BUSCAR FACEBOOK TWITTER
Viernes 1 de agosto de 2014
LEGISLATURA BONAERENSE
La historia repetida como farsa
Desde el mismo momento en que los operadores mejor informados advirtieron que la perinola K se había detenido en la fórmula Daniel Scioli-Alberto Balestrini, las referencias a las similitudes con la fórmula Oscar Bidegain-Victorio Calabró brotaron de las bocas de muchos observadores participantes de la política que se sucede en el principal distrito de la República, la provincia de Buenos Aires.
1 de febrero de 2008
Por Pedro Mocorrea
Desde el mismo momento en que los operadores mejor informados advirtieron que la perinola K se había detenido en la fórmula Daniel Scioli-Alberto Balestrini, las referencias a las similitudes con la fórmula Oscar Bidegain-Victorio Calabró brotaron de las bocas de muchos observadores participantes de la política que se sucede en el principal distrito de la República, la provincia de Buenos Aires.

La provincia de Buenos Aires, ni por asomo, resulta un territorio “fácil” -bien puede afirmarse que es el más sinuoso del país- al tiempo de formularlo desde cualquier visión político-institucional en que se intente encuadrarla.

Ha sido determinante en la organización nacional y también se ha constituido en factor y escenario de preponderancia en materia de desencuentros cívicos, los que por lo general se dirimieron en campos de batalla antaño.

Versión I

En 1973, un mismo programa de gobierno fue votado en la Argentina en dos oportunidades: el 11 de marzo y el 23 de septiembre.

Según opiniones, aun de diverso orden de pertenencia, era el esquema que proponía hacer andar al “peronismo nacional, popular y revolucionario” que debía cumplir con el mandato del pueblo después del “costoso” Luche y Vuelve.

Las antinomias bonaerenses, en el seno del justicialismo de aquella época en la que se salía del interregno de la denominada “Revolución Argentina”, iniciada por Juan Carlos Onganía y finalizada con Alejandro Agustín Lanusse, se definían en el nivel de enfrentamiento entre las alas derecha e izquierda del movimiento de masas proscripto por el término de casi 18 años. Lapso en el que tras el ejercicio de la Resistencia, las estrategias de “acumulación” de la derecha y de “construcción política” de la izquierda, impulsaron, necesariamente, la confrontación territorial. Faltaba poco para que el criterio de “negociación” pasara, una vez más a un segundo plano.

Así, en una búsqueda de equilibrios de fuerzas para lograr un tránsito calmo en los acontecimientos políticos, aparecen vicegobernadores que en la mayoría de los casos son de extracción gremial ortodoxa. Aquí, en Buenos Aires, está el claro ejemplo del sindicalista metalúrgico Victorio Calabró, compañero de fórmula de Oscar Bidegain. El vice, no por casualidad, terminó sucediéndolo a pocos meses de asumir. El gobernador, presionado y sin sustento ni apoyo de la Casa Rosada, empezó a ser perseguido hasta ser defenestrado.

Lo que pretendió erigirse en estrategia del “equilibrio”, hace 34 años, terminó por transformarse en abono de la puja lisa y llana, en una divisoria de aguas que siguió con la tradición de desencuentros sobre la que hay sobradas referencias.

A Oscar Bidegain le permitió llegar al tope del poder de la principal provincia del país el peso específico de su sector de sustento, la Tendencia. Después, en una aplicación pragmática de la misma ecuación, resultó en que los “bajaran” del poder con el peso específico de la otra parte gravitante de aquel tiempo: la burocracia sindical adscripta al vandorismo.

Versión II

Luego de andares inciertos, un modelo acumulación política se afianza en la República. Los conductores, si se permite la expresión, se suceden en el poder central y la provincia de Buenos Aires, al igual que los demás Estados federales, debe campear una crisis administrativa económica que no se condice con el crecimiento general de la economía y superávit del Gobierno Nacional. La dependencia del Gobierno provincial del Gobierno central no es puesta en duda ni por oficialistas ni opositores. Discrepan, sí, en la forma de resolver la situación.

Sobre esta realidad, que es anterior a las elecciones de gobernador y vice del 2007, es que se fue definiendo en el Gobierno central la fórmula provincial posible que ahuyentara el fantasma del ballottage en el orden nacional.

Así surgió la figura de Scioli -a la sazón, vicepresidente de la República- cuando se desataba una carrera feroz entre varios candidatos en el entorno del Gobierno nacional para ser candidato a gobernador bonaerense y, al mismo tiempo, dar por finalizada esa carrera. Pero en función del esquema de contrapoder que el régimen K utiliza la figura del vice era esperada por todos. Y la táctica fue mover al presidente de la Cámara de Diputados de la Nación: Alberto Balestrini. Descabezado el Congreso Nacional -símbolo quizá del poder de antaño de los bonaerenses- y puestas a rodar esas cabezas por el polvo del territorio provincial, todos esperan, ahora, ver quién es “el verdadero”.

Comentario

Lo cíclico de la dinámica de los hechos históricos nos da ciertos indicios por “comparación” de “escenarios” y de “síntomas”.

No se trató por ese entonces (1973) de hombres políticos que cotejaban modelo y programa, así como no resultó, tampoco, en una cuestión de comparación de costos y beneficios medidos tanto en lo institucional como en lo social.

Ortodoxia en contra de heterodoxia pareció (fue) ser un signo determinante de aquellos aconteceres, sin dar lugar, ni tiempo, a la profundización de análisis y evaluaciones.
En estas disquisiciones cobra vital importancia entender las connotaciones de pertenencia de los dirigentes a uno u otro sector, que transitan por tinieblas en la actualidad.

No importa aquí -no parece aleatorio-, en esta tarea, discurrir sobre las características particulares que marcan la política de los personajes de ayer y de hoy. Esa no es sustancia ni materia que determinen el desencadenamiento de los hechos: aparece “el poder”, el que algunos atesoran, que otros usan en la gestión, el que otros “pierden” y el que es “arrebatado” por la fuerza.