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Jueves 19 de septiembre de 2019
OPINIÓN
Erran quienes tildan como imprevisible al kirchnerismo
Por José Angel Di Mauro
1 de septiembre de 2013
La eterna gratitud xeneize hará difícil que los hinchas le reprochen a Carlos Bianchi por la falta de buenos resultados en esta tercera etapa en la institución. Lo máximo que se permitirán algunos será tal vez reconocer -en privado- que el tiempo no ha pasado en vano y que el técnico pareciera empecinado en planificar la actualidad con los elementos de un pasado virtuoso. Dueño de una reconocida soberbia, el DT de Boca busca replicar los éxitos de su pasado glorioso con las fórmulas de hace una década. Por eso ve al “Cata” Díaz como un émulo del “Patrón” Bermúdez, piensa en el “Burrito” Martínez como una suerte de Mellizo Barros Schelotto o de “Chelo” Delgado, banca a Ribair Rodríguez como 5 porque le recuerda al también calvo y extranjero “Chicho” Serna, y quiere a Román Riquelme haciendo de sí mismo, como si el tiempo no hubiera transcurrido.

Si trazamos un paralelismo entre fútbol y política, nos encontraremos con un gobierno que insiste en repetir sus fórmulas en pos del éxito que supo saborear. Y que mantiene esquemas y nombres como si estuviera convencido de que esa es la fórmula del triunfo. No hablaremos de soberbia, para no hacer juicios de valor, pero sí de la insistencia de sus miembros en recordar de qué manera lograron revertir la caída en las legislativas de 2009, para tener bien presente que cuando se le auguró al kirchnerismo el principio del fin, fue el preludio de su resurgimiento pleno.

El dato vale para contraponerlo al cartel de imprevisibles que muchos pretenden darle al kirchnerismo. Con una década de trayectoria, no se entiende por qué hay quienes aún se manifiestan sorprendidos. Por ejemplo, está claro que nunca entregará la Presidenta la cabeza de un funcionario cuando el periodismo anticipe su salida inminente. Eso se hizo ya en 2007 con Guillermo Moreno, y varias veces desde entonces, repitiéndose una vez más hace apenas una semana, cuando su ausencia en la reunión de Río Gallegos hizo pensar en su caída en desgracia. Reapareció el funcionario esta semana cerrando “cuevas”, pulseando con el dólar “blue”, aleccionando a empresarios en “La escuelita” y suspendiendo a una asociación de consumidores. El hombre sigue firme.

Cuando innumerables voces pidieron la renuncia de Mariano Recalde por el tenor de un discurso emitido hace tres años y publicado en Youtube, era de manual que la Presidenta no lo echaría. Diversas fuentes coinciden en que se molestó mucho, pero lo hizo en privado; en público defendió su postura.

El cristinismo pareciera tomar como natural que las legislativas no son lo suyo, por eso avanza resignado hacia octubre actuando de modo tal de tratar de acotar los daños. Pero debiera presumirse a partir de la experiencia lo que vendrá después del 27 de octubre. Sacará en el tiempo que medie hasta la renovación parlamentaria las leyes que considere indispensables, comenzando por el Presupuesto 2014 que presentará en dos semanas, y luego el Congreso será puesto en un freezer por el término de dos años. Será un Parlamento de baja intensidad, con el mínimo de sesiones posibles y el menor protagonismo que pueda brindársele. Las acciones más severas de la oposición serán expuestas como intentos desestabilizadores. Yendo más allá en el tiempo, el gobierno dejará que no le aprueben el Presupuesto 2015 y ese reproche se escuchará una y otra vez hasta el final del mandato de CFK.

Un elemento que no tiene antecedente es precisamente la finalización del mandato presidencial en dos años. A diferencia de 2009, la cuenta regresiva se habrá iniciado cuando estas elecciones concluyan y otras figuras merecerán la mayor atención, con vistas a 2015.

Quienes aún se sorprenden por las reacciones oficiales imaginaban un gobierno elaborando el duelo hasta octubre. Por el contrario, tan previsible es el kirchnerismo que a nadie debería sorprender que trate de mantenerse en el centro del ring, buscando el protagonismo y tratando de fijar la agenda. Puede parecer que, como esta semana, se vea cediendo al clamor de la oposición, con el tema Ganancias. Para el gobierno ese es una cuestión menor, hay que recordar por el contrario cómo hicieron propio después de la derrota de 2009 un proyecto de la oposición como el “Ingreso Universal de la Niñez”, que terminó convirtiéndose en la “Asignación Universal por Hijo”. Dos meses antes de anunciarla como propia, la Presidenta había rechazado esa alternativa por cadena nacional, explicando que no alcanzaban los fondos para poner en marcha algo semejante. “Como titular del Poder Ejecutivo, quienes constitucionalmente tienen no el poder, sino el deber de administrar, necesitamos establecer estrictamente de donde vamos a transferir recursos de un sector a otro”, se justificaba el 14 de agosto de 2009. Palabras más o menos similares a las que expresaba hasta hace pocos días con respecto al mínimo no imponible, reclamándole a los “titulares” que explicaran de donde debía salir el dinero para no desfinanciar al Estado.

La idea la dio el banquero Jorge Brito en esa reunión de Río Gallegos, y la decisión final se adoptó en Olivos el fin de semana pasado, tras leer entre tres y cuatro encuestas que anticipaban una derrota más holgada en la provincia de Buenos Aires para octubre. La premura con la que salió la medida explica las correcciones posteriores, relacionadas con la fijación del nuevo piso de Ganancias. Fue orden de Cristina evitar que “pequeñeces” opacaran en lo más mínimo semejante esfuerzo. También se decidió adelantar un mes la puesta en vigencia del beneficio, anunciado originalmente para septiembre. Será retroactivo, de modo tal que durante el mes en curso ya se perciba y vuelva a sentirse en octubre, de modo tal que los votantes de octubre lo tengan más presente.

En el mismo sentido habrá que interpretar la reapertura del canje de deuda, que aprobará el Senado esta semana y convertirá en ley Diputados la siguiente. Redobla el concepto del “desendeudamiento” enfatizado siempre por esta administración, más allá de que se le recuerden al gobierno las veces que repitió que no le pagaría a los fondos buitre. En rigor, no lo hará. Ni ese mínimo porcentaje de acreedores accederá a avenirse a las condiciones de nuestro país cuando la Justicia norteamericana está por concederles la razón, ni la propuesta deja espacio para presumir que pueda tentarlos esta vez. Termina siendo una confirmación para la Corte Suprema norteamericana de que no se acatará un fallo adverso, de ahí la sugerencia al resto de acreedores para cambiar de jurisdicción para seguir cobrando.

Lo cual, de todos modos, no indica que el resto de los acreedores que no ingresaron a los anteriores canjes no vayan a aceptar finalmente la nueva oferta argentina. Muchos tenedores de esos bonos se desprendieron de los mismos y para aquellos que los compraron sería negocio ahora acogerse a la propuesta del gobierno. Un especialista sugirió esta semana que puede esperarse que un 2% de ese 7% pueda aceptar. Sería una muestra de confianza. Que como Bianchi en Boca, es lo último que el kirchnerismo gobernante espera perder.