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Martes 10 de diciembre de 2019
OPINIÓN
¿Qué es Hezbollah?
Por Aníbal Hardy. El exdiputado nacional busca explicar la verdadera influencia de la agrupación entre los países de la liga árabe.
21 de noviembre de 2019
El presidente electo Alberto Fernández deslizó a la embajadora de Israel en la Argentina, la posibilidad de derogar el decreto que firmó Mauricio Macri para declarar a Hezbollah como organización terrorista.

Este grupo asentado en Líbano cuenta con células en todos los continentes, y sus muy bien entrenados elementos han cometido ataques horripilantes en lugares tan lejanos como Argentina.

Hezbollah libró una exitosa guerra de guerrillas contra Israel durante 15 años. Las fuerzas israelíes mataron o secuestraron grandes números de comandantes y combatientes, pero la organización fue capaz de regenerar su dirigencia y reclutar nuevos elementos.

Los miembros de Hezbollah son curtidos y sumamente diestros y, a diferencia de los radicales de Al Qaeda en Afganistán, no se distinguen de la población libanesa que los apoya.

El movimiento radical chiíta libanés Hezbollah fomenta la violencia en el Irak de la posguerra y atiza las llamas del conflicto palestino-israelí. Su sangriento historial lo convierte en un objetivo natural de la guerra contra el terrorismo.

En el curso de su historia de 20 años, Hezbollah ha demostrado ampliamente su hostilidad, su letal peligrosidad y su destreza. Sin embargo, concentrarse exclusivamente en este historial es pasar por alto lo mucho que ha evolucionado en las dos últimas décadas, evolución que ha alterado tanto la naturaleza de la amenaza como la mejor manera de hacerle frente. Hezbollah ha tenido el lugar de honor como la principal preocupación de los funcionarios estadounidenses encargados del antiterrorismo.

Siria e Irán lo apoyan de manera abierta, y en buena parte del mundo árabe se le considera heroico, por su exitosa resistencia contra la ocupación israelí del sur de Líbano (única ocasión en que las armas árabes han obligado a Israel a entregar territorio), y legítimo, por su participación en la política parlamentaria libanesa. Incluso funcionarios de Francia, Canadá y otras naciones occidentales han reconocido el valor de sus proyectos políticos y sociales.

En la lucha de Hezbollah por expulsar a Israel de Líbano en la década de 1990, buena parte de su actividad contra Israel puede caracterizarse más como guerra de guerrillas que como terrorismo. La gran mayoría de las acciones de Hezbollah se concentraban en personal militar israelí en suelo libanés y perseguían el propósito de expulsar a los israelíes del país.

Tanto las acciones terroristas de Hezbollah como su guerra de guerrillas son facilitadas por la extensa red internacional del grupo. Se han encontrado elementos de la organización en Francia, España, Chipre, Singapur, la región de la "Triple Frontera" en América del Sur y en Filipinas, así como en escenarios de operaciones más conocidos de Europa y Medio Oriente. El movimiento se vale de estas células para recabar fondos, preparar la infraestructura logística de los ataques, diseminar propaganda y asegurar de otras formas que la organización permanezca robusta y lista para atacar.

El documento fundacional de Hezbollah propugna un gobierno islámico en Líbano, el fin del imperialismo occidental y la destrucción del Estado de Israel. Ahora, sin embargo, el grupo ha abandonado esos principios fundadores, por lo menos en la práctica. Dirigentes de Hezbollah participan en el sistema político libanés, y algunos han rechazado la imposición forzosa del Islam. Hezbollah sigue denunciando a Estados Unidos, pero se ha vuelto mucho más cauteloso en su oposición. No ha intervenido en ningún ataque a un objetivo estadounidense desde el atentado con bombas a las Torres Khobar, en 1996, cuando, más que usar su propia capacidad, ayudó a otros.

Como muchos otros grupos fundamentalistas islámicos radicales, Hezbollah construye bombas y escuelas. Es popular entre la pluralidad chiíta libanesa y respetado por muchos libaneses no chiítas, y su brazo político cuenta con varios escaños en el parlamento.

El ayatolá Muhammad Hussein Fadlallah, a quien a menudo se le lo considera la cabeza espiritual de Hezbollah, ha dicho a sus seguidores que enfrenten a “los intereses de Estados Unidos en todas partes” si Washington emprende una fuerte acción.

Finalmente, si el mundo logra desactivar la actividad combatiente de Hezbollah, la organización bien podría desplazarse hacia la arena política, y la continuidad de logros políticos de Hezbollah dependería de su capacidad de llevar estabilidad y progreso a sus simpatizantes libaneses y no de sus esfuerzos violentos contra Israel y Estados Unidos, esperando que deje de ser un “grupo terrorista de alcance mundial”.