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El discurso realizado por la Presidenta de la Nación, Cristina Kirchner, tuvo una alta aceptación por parte de los legisladores oficialistas, mientras que por el lado de los bloques opositores hubo gestos austeros y caras de negación. |
Minutos antes del arribo de la presidenta Cristina Kirchner al Congreso, en el sector del oficialismo habían puras sonrisas y diálogos: José María Díaz Bancalari charlaba con el jefe de la bancada kirchnerista en la Cámara baja, Agustín Rossi, mientras que el jefe del bloque del oficialismo en la Cámara alta, Miguel Ángel Pichetto, hablaba por lo bajo con la diputada Diana Conti.
Por el lado de la oposición se visualizaban gestos austeros. Los legisladores del Pro Federico Pinedo y Gabriela Michetti conversaban por lo bajo, así como también los diputados de la Coalición Cívica (CC) Fernando Iglesias y Alfonso Prat-Gay. Por su parte, los senadores cordobeses Norma Morandini y Luis Juez mantenían un diálogo distendido.
La llegada de la presidenta Kirchner fue aplaudida por todos los legisladores oficialistas y por la mayoría de las personas que se encontraban en los palcos –estuvieron todos llenos-, que cantaban la marcha peronista y que sólo aceptaron terminar cuando la Presidenta pidió la palabra.
Al comienzo de su discurso, había dos diputados que no encontraban asientos libres: eran los legisladores de Proyecto Sur Pino Solanas y Claudio Lozano. Al mismo tiempo, Lidia “Pinky” Satragno le entregaba un regalo a la diputada del Pro Paula Bertol, ante la atenta mirada de su compañera Laura Alonso.
Uno de los legisladores que más prestó atención al discurso de la presidenta fue Dante Gullo, que mantuvo una postura rígida y seria todo el tiempo. Cuando Cristina Kirchner hizo un repaso de los logros económicos, el jefe de la bancada radical en el Senado, Gerardo Morales, le hacía comentarios a Ernesto Sanz.
La asignación por hijo fue lo más festejado -junto a la política de Derechos Humanos, algo que no aceptó Ricardo Alfonsín, que se fue de la sala durante unos minutos- en el recinto: en total, el discurso fue aplaudido 51 veces, pero fueron pocos los momentos en los que se sumaron los sectores opositores.
Hubo tres interrupciones en el recinto: la diputada Gil Lozano fue la primera en suspender el discurso de la presidente cuando le pidió que no se olvide de los 600 desaparecidos por la “trata de personas”. La segunda –aunque Kirchner siguió hablando- fue cuando una mujer colgó una bandera para que el Congreso apruebe el aborto. La última interrupción fue obra de la diputada del peronismo disidente Graciela Camaño, que criticaba desde su banca los balances positivos del Gobierno nacional.
Luego de defender –a lo último de su discurso- la política de pago de deuda que se viene realizando desde 2003 –vale destacar que se anuló el decreto que creaba el Fondo del Bicentenario-, Cristina Kirchner pidió que no pongan “palos en las ruedas” e insistió que los partidos políticos “volvieron a hacer política”, algo muy festejado por el diputado y abogado de la CGT Héctor Recalde.
Entre los palcos se encontraba el secretario de Comercio Exterior, Guillermo Moreno, que estaba acompañado por el intendente de Tres de Febrero, Hugo Curto, mientras que en otro se encontraban varias integrantes de las Abuelas de Plaza de Mayo, que estaban junto al secretario de Derechos Humanos, Eduardo Luis Duhalde.
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