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Domingo 16 de diciembre de 2018
INFORMES
Crónica de una expropiación anunciada
Los temores españoles se consumaron cuando finalmente Cristina Fernández anunció la toma de posesión por parte del Estado argentino de la mayoría del paquete accionario de YPF. Paso a paso, todo lo que antecedió a la medida anunciada y el recorrido que el proyecto hará en el Parlamento. ¿Qué pasaba hace 14 años en ese mismo sitio?
19 de abril de 2012
Todos se acuerdan del jueves en el que circuló fuertemente la versión de que saldría el proyecto para argentinizar YPF. La puerta por la que ingresaron en la fila de quienes dieron por hecha la expropiación la abrió la existencia de un supuesto proyecto de ley que circuló por redacciones y despachos de diputados de la oposición, que a su vez fueron los que se ocuparon de difundirlo. Sonaba raro que ese día se diera semejante anuncio. Y más que eso era anormal que el kirchnerismo se permitiese ser “madrugado” por el periodismo en la difusión nada menos que del proyecto al que todos buscaban.

Para esa tarde/noche estaba previsto un acto de la presidenta en la Casa de Gobierno, pero dedicado a los trabajadores de la carne. Toda una desprolijidad hubiera sido que Cristina Fernández anunciara nada menos que la “recuperación” de YPF por parte del Estado argentino en ese ámbito.

Así y todo la versión siguió circulando con fuerza, más que nada porque luego del acto, la presidenta se reuniría con los gobernadores de provincias petroleras. ¿Cadena nacional posterior, en horario central?, se preguntaron muchos. A las 20.30, tras esa reunión, todo lo que se dijo ese día comenzó a desmoronarse y fue la hora de los reproches hacia quienes dieron difusión durante el día a ese proyecto, convertido en una suerte de globo de ensayo.

Y en tren de interpretaciones, se dio por segura una cosa: no sería lógico que CFK anunciara algo como lo que se venía en vísperas de su viaje a Cartagena de Indias para participar de una reunión de mandatarios americanos, sobre todo con un encuentro confirmado con Obama.

No fue esa la primera vez en la que todo el mundo “se comió el amague”.

Cristina comenzó a menear este tema el 26 de enero pasado, en el primer discurso que dio en su reaparición pública tras la operación de tiroides. Había gran expectativa por lo que fuera a decir ese día, y su discurso hizo hincapié entonces en Malvinas e YPF.

A partir de entonces quedó abierta la posibilidad de que el “vamos por todo” involucrara a la petrolera. De ahí que hubiera gran expectativa con lo que fuera a decir en el acto por el Bicentenario del primer izamiento de la Bandera Argentina, en Rosario, pero ese día no hubo referencias. Las presunciones se trasladaron entonces al 1° de marzo, cuando la inauguración del período ordinario, oportunidad en la cual hasta medió un llamado del hoy convaleciente rey de España para convencer a su ahora seguramente ex amiga Cristina. En esa oportunidad, la sangre no llegó al río. Cristina le dedicó al tema apenas 1.175 palabras de su largísimo discurso.

“Uno de los temas que también deberá abordar el Poder Ejecutivo es el incremento exponencial que ha tenido la importación de combustibles en la República Argentina, producto de la terrible caída de la producción de los últimos años”, arrancó la presidenta ese día, justificando su alarma en la existencia de “gráficos que realmente impactan, porque marcan puntos de inflexión. El punto de inflexión de mayor producción de YPF se dio en 1999; el año anterior había sido desnacionalizada”.

“Cuando dirigió la empresa el señor José Estenssoro, pese a estar en mis antípodas ideológicas, debo reconocer que hizo una tarea en materia de producción que llevó a YPF a la producción más alta en 1998. Nunca se supo claramente a qué se debió su muerte. Tengo mis propias teorías que, como son teorías, no las puedo comprobar y no las voy a decir.

Si se puede ver, éste es el gráfico y ésta es la Argentina de 1970. Porque también vamos a decir la verdad, cuando se federalizó y privatizó, YPF no era de los argentinos porque ya había sido vaciada durante la dictadura con préstamos, además luego terminó presa de las empresas contratistas y de los partidos políticos de turno. Así fue cayendo totalmente su producción”.

