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Martes 21 de enero de 2020
OPINIÓN
Fuerzas de Seguridad para la gobernabilidad democrática
Por Gustavo Sicca. El exconcejal advierte la necesidad de avanzar en la profesionalización de las fuerzas de seguridad para ampliar la gobernanza democrática.
6 de diciembre de 2019
En momentos de graves tensiones regionales cabe preguntarse sobre el rol que cumplieron, y cumplirán en adelante, las policías nacionales, el nuevo objetivo preciado para quienes la democracia sólo es votar. En ese punto, el gran logro neoliberal es haber congelado las demandas populares, es haber puesto un techo (con acierto, el femenismo denomina a los bloqueos sexistas como “techo de cristal”) al desarrollo inclusivo.

Entonces, la democracia sin carnadura, neoliberal, cuyo ejemplo más dramático se expresa en Chile, requiere de nuevos gestores de la seguridad, de fuerzas que garanticen el dogma del consenso global: apertura de las economías, primarización de las exportaciones, superávit fiscal cueste lo que cueste, con el consecuente espacio de disputa que abre este modelo.

Si durante los años 70 las Fuerzas Armadas cumplieron el rol de garantizar los planes de ajuste interminables que soportan los pueblos latinoamericanos, hoy día, luego del interregno populista que restituyó derechos y creó nuevos, y a caballo del triunfo de las derechas, el actor a observar son las policías. Se vio en Ecuador, con el intento de golpe a Correa; en Chile, con Carabineros; en Bolivia, dejando sin protección al presidente Evo Morales.

En ese marco, nuestro país aún tiene fuertes anticuerpos para resistir aventuras golpistas. El juicio a los genocidas es el eje donde, desde allí, se articularon diversas políticas: conducción civil de las Fuerzas de Seguridad, presencia en el territorio con una mirada multiagencial, formación en derechos humanos.

Por otro lado, no podemos dejar de marcar las deficiencias, ahora notorias por el paso del punitivismo y demagogia macrista. La tasa de policiamiento argentino duplica la de cualquier país desarrollado, y es producto tanto de una verdadera demanda social por los altos niveles de inseguridad como de un enfoque que no ha dado resultados en ningún caso.

Ahora bien ¿cómo salimos de este sistema tautológico? Una línea de acción en tal sentido es a partir de la “profesionalización” de las fuerzas, y cuando hablamos de ello no es solamente de técnicas policiales, sino particularmente de la formación en cuanto a su rol en un modelo anclado en la gobernanza democrática.

En consecuencia, debemos mirar a aquellos países que han trabajado y logrado estándares más que aceptables en reducción de los índices del delito, con una mayor eficacia a la hora de la respuesta, y una alta valoración de la comunidad por su tarea, y que no implicó precisamente hacer crecer el número de efectivos, pero si alcanzar mayores niveles de profesionalización, como por ejemplo Canadá.