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Sábado 19 de abril de 2014
NOTICIAS
El parlamentarismo en el centro del debate
Dando por hecho el resultado del 23, la oposición salió a agitar el fantasma de la reelección indefinida a través de una reforma constitucional que algunos sectores podrían garantizarle al oficialismo.
8 de octubre de 2011
Por José Angel Di Mauro

A dos semanas de las elecciones, el oficialismo presenta una intención de voto consolidada y en ascenso. El kirchnerismo ya ni siquiera necesita a sus encuestadores “amigos” para difundir esa sensación, pues son las propias consultoras que mejor prestigio e independencia pueden exhibir las que anticipan la holgada reelección de Cristina.

Mariel Fornoni, de Management & Fit, resaltó esta semana que la Presidenta es la candidata que más ha crecido en las últimas semanas, y estimó que proyectando a los indecisos puede escalar hasta los 57 puntos.

Justamente el de los indecisos es el terreno más fértil en esta campaña, pero por el mismo transitan sobre todo aquellos que el 14 de agosto votaron a opositores. La mayoría volverá a hacerlo, pero son muchos los que meditan modificar su elección. Desaparecido el valor del “voto útil” ante la convicción de que la elección está definida, los candidatos que pelearon el minúsculo segundo lugar han perdido fuerza y se potencia el cuarto de las primarias, Hermes Binner, quien hoy se consolida como escolata.

Con la vista puesta en esas encuestas surgió esta semana un nuevo eje de discusión que trasciende los resultados del 23: el de una eventual reforma constitucional. Curiosamente no fue el oficialismo el que instaló el tema, como se supone que debiera ser, por ser supuestamente el principal interesado. Desde que Diana Conti entreabrió esa puerta al sugerir como mero deseo personal aquello de la “Cristina eterna”, todas las voces kirchneristas se apagaron en esa materia, negándose a tocar el tema ante cualquier consulta, por órdenes superiores.

La posibilidad de dar cabida a esa alternativa sugerida por la diputada Diana Conti -que como ya hemos dicho no tiene un pelo de tonta, ni mucho menos de improvisada- podría tener visos de realidad a través de una eventual reforma constitucional que le diera espacio a un sistema de gobierno parlamentario, como dijimos en este espacio hace meses. Esquema que promueve fervorosamente el miembro de la Corte Suprema Raúl Zaffaroni, un hombre de buen diálogo con la Presidenta de la Nación.

Vuelta a la escena pública para hacer campaña ya no por sí misma, sino por sus candidatos a legisladores, Elisa Carrió agitó el fantasma de la reelección indefinida a través de la implementación de una reforma constitucional. Fue una vuelta a las fuentes para Lilita, que ya en 1994 se distanció de su admirado Raúl Alfonsín al denunciar el “Pacto de Olivos” que habilitó la reforma constitucional y la reelección de Carlos Menem. Ahora habló de “Pacto de Olivos II”, e involucró al Frente Amplio Progresista de Hermes Binner, que según ella podría acordar con el kirchnerismo habilitar una reforma constitucional para dar curso a un sistema parlamentario.

Lo que sonó en principio como el intento de evitar la fuga de votos propios hacia el FAP, dejó de sonar aventurado al dar ella precisiones, señalando el punto 3 de la plataforma electoral del Frente Amplio. En efecto, allí se habla de la necesidad de “impulsar una reforma constitucional que reemplace el sistema presidencialista por uno de carácter parlamentario donde, más allá del presidente, se elija un Primer Ministro del seno del Parlamento. A diferencia de un presidente, el Primer Ministro podrá ser removido en caso de perder la confianza de la coalición que lo ha elegido, sin necesidad de llegar a situaciones traumáticas como las que se verifican en nuestro sistema presidencial”.

“Creemos que es hora de impulsar cambios institucionales de fondo, que se apoyen en bases más racionales y sustentables que desconcentren el Poder Ejecutivo, aportando mayor equilibrio en el ejercicio del poder”, señala el programa del FAP, cuyos integrantes salieron prestamente a descartar una movida en ese sentido, pero su candidato presidencial se sinceró no sólo reivindicando ese texto, sino también aclarando que no podían invalidar tal negociación porque del otro lado de la mesa estuviera el kirchnerismo.

Se sabe que el radicalismo siempre alentó la idea del gobierno parlamentario y ese fue el espíritu que acompañó la creación de la figura del jefe de Gabinete en el 94. Pero sus voceros aclararon que no están dispuestos a negociar hoy esa alternativa si ello significa “concentración de poder”.

Desde el kirchnerismo no agitarán esas olas en las próximas semanas. Si a algún partido jamás le interesó la alternativa del sistema parlamentario, ese es el peronismo, netamente partidario del presidencialismo. Pero que se agite el tema le servirá a Cristina en el futuro para contrarrestar lo que se conoce como el “síndrome del pato rengo”, que afecta a los gobiernos sin posibilidad de reelección.

No hay ningún registro de que Cristina Fernández esté pensando en un tercer mandato consecutivo, dando por confirmada la reelección. De hecho hay constancia de diálogos en los que ella misma ha asumido la búsqueda de la reelección como un deber ineludible, pero agotador, cuando bien podría ella irse “con toda la gloria”. Su mayor ambición es retirarse del poder en la cresta de la consideración pública, y así se lo recomendó a su propio esposo al asistir en Chile a la asunción de Michelle Bachelet y ver cómo despedía el pueblo a Ricardo Lagos.

Tampoco es imaginable que, a pesar de su formación legislativa, Cristina pueda adaptarse a gobernar en el marco de un sistema parlamentario, donde debe primar la formación de consensos para alcanzar mayorías y el primer ministro o jefe de Estado debe rendir cuentas permanentes ante el Parlamento.

Hay quienes piensan en el sistema parlamentarista como una especie de señuelo que abra las puertas de una reforma constitucional por la que en cambio se filtre la reelección presidencial indefinida. En dos años, con un nuevo triunfo K en las legislativas de 2013, esa alternativa podría dejar de ser hipotética.

Vale tener en cuenta la opinión del intelectual de cabecera de CFK, Ernesto Laclau. Consultado por un medio oficialista sobre la sucesión dentro del kirchnerismo, este filósofo argentino residente en Londres dijo: “En primer lugar hay que ver si Cristina no puede ser reelecta, si no se modifica la Constitución. Sé que a ella no le gusta que se mencione el tema, pero me parece que una democracia real en Latinoamérica se basa en la reelección indefinida. Una vez que se construyó toda posibilidad de proceso de cambio en torno de cierto nombre, si ese nombre desaparece, el sistema se vuelve vulnerable”.

Es sabido que Elisa Carrió suele jactarse de sus dones proféticos.