Más adelante señaló que “la curva de caída del crudo comienza a partir de 1999 para descender en forma vertiginosa, a punto tal que el año pasado tuvimos el mayor aumento de importaciones. Si no hubiéramos tenido el aumento de importaciones en combustibles que tuvimos, la balanza superavitaria comercial hubiera llegado a 15.000 millones de dólares. Porque pasamos en el año 2010 de importar, aproximadamente, entre 300 o 400 millones de dólares, a más de 1.000 millones de dólares, únicamente en uno de los rubros de los combustibles, creciendo un 179 por ciento todo el rubro combustibles: gas, petróleo, gasoil”. En ese marco, Cristina advirtió ante la Asamblea Legislativa que “vamos a tomar como Poder Ejecutivo todas las medidas que siempre hemos tomado, para asegurar el abastecimiento de combustible a los argentinos. Y cuando hablo de los argentinos, no estoy hablando solamente de los argentinos que viajan en tren, en auto o en micro. Estoy hablando de dar también competitividad a la economía argentina, en cuento a los cotos de producción. Porque se tienen que enterar de una buena vez por todas las grandes empresas, que parte de sus utilidades se deben a los subsidios energéticos que reciben. Si no, vayan a preguntar el precio de la energía en los países colindantes. O sea, esto no lo aprovechan únicamente los usuarios residenciales, sino que también la competitividad de nuestra industria es una cuestión de defensa de la competencia, de defensa de la ley de abastecimiento y del interés de los argentinos. Y lo vamos a ejercitar con todas las armas que nos brindan la Constitución y la legislación vigentes”.

La hora señalada

Con semejantes antecedentes, se llegó a pensar que el punto de inflexión había sido el jueves del proyecto fantasma, que hablaba de la toma por parte del Estado del 50,01% de las acciones de YPF. Se percibió entonces cierto alivio proveniente desde España, donde el clima beligerante que había precedido a esas acciones pareció cambiar durante el fin de semana. Algunos pensaron en un encauzamiento de la negociación, pero el lunes todo cambió, al anunciarse bien temprano que al mediodía habría cadena nacional.

Fiel a su estilo, el kirchnerismo cumplió con la cuota de sorpresa con la que suele coronar sus principales acciones. Ese día Cristina Fernández de Kirchner anunció el envío de un proyecto al Parlamento para tomar el control de YPF. Tal como versaba el borrador que había circulado días pasados, la iniciativa declara de “utilidad pública” las reservas de hidrocarburos y expropia el 51% del patrimonio de YPF. Sólo serán afectadas las acciones de la española Repsol, que estalló en indignación, tal como se preveía.

El proyecto denominado “Soberanía hidrocarburífera de la República Argentina” contiene 19 artículos e ingresó ese mismo día al Senado de la Nación. El artículo primero establece que se declara a la actividad de la empresa “de interés público nacional”, y como “objetivo prioritario el logro del autoabastecimiento de hidrocarburos, y la explotación, la industrialización, el transporte y la comercialización” de los mismos.

En su presentación, la jefa de Estado se esmeró en remarcar que “no se trata de un proyecto de estatización, sino de recuperación de la soberanía”, ya que se respeta la constitución original de la compañía como sociedad anónima y se emprende una “conducción profesionalizada”. Además, remarcó que “somos el único país de América Latina que no administra sus recursos naturales”.

El día del proyecto fantasma se cerró, como decíamos, con una reunión de la presidenta con los gobernadores de la OFEPHI, y según pudo saber Parlamentario, varios eran los gobernadores que no estaban convencidos con lo que sucedería con YPF. Lo que se conoció el lunes siguiente los convenció más. En este sentido, Cristina Fernández destacó el valor federal de la iniciativa: “No hay Estado sin provincias”.

Del 51 por ciento de las acciones a expropiar, todas pertenecientes a la española Repsol, el 51 por ciento corresponderá al Estado nacional mientras que el 49 por ciento restante será de las provincias de la Organización Federal de Estados Productores de Hidrocarburos. Así, la composición accionaria de YPF S.A. quedaría: 26,03% en manos del Estado nacional; 25,46% en manos del Grupo Petersen (propiedad de la familia Ezkenazi); 24,99% en manos de las provincias petroleras; 15,35% son acciones que cotizan en bolsa; 7,23% en manos de Repsol.

