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Martes 22 de octubre de 2019
INFORMES
Lejos, demasiado lejos
Con un menguado apoyo del Gobierno nacional, los deportistas lucharon por conquistar un podio en los Juegos Olímpicos de Beijing 2008. Preocupa la falta de política deportiva y de proyectos en el Congreso sobre el tema.
29 de agosto de 2008
Entre el oro y el barro brilló el resplandor del esfuerzo de los atletas argentinos en Beijing 2008, superando los escollos que se interpusieron en el camino a la victoria por la falta de una política deportiva a nivel nacional.

Cierta exagerada euforia por las seis medallas -2 de oro y 4 de bronce- en los Juegos Olímpicos de China, que igualó la cosecha de Atenas 2004, no cambia las críticas de diputados y senadores a la política deportiva del Gobierno nacional. Esta polémica se reanuda en tiempos de alta competencia, y vuelve a desnudar años de políticas ineficientes y una Secretaría de Deportes, bajo cualquier signo político, siempre cuestionada.

En el Congreso no hay iniciativas específicas para delinear una política deportiva a largo plazo que incentive la actividad en los niños de todo el país.

Las voces del oficialismo prefieren esconderse en las victorias del fútbol y la siempre destacable actuación de Las Leonas del jockey, y el básquet con los abanderados de la NBA. Aunque, obviamente, se resaltan los logros de la judoka Paula Pareto (bronce); los ciclistas Juan Curuchet y Walter Pérez (oro); y los del yachting Carlos Espínola y Santiago Lange (también bronce); porque se reconoce el esfuerzo sin respaldo necesario del Estado, que tiene un plan de becas muy pobre.

Pero esto también revela que hay una diferencia abismal entre los deportes profesionales de grupo -entre los que casi también habría que incluir el yachting-, cuyos jugadores participan en ligas extranjeras o poseen publicidades de empresas privadas que apoyan su actividad, con aquellos que luchan por el apoyo estatal para seguir adelante con sus actividades. Quienes han vencido esta barrera son admirados porque todos reconocen el esfuerzo realizado, ya que el Estado no es el “padrino” que necesita cada deportista.

Una sede abandonada

Una de las criticas que lanzan desde el socialismo es la falta de una política deportiva que incentive a los chicos de cada región a realizar distintas actividades y “no sólo se practiquen deportes que le pueden dar un futuro asegurado”, como sería el fútbol o el tenis o el básquet. Más allá de que siempre se necesita del talento para cada deporte, la fama y el dinero que rodea a esas actividades hace que los demás deportes sean considerados amateurs y no capten la voluntad de los niños.

Pero la mayor crítica es la falta de descentralización del Centro Nacional de Alto Rendimiento Deportivo (CENARD), que concentra toda su actividad en Capital Federal y se hace muy costosa la práctica deportiva para los niños de familias de clase media y baja. Casi resulta imposible afrontar los gastos.

Sobre el estado del CENARD se preocupó el diputado del Partido Socialista Roy Cortina, quien presentó un pedido de informes para que se detalle el estado edilicio y la estructura con la que cuenta el centro. También se requiere el presupuesto y el monto, cantidad y la duración de las becas otorgadas a los atletas argentinos y cuáles son las condiciones para la renovación de las mismas.

“Pocas veces se habla de los problemas reales que afronta el deporte amateur y es el Estado nacional el que debe bregar por mejorar las condiciones para que los deportistas puedan desempeñarse en sus disciplinas con altos estándares de calidad. Por ello, es importante que los objetivos que la ley asigna a la Secretaría de Deportes de la Nación, a cargo de Claudio Morresi, se cumplan acabadamente y sin ninguna sospecha de manipulación política”, afirmó el diputado Cortina. Y agregó: “A pesar de largos períodos de desinterés por parte de los funcionarios de diferentes gobiernos hacia los atletas nacionales, en Atenas 2004 estos honraron a la Argentina ganando seis medallas olímpicas”.

Cortina sostuvo: “Los logros de nuestros deportistas son fruto de su entrega y del esfuerzo constante que realizan en su entrenamiento diario; incluso venciendo los obstáculos que surgen, inconcebiblemente, de parte de las autoridades que tienen a su cargo la promoción y desarrollo del deporte en nuestro país”.

La foto del esfuerzo

Luego de los triunfos en la mayor competencia deportiva a nivel mundial, los políticos de turno utilizan la hazaña del deportista para asociarse a la victoria y conseguir una foto. Pero también, en momentos de crisis política, es bueno contar con el apoyo de las personalidades públicas que se transforman los deportistas.

Sobre este aspecto conflictivo de las asociaciones entre los atletas con el poder político, el diputado Fernando Iglesias, de la Coalición Cívica, se mostró preocupado por la situación sufrida por la nadadora Georgina Bardach, quien confesó que “hubo presiones hechas por funcionarios de la Confederación Argentina de Natación (Cadda)” a ella y a otros deportistas para que asistieran a un acto político de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner que se realizó en el CENARD, para despedir a la delegación Argentina que participa de los Juegos Olímpicos de Beijing.

“La presencia del deporte argentino en la competencia con otros países debe ser una política nacional que los gobiernos de la República no pueden desatender”, dijo Iglesias.

En el proyecto del legislador de la CC se fundamenta que el deporte tiene un “valor incuestionable para la cultura argentina”.

“Esos éxitos ayudan a mejorar las relaciones de cooperación internacionales con otros pueblos del planeta, y hacen más plausibles las posibilidades para el crecimiento y el desarrollo de nuestra sociedad”, manifestó Iglesias.

