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Lunes 20 de enero de 2020
OPINIÓN
Se van, se van y nunca volverán
Por Daniel Bosque. El director de Mining Press y EnerNews lleva adelante un análisis del complejo panorama económico-social que deberá afrontar rápidamente Alberto Fernández.
9 de diciembre de 2019
Mientras Alberto, Mauricio y sus esposas compartían el festejado cáliz de la paz, los socios de Boca Juniors, al grito de Riqueeeelme destrozaban una guarida posible para el saliente inquilino de la Casa Rosada. El futbol, en estas pampas salvajes, explica muchas cosas: el Muñeco Gallardo ha sido para el club de la mitad más uno algo así como la inflación a Cambiemos.

Por esas cosas, entre otras decenas, se va por donde vino el gobierno de los CEO, los rubios, bilingües amado por otros rubios. Y llegan otros blanquitos, que les hablan a morochos empobrecidos, según ha hecho notar el inquietante y poderoso Juan Grabois, el choriplanero del papa, hasta ayer denostado, pero hoy viendo el destrozado espejo chileno, visto como contenedor de la Argentina pobre al 40%.

Según esta teoría de la pigmentación, bastante presente desde la caída de Evo, quien ahora habitará entre nosotros, aún falta en la Argentina blanca una representación acorde con su demografía. Algo que, llegado el caso, será más fácil de legislar que el siempre espinoso aborto, insinuado por Alberto y tacleado otra vez por la Iglesia. El Frente de Todos me gusta pero paren la mano, dicen que dice desde las sombras celestiales Francisco, la mano peronista de Dios.

Mientras tanto, y yendo a los morlacos, la entente inestable FF ya cambió el cartel de Balcarce 50: Sale el mejor gabinete de los últimos 50 años y llega el mejor posible de los próximos 100 días. Con los tapones de punta y el Plan Dylan, para poner de pie al país productivo, de la mano de super Kulfas. Es sólo un pinchazo, no va a doler, ya le avisó el peronismo al segmento ABC1, que antes y después de las elecciones PASO transformó su esperanzado blanqueo de 2016 en verde y afuera o al colchón se ha dicho. En cuestión de horas, el impuesto a Bienes Personales treparía hasta el 4.5% para solventar, por única vez, la remake de aquellos veranos felices del '45.

Lejos de la tele en blanco y negro, con doña Petrona pidiéndole a Juanita un pan de manteca para el rehogo, este recetario P-K 2020 viene de bajas calorías, porque el Pro y los ricachones nos han dejado en la lona, según el demoledor documental del ministro Tristán Bauer. No hubo errores, hubo horrores, no emisión pero mucha deuda, en muchas cuotitas. Todo tiene remedio menos la muerte: Blackstone, Pimco, JP Morgan, entre otros, viendo el traje de gaucho apolillado han propuesto más plazos al gobierno entrante, aunque no perdones. Otra versión de “Es sólo un pinchazo, no va a doler”, aguas arriba, del otro lado del mostrador.

Tócala de nuevo, Joe

Espera sentado y verás pasar el cadáver del capitalismo inhumano. De la nada, cuando todos hablaban de Nielsen, Kulfas o Lavagna, apareció en escena el ignoto Martín Guzman, golden boy de la cantera del infatigable Joseph Stiglitz, el Nobel 2001 que desde hace décadas castiga sin piedad a las finanzas internacionales por los incendios en el planeta. No soy clarividente, sólo leo los diarios, dice el viejo lobo. Este año, en su obra “Gente, poder y ganancias: capitalismo progresivo para una era de descontento”, ha advertido que buena parte de lo que pasa, desde Francia a Chile, son trastornos esperables y que habrán más porque la reproducción incontenible del capital financiero ha puesto al globo a punto de estallar.

Dos flashes del viejo economista, en clave argentina: “Ustedes vieron un país que no existe, ahora no se lamenten”, le dijo en el Cercle d'Economia de Barcelona, en el otoño de 2002, a empresarios granados, entre ellos el Grupo Gas Natural, que apostaron en los 90 a la revolución menemista y veían vaporizarse sus activos al compás del default, el corralito y la pesificación de las tarifas de Duhalde y Lenicov. Más acá, en la primavera porteña de 2008, mientras en USA estallaban las hipotecas subprime, en un hotel top de Buenos Aires, presentaba “Andalgalá, ciudad emergente”, con el intendente justicialista José Perea, una edición bizarra, como de biblia junto al calefón, en un sarao solventado con abundantes regalías de Alumbrera. “El FMI proveyó el marco económico inadecuado a la Argentina, con la venta de las empresas públicas tuvo recursos efímeros pero terminó en el empobrecimiento del país y de su gente”, reiteró entonces.

En septiembre pasado, el viejo Joe sentenció en Página 12 que Macri y Lagarde llevaron a la Argentina al desastre, reiteró que la globalización es el germen de mayor inequidad y que la Argentina frágil está influenciada por consecuencias globales.

Si no hubiera tanta zozobra para llegar a fin de mes o sin el dólar turista que podría irse a 90 pesos y mandarnos a Mar de Ajó, la Argentina es un leading case apasionante de estos tiempos sobre los límites del endeudamiento en economías inviables. El acertijo sobre si conviene dejar caer a un país de este tamaño o si es mejor aflojarle la cuerda, como reclama Alberto, para poder cobrar de a poco.

Default or not default. No es la contradicción principal de la Argentina asfixiada. El shock devaluatorio y la estanflación instalada son una oportunidad de renacer, advierte la OCDE desde su cómoda platea, pero cuadro requerirá de más ajuste, para que unos pierdan y otros respiren. El universo empresario y de negocios que apostó psico-socialmente por el macrismo, y perdió muchos millones, pese a las diatribas progresistas que dicen otra cosa, abandonó a Cambiemos y ha desensillado hasta que aclare.

Vienen días intensos, cosa que a nadie sorprenderá. Y retornaron muchas de las caras que sobrevivieron al macrismo y a los jueces de Comodoro Py. Aguardan tiempos difíciles, pero no estamos solos en una región repleta de trastornos. Con Chile enfrascado en sus rebeldías, Colombia refractaria al poder conservador, Lula en la calle, México en el intríngulis del populismo de AMLO, Bolivia en el aire y Ecuador lánguida y obviemos la trágica Venezuela por razones de respeto y buen gusto. El Grupo de Puebla intenta desplegar su evangelio setentista con Alberto y Cristina como arietes. Imaginación y sueños sobran, lo que falta, en el caso argentino, es saber de dónde saldrá la guita. Si todo fallara, ahí está China que ya lleva prestados 1.6 billones de dólares a América Latina, siempre dispuesta a hacerte al favor.

Feliz Navidad y próspero año nuevo. Continuará.