Uno de los interrogantes que abre la medida más audaz adoptada por el kirchnerismo en sus casi nueve años de gestión es qué pasará con el grupo Eskenazi. Amigos históricos del matrimonio Kirchner, llamó la atención que después de tanto “run-run” no fueran afectadas sus acciones, lo que dio que pensar que esa amistad no estaba rota como se estimaba. Lo cierto es que Sebastián Eskenazi no está en el mejor de los mundos: le debe 3.000 millones de dólares a Repsol y ya no cuenta con los medios para pagar las acciones que compró prácticamente sin desembolsar dinero. Está claro que el Estado no tocará esas acciones, lo que dadas las circunstancias hubiera reportado ganancia para el banquero devenido a petrolero; por el contrario, lo que se espera es que el Grupo Petersen termine vendiendo su parte a quien tenga a bien asociarse con el Estado argentino, trayendo consigo el dinero que YPF necesita para comenzar a cumplir con las tareas de exploración y extracción que Repsol no hizo.

Hablamos de entre cuatro y cinco mil millones de dólares que propios y extraños coinciden en que serán necesarios para comenzar a cumplir con el objetivo de “autoabastecimiento” declamado por las autoridades.

El trámite del proyecto

Para no usar el término “exprés” que tanto incomoda a los oficialistas, digamos que el proyecto que expropia el 51% de YPF tendrá un tratamiento legislativo hiperveloz. El proyecto ingresó por el Senado el mismo lunes 16 en el que Cristina lo anunció, y los dos días siguientes fue debatido en el marco de un plenario de comisiones de esa cámara, previéndose su tratamiento y aprobación para el 25 de abril.

Según anticipó Agustín Rossi, el miércoles 2 de mayo el proyecto será debatido en un plenario de las comisiones de Presupuesto, Energía y Asuntos Constitucionales. Y un día después, el jueves 3 de mayo, “se dará la enorme alegría a los argentinos”, tales las palabras del jefe de la bancada oficialista con las que confirmó que ese día Diputados convertiría en ley la norma.

Paralelamente, la Comisión Bicameral Permanente de Trámite Legislativo, que preside el oficialista Jorge Landau, trató y aprobó el decreto que autoriza la intervención transitoria de Yacimientos Petrolíferos Fiscales y que permitió que el mismo lunes 16 las autoridades designadas tomaran posesión de la empresa en las oficinas de Puerto Madero.

Lo cierto es que el proyecto fue abordado en el Senado en un plenario de las comisiones de Asuntos Constitucionales; de Presupuesto y Hacienda; y de Minería, Energía y Combustible de la Cámara alta, que emitió dictamen tras dos días de exposiciones.

El primer día asistieron el ministro de Planificación Federal, Julio De Vido; el viceministro de Economía, Axel Kicillof; y el secretario de Energía, Daniel Cameron, pero sólo los dos primeros, designados al frente de la intervención de YPF, fueron los que hablaron para defender el proyecto.

La mayoría de las críticas hacia los funcionarios -las más ásperas- vinieron desde el radicalismo, que horas después anunciaría que votará positivamente el proyecto “en general”. El legislador jujeño y vicepresidente de la Cámara alta, Gerardo Morales, señaló: “Pareciera que hoy nos explota en la cara el problema de la falta de combustible. Hasta acá hubo connivencia, no paciencia. Repsol y Eskenazi son responsables del vaciamiento de la empresa. Pero el Gobierno, en particular el ministro De Vido y el secretario de Energía, Daniel Cameron, son los corresponsables del vaciamiento de YPF”.

Su compañera de bancada Laura Montero aseguró que “el destino de YPF va a golpear muy fuerte a la provincia de Mendoza; si no se administra correctamente, y a mí lo que me ha demostrado objetivamente esta gestión, es que se han llevado puesto el sistema energético nacional y que se han llevado puesta la producción de hidrocarburos nacional”.