Al igual que Cortina, Iglesias considera que “los logros de nuestros deportistas amateurs suelen explicarse por sus esfuerzos individuales y no por la ayuda que ofrecen con sus políticas las distintas áreas del Gobierno”.

Sin incentivos

No hay un proyecto para establecer reglas claras para que el sector privado se involucre en el apoyo al deporte. En otros países, las empresas aportan a las distintas disciplinas y generan un gran incentivo en la formación de nuevos atletas. Al respecto, la diputada del SI Delia Bisutti opinó que “hay que estudiar bien las características de un proyecto para beneficios a empresas para el apoyo del deporte”.

Los pocos proyectos apuntan a un reconocimiento al esfuerzo de los deportistas que alcanzan la gloria, pero para los cientos de miles que se quedan en el camino, no hay vuelta atrás.

Uno de ellos pertenece al presidente de la Comisión de Deportes de Diputados, el mendocino Guillermo Pereyra, cuyo objetivo es una pensión al deportista campeón y subcampeón mundial, ya sea amateur o profesional.

Según la iniciativa del diputado, los atletas consagrados podrán ser convocados por los organismos del Estado que requieran su colaboración para asesoramiento y promoción del deporte. “Es evidente que la finalidad de la ley se encuentra orientada a la protección de aquellos deportistas que, habiendo participado defendiendo los colores nacionales, se encuentren en una situación de indigencia al finalizar su carrera”, explica la diputada Paula Bertol, quien es la autora del proyecto que modifica la norma sobre Maestros del Deporte.

Pero si analizamos los proyectos que hay en el Senado, se observa que la Comisión de Deportes de la Cámara alta está vinculada con la Salud, ya que esta comisión está unida en el Senado. Las iniciativas que existen en esa comisión presidida por la cordobesa Haide Giri, están asociadas al sistema de salud y las cuestiones de educación y deportes. Pero no hay proyectos específicos que delineen una política deportiva.

No todo depende del Estado, claro está. La participación privada es indispensable para lograr rendimientos acordes a los buscados y demandados por una sociedad exitista, cuyas expectativas se van apagando conforme transcurre el tiempo posterior a los Juegos. Y es indispensable que los gobiernos de turno planifiquen más allá de cuatro años, que no son los que distan entre una olimpíada y otra, sino en sus tiempos de mandato. El deporte debiera ser una política de Estado, porque sirve más allá que para lograr medallas: como el trabajo digno, puede ser el puente que saque a la juventud de caminos erróneos como los de la droga, el delito o la vagancia.

El Congreso tiene, en este marco, un papel que debería ocupar más allá de los proyectos de beneplácito y los homenajes que sirven para la foto cholula. Una ley de mecenazgo como la que hay en Brasil podría ser una herramienta eficaz para forzar una participación privada que supla al Estado y que asista no sólo a los deportes con mayor marketing.

Miremos los ejemplos exitosos: Cuba es un país que con presupuestos del Tercer Mundo elabora planes que países del Primero, como España, copian y trasladan a sus políticas. Miremos lo que hace Brasil, sin regodearnos por el sólo hecho de haberles ganado con baile en fútbol.

Copiemos a países pobres como Jamaica, que un buen día se puso a buscar cómo desarrollar las características de sus morenos atletas y los perfeccionó. Hoy no sólo tiene al Maradona de la velocidad, Usain Bolt, ganador de tres medallas doradas y una de las figuras de los Juegos de Beijing. En total, obtuvo once medallas, todas gracias a pruebas de velocidad: seis de ellas de oro, y tres de plata, fueron aportadas por corredores que impusieron tres récords mundiales y una marca olímpica. ¿Cuál fue el secreto de los jamaiquinos? Un sistema nacional de entrenamiento para los talentos del atletismo desde la más temprana edad.

Bolt es la prueba fehaciente de que el sistema funciona. Cuando apenas contaba con 15 años, ya ganó un campeonato nacional para talentos juveniles. Luego de “pescar” los talentos -como el recordado León Najnudel hizo en nuestro medio con el básquet-, el Ministerio de Deportes -tienen uno, no una secretaría- se encarga del entrenamiento a fondo en los llamados “centros de la excelencia”. Uno está en la Universidad Tecnológica de Jamaica, donde está basado Asafa Powell. El otro es el de la Universidad de las Indias Occidentales. Jamaica tiene apenas 2,8 millones de habitantes.

¿Qué tal si nuestros funcionarios y legisladores se ponen a estudiar esas experiencias para ponerlas aquí en práctica? ¿O debemos esperar una nueva frustración en Londres para reaccionar de una vez por todas?

En este marco, resulta curiosa la falta de cuestionamientos a los responsables máximos del deporte. No se han escuchado voces en ese sentido en el Congreso, donde sólo escuchan críticas para el titular del Comité Olímpico Argentino, Julio Casanello, o por nuestra pobreza deportiva sino por su pasado vinculado a la dictadura. Y más curiosa aún es la ausencia de planteos hacia el secretario de Deportes de la Nación, el ex futbolista Claudio Morresi, que lleva cinco años y medio en el cargo y cuya frase para definir la actuación argentina en los Juegos es sin duda para el medallero: “Si evaluamos lo que ha sido el rendimiento deportivo a través del medallero, ésta fue la mejor actuación de los últimos 60 años. Para mí fue digna y reafirmó el trabajo que venimos haciendo desde la Secretaría”. Si él lo dice…