En 2015, por ejemplo, el último año de Cristina Fernández de Kirchner como presidenta, a esta misma altura del año se habían registrado 15 sesiones, solo dos más que este año. Siete en Diputados y 8 en el Senado. La diferencia está en que mientras que este año las últimas sesiones fueron el 12 de septiembre en la Cámara baja y el 18 de septiembre en la Alta, en 2015 sí hubo al menos una sesión en octubre. El día 7 funcionaron ambas cámaras.

¿Y en 2011? También hubo 15 sesiones, a razón de 6 en Diputados y 9 en el Senado.

En síntesis, las elecciones presidenciales suelen conspirar contra la productividad legislativa, al menos en materia de sesiones. Aunque es lo que se ve desde 2011, pues antes, en 2007, no pasó así, ya que ese año hubo a esta altura 16 sesiones en la Cámara de Diputados y 11 en la de Senadores.

Desdoblamientos que conspiran

Hay un factor que debe ser también tenido en cuenta en la baja productividad en materia de sesiones, y es el de las elecciones provinciales desdobladas. Con los números tan justos, tanto en el oficialismo como en la oposición, está casi establecido que en la semana en que hay elecciones el domingo siguiente, no se sesiona. Porque los legisladores de esos distritos donde se vota tienen que estar atendiendo sus terruños.

Diecinueve provincias despegaron sus elecciones del cronograma nacional. Las únicas que no lo hicieron fueron Buenos Aires, Catamarca, Ciudad de Buenos Aires, Santa Cruz y Santiago del Estero, que tiene un calendario electoral diferenciado del resto del país. Como Corrientes, que de todos modos tuvo su elección legislativa separada del calendario nacional, el 2 de junio.

Esto implica que para las PASO de agosto, nada menos que doce semanas fueron ocupadas por elecciones distritales, lo que equivale a tres meses sin sesiones en el Congreso nacional. Ahí hay una parte de la explicación para la falta de sesiones que se da a lo largo de los años electorales, pero sobre todo aquellos en los que se resuelven cargos ejecutivos.

Comparando con la era cristinista “Vinieron proponiendo pobreza cero y nos vamos con sanciones de leyes de emergencia alimentaria”, ironizó la senadora nacional Cristina Fernández de Kirchner durante la presentación de su libro “Sinceramente” en la Universidad Nacional de La Matanza. Pero esa no fue la única referencia al Parlamento que hizo ese sábado. Por el contrario, tuvo varias alusiones al Poder Legislativo, como cuando habló de “ganar los debates” en el recinto y a su larga trayectoria legislativa.

Y en un pasaje aludió directamente al Congreso de la Nación que ella habita para referirse a la baja actividad legislativa que vive estos días la casa de las leyes.

“Ellos que vinieron en nombre de las instituciones, las avasallaron todas”, cuestionó, para asegurar a continuación que “el Congreso no funciona; recuerdo cuando atacaban a nuestros legisladores, decían que era una escribanía, y no era una escribanía, era el juego de mayorías. Y ahora el Congreso no abre, no hay sesiones”.

Lo cual lleva a analizar si realmente fue así. La respuesta es “depende”. Porque hay que ver año por año, período de gobierno por período de gobierno y -sobre todo- tener en cuenta las circunstancias. Porque en este último caso hay que asumir que el de Cambiemos es un caso inédito de un oficialismo en minoría en ambas cámaras, lo que explica por qué el Gobierno prefiere que el Parlamento haga la menor cantidad de olas posible.

Y hay una comparación que puede hacerse: la vez que la entonces presidenta Cristina Kirchner quedó en minoría en ambas cámaras, tras la derrota de 2009. Celebradas las elecciones a mediados de ese año, a partir de ese resultado el kirchnerismo apuró el debate de todas las leyes que necesitaba -incluida la de Medios-, preparándose para cuando perdiera la mayoría a fin de año. Luego, a lo largo de 2010, la Cámara baja sesionó 17 veces y el Senado 20, a lo largo del año. Y en su segundo año en minoría, ya en tiempo electoral, fue por supuesto peor: apenas 9 sesiones en la Cámara baja y 18 en el Senado.

Fue una situación inédita que el peronismo quedara en minoría en el Senado; nunca se dio desde 1983. El entonces jefe del bloque PJ-FpV de esa Cámara, Miguel Pichetto, recuerda ese tiempo en el libro “Gobernar en Minoría”, de José Di Mauro, señalando que esa situación “duró muy poco, porque (en la oposición) no lograron consolidar el espacio, y además se fueron desperdigando”. ¿Qué actitud adoptó entonces? “Yo hice ahí una tarea defensiva, de resistencia”, refiere.

El promedio de sesiones entre ese tiempo de minoría en ambas cámaras del kirchnerismo (32 sesiones anuales) y el de los tres primeros años de Cambiemos en el poder (36 sesiones) favorece a este último.

En rigor, comparando gestiones completas, el macrismo tuvo en sus primeros tres años de gestión 110 sesiones en ambas cámaras: 56 en Diputados y 54 en el Senado. Mientras que el Frente para la Victoria realizó, en el período 2012-2014, 8 sesiones más que en similar período de la era Cambiemos, a razón de 52 sesiones en la Cámara baja y 66 en la Alta.

Como sea, muy probablemente este año termine siendo el de menor productividad, comparando con registros anteriores. Cualquiera sea el resultado, seguramente se reactivará el trabajo en los recintos pasadas las elecciones, pero está por verse si se superan las 23 registradas en 2015 (10 en Diputados y 13 en el Senado), o las 27 de 2011 (9 en la Cámara baja y 18 en la Alta).

En este marco vale también la explicación del ministro del Interior, Rogelio Frigerio, reflejada también en “Gobernar en Minoría”: “En el Congreso es tan importante lograr el número para pasar tus leyes, como lograr el número para que no te metan leyes que te perjudican. Las dos cosas”. Y allí agrega que en la gestión en el Congreso “ha habido muchísimo trabajo defensivo, que no se nota, muchísimo… Preventivo; hay un trabajo enorme para evitar males mayores”. Esa es una explicación convincente de la falta de sesiones en ambas cámaras en esta particular coyuntura.