En el desempeño de los funcionarios quedó claramente expuesto qué postura había prevalecido durante todo el proceso que desembocó en el alumbramiento del proyecto expropiatorio. Siempre se dijo que la propuesta de Kicillof era la más radicalizada, en contraposición con las posturas más moderadas de De Vido, quien a la postre fue el ministro que el mes que viene cumplirá 9 años de gestión al frente de una cartera que fue la encargada de controlar lo que hoy le reprocha a Repsol.

En las exposiciones ante el plenario, el joven viceministro de Economía llevó la voz cantante, aunque su superior jerárquico fuera el que gritaba más fuerte. De origen marxista -caracterización que le valió al columnista Carlos Pagni una fuerte reprimenda presidencial- Kicillof es un economista de tendencia neokeynesiana de 41 años que llamó a reflexionar sobre “el daño que puede generar YPF en manos de capitales extranjeros. Es necesario que los objetivos de YPF estén en línea con nuestros objetivos”.

Con respecto a las fuertes críticas recibidas del mercado internacional, el vice de Economía destacó que la compañía petrolera corresponde a un “gran grupo económico” cuyos intereses están “lejos de las necesidades argentinas”. Incluso, redobló la apuesta: “Nos han desabastecido para quebrarnos las muñecas”.

La participación estatal en el sector privado que administra el sector energético de otro de los puntos claves defendidos por Kicillof: “Lo que han hecho los demás países es controlar a través de una actividad regulatoria desde el Estado a las empresas petroleras”.

En este sentido, el funcionario remarcó los esfuerzos por desarrollar un “modelo de reindustrialización que tiene por objetivo el autoabastecimiento del mercado interno”. Y aclaró, ante temores del mercado, que ello “no significa costos industriales y empresariales. Asimismo fue por más y desafió a los grupos económicos transnacionales: “Queremos que nos dejen tranquilos para seguir crecimiento y no someternos, a las intromisiones del FMI”.

Refiriéndose directamente al titular de Repsol, Antonio Brufau, lo desafió: “Vamos a producir más” y lo responsabilizó de la “sistemática” reducción de la producción. Además advirtió: “Vamos a asegurar rentabilidad a YPF pero no a costos de poner tarifas que quiebren a las empresas”, en clara alusión a la política de precios.

A su derecha se ubicó el ministro de Planificación Federal, quien defendió férreamente la iniciativa que plantea la expropiación del 51 por ciento de YPF, a la que calificó como “histórica”. De Vido aseguró que “la máxima de YPF va a ser gas, petróleo y trabajo”, y destacó: “Tenemos reservas importantísimas, las terceras del mundo en materia de reservas de gas no convencional”.

El funcionario señaló que es fundamental considerar el “autoabastecimiento de combustible como una producción de interés público”, y agregó que “tanto la producción como el precio” deben dejar “de estar condicionados por el accionar de empresas locales y de los movimientos del mercado externo”.

Por otra parte, De Vido criticó al grupo Repsol, detallando que las inversiones en los últimos años fueron “insuficientes para una demanda continua doméstica creciente”, y dejó en claro que “es mentira que no habrá compañías que quieran invertir en el país”.

Sonó más convencido y convincente el funcionario egresado del Colegio Nacional de Buenos Aires, seguramente porque quienes escuchaban al ministro De Vido no dejaron de recordar sus encendidas réplicas a los que advertían sobre un colapso energético, e incluso aquella emblemática frase que anticipaba que “va a llover gasoil”.

Muchos observadores advertían estos días que esto que acaba de suceder no hubiera tenido lugar con Néstor Kirchner vivo. Aseguran que Cristina aprendió de su esposo a estirar la cuerda al máximo, pero con la diferencia de que él a último momento forzaba a su “rival” a negociar en las condiciones más convenientes. Y remarcaban que con él vivo, los jóvenes camporistas tendrían un lugar expectante pero no de tanta relevancia.

Debe haberles hecho ruido a muchos de los oficialistas de la vieja guardia el papel de Kicillof, a quien hasta ese martes el gran público no le conocía la voz. Estaba a su derecha un hombre emblemático del kirchnerismo, mano derecha de Néstor Kirchner desde sus tiempos de gobernador santacruceño. El contraste era notorio y marcaba claramente qué tendencia fue la que se impuso en un gobierno cada vez más cristinista que kirchnerista.