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Lunes 23 de septiembre de 2019
OPINIÓN
El caso Rubén Contreras: cuando el poder avergüenza y atrasa
Por Gladys González
6 de septiembre de 2013
El contexto: año 2013, siglo XXI; 1 mujer asesinada cada 35 horas por violencia sexista en nuestro país; 30 niños huérfanos quedan por mes tras ser asesinadas sus madres; alrededor de 1.000 víctimas potenciales de la trata de personas relacionadas con fines de explotación sexual y laboral fueron detectadas en 2012.

En este contexto, un diputado provincial del Frente para la Victoria, de nombre Rubén Contreras, pide no cerrar prostíbulos en Santa Cruz porque ello terminaría con la “distracción” de los hombres. El legislador rechaza la iniciativa que prohíbe instalar cabarets, whiskerías, night-club y prostíbulos en la ciudad de Caleta Olivia. Y no sólo eso, también asegura que aumentarían las violaciones y los delitos sexuales si se cierran estos sitios en los que hombres, cansados y agobiados, buscan distraerse.

La frase que atrasa: “Hay una necesidad que todos sabemos, de distracción, de estar con una mujer, que es fundamental para la vida normal de un hombre”.

¿Cómo podemos justificar, ante víctimas de trata de personas o de violencia de género, que estamos luchando contra tales delitos mientras, desde el poder, un funcionario público asegura que se trata de una “distracción”? El discurso de Rubén Contreras es grave porque avala prácticas delictivas, que destruyen la posibilidad de crear una sociedad igualitaria, que alimentan erradas prácticas políticas, que ofenden a la mujer tratándola como un objeto de distracción, como una mercancía a consumir en el mercado y que pasan por alto los delitos que se esconden en los prostíbulos y whiskerías: narcotráfico, armas, lavado de dinero, explotación sexual de mujeres y niños.

Mas aún, Contreras rebaja moralmente al hombre que según él no puede “contener” sus instintos primitivos y violentos. Lanza así una suerte de amenaza contra las mujeres de su comunidad vaticinando violaciones que justifica discursivamente, casi como una necesidad natural del hombre.

Resulta esencial que estas ideas retrógradas no encuentren tierra fértil en lo público, que no se traduzcan en decisiones que pongan en juego la integridad física y psicológica de las personas. Parte de la lucha que debemos librar también está en erradicar estos discursos machistas naturalizados en la sociedad, hay un cambio cultural que debe acompañar todas las medidas adoptadas desde el Estado, las iniciativas presentadas en el Poder Legislativo y las campañas que nacen desde las Organizaciones Sociales. Cualquier política tendiente a paliar estos ilícitos queda incompleta si no se acompaña del cambio cultural. Si no eliminamos frases como la de Contreras, nuestro trabajo queda miope.

En definitiva, los dichos de Contreras simbolizan aquel pensamiento arcaico que aún considera a la mujer como el objeto de distracción del hombre, como esa “cosa” que debe relajarlo, sea éste soltero o casado. En caso de no existir estos lugares para “distenderse”, dice Contreras, aumentarán las violaciones y abusos sexuales porque los hombres tendrán que descargarse de alguna manera. Este aberrante discurso esconde, en definitiva, la creencia en la superioridad del hombre por sobre la mujer, la confirmación de una asimetría en las relaciones de poder que favorece (por supuesto) al hombre, que necesita “desahogarse” y cuyo mejor “objeto” para hacerlo es la mujer.

Los que estamos comprometidos con la causa de las mujeres, que debe ser una causa que abrace toda la sociedad, seguiremos luchando por la igualdad y en contra de la trata de personas, de la violencia de género, de los delitos que atentan contra la integridad sexual y condenando a cómplices como Contreras.

Gladys González es diputada nacional PRO.