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Domingo 18 de noviembre de 2018
OPINIÓN
Veinte años no es nada
Por María Eugenia Bernal
29 de noviembre de 2011
Antes del año 1991, en el que se promulgó la Ley de Cupo Femenino en nuestro país, la discusión que aseguraba la participación de la mujer en la vida política e institucional anticipaba la importancia de la misma.
La ley 24.012 es para las mujeres militantes del país, no importa su filiación política, la que nos instala en términos de igualdad: el posicionamiento, la no exclusión, la no discriminación, en suma, nos sitúa en el escenario político, con su juego de roles y funciones.
Es sumamente interesante revisar el comportamiento histórico de los partidos políticos con respecto a este tema. Por ejemplo, el Partido Justicialista, por historia y mandato fundacional de Eva Perón, la admiración y devoción hacia ella, generó un espacio de aceptación hacia la participación e inclusión de mujeres. Sin embargo, las barreras de los partidos, tanto del justicialismo como de la UCR, estigmatizaron en numerosas oportunidades la inclusión de mujeres por parte de dirigentes políticos masculinos, de manera tal que las militantes de ambos partidos tuvieron que unificar sus luchas para defender sus conquistas.
Repasemos la cadena de sucesos preliminares a la sanción de la 24.012:
-1985. Participación de un grupo de argentinas en el Foro de Organismos no Gubernamentales de Nairobi, clausura de la Década de la Mujer en las Naciones Unidas.
-1986. Encuentros Nacionales de Mujeres donde se genera un ámbito de discusión de cuestiones de género.
-1983-9. Las mujeres radicales comienzan a buscar soluciones al problema de la escasa participación de candidatas en las listas electorales. Congreso Nacional de Mujeres de la UCR en Santiago del Estero.
-1989. A fines del gobierno de Alfonsín se generan dos proyectos de Ley

En función de esta referencia histórica debe plantearse el trayecto e interrelación desde la Ley 13.010 –la del voto femenino-, y la 24.012, la del cupo femenino. Ambas leyes se implican y se explican por sus resultados históricos. La participación femenina no es simplemente cumplir una formalidad de tener en las listas mujeres, sino es mirar desde la perspectiva de género y accionar a partir de ella, la construcción política de liderazgos y acciones vinculadas a determinadas implementaciones.
El cupo no significa la exclusión de los hombres, ni la rivalidad con ellos a la hora de dirimir posiciones, significa que cualquier decisión destinada a la vida de los argentinos, ya sea en funciones ejecutivas o legislativas, la integración de voces (femeninas y masculinas) puedan generar un equilibrio necesario para que esas medidas sean efectivas. Este pluralismo fortalece a la democracia.
La Ley de Cupo significó también vencer la tradicional visión entre lo público, reservado al hombre, y lo privado, a la mujer, e impactó fuertemente en nuestra participación en los partidos políticos y en los lugares de poder (sindicatos, organizaciones empresariales, profesionales, cooperativas, etc.).
La “movida” -en términos muy actuales- que generó la promulgación de esta ley impactó directamente en la Reforma de la Constitución Nacional de 1994, como así también en las reformas de constituciones provinciales y otros documentos de gran valor legislativo y de organización, entre cuyos temas se abordan la igualdad real de oportunidades entre varones y mujeres para el acceso a cargos electivos y partidarios.
Cuando uno puede compartir la historia de las mujeres que estuvieron en la Cámara durante la noche de su promulgación, como mujer no puede uno dejar de sentir asombro, emoción y orgullo por esa gran batalla ganada por pocas mujeres que con total generosidad y grandeza lo hicieron para beneficio de muchas, y cuya victoria fue arrebatada al discurso hegemónico, hasta ese momento, de que no podíamos, de que a pesar de ser mayoría en los padrones electorales nuestra presencia sólo era para consolidar los votos y no para detentar un lugar de poder.
No basta tener una Ley de Cupo para garantizar la llegada de las mujeres al poder, hay que acompañar esta posibilidad con otros atributos: el de la militancia, el de formación en la construcción de ciudadanía, y en ese proceso muy complejo que tiene que ver con entender las claves de constituirnos en sujetos políticos.
Mi reconocimiento y admiración a todas aquellas mujeres que fueron y son parte de esta conquista histórica que modificó la distribución de los liderazgos a través de la participación de la mujer, tanto a nivel provincial como nacional. A Margarita Malharro de Torres, Norma Allegrone de Fonte, Florentina Gómez Miranda y Blanca Macedo de Gómez (UCR), Inés Botella (PJ), Ruth Monjardín (Partido Federal) y Matilde Fernández de Quarracino (Democracia Cristiana), firmantes de los dos proyectos presentados; a Olga Riutort, Liliana Gurdulich, Virginia Franganillo; a las mujeres de la Red de Feministas Políticas, que en 1990 estaba integrada por 15 partidos políticos, movilizadas bajo la consigna “con pocas mujeres en política, cambian las mujeres; con muchas mujeres en política, cambia la política”. A las mujeres que participaron en el 5° Encuentro Nacional de Mujeres reunidas en Río Hondo y que enviaran notas a los Presidentes de todos los partidos políticos de ambas Cámaras para la aprobación de los dos proyectos presentados (Consejo Nacional de la Mujer), a las integrantes de la Multisectorial de la Mujer que nucleaba grupos feministas, militantes de partidos políticos e integrantes de organizaciones de la sociedad civil y a la masiva presencia femenina en la sesión del Senado y luego en la sesión de la Cámara de Diputados, que el 6 de noviembre de 1991 tomaron prácticamente el Congreso, con mujeres militantes de todos los partidos políticos, que ocuparon no sólo las galerías del Recinto, sino también las calles de alrededor.
Estas iniciativas, más la inclinación del Poder Ejecutivo a favor de la Ley de Cupo femenino, hizo que se sancione con 143 votos a favor, 7 en contra y 3 abstenciones.
Como dice una conocida propaganda, “hemos recorrido un largo camino, muchachas”, y la posibilidad de contar hoy con una mujer como presidenta nos revela que las mujeres podemos ser parte de las transformaciones socioculturales, más allá del cupo. Y para orgullo del género, y alegría de las mujeres militantes, el mejor cuadro político de la Argentina de hoy es una mujer: Cristina Fernández de Kirchner.

Diputada Nacional por la provincia de Jujuy- Frente para la Victoria-