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Miércoles 20 de noviembre de 2019
OPINIÓN
Signos de hartazgo en la relación con Uruguay
Por José Angel Di Mauro
6 de octubre de 2013
Es el pasado que vuelve, deben haber pensado en el gobierno cuando se encontraron con un regreso a 2006, en los comienzos del diferendo con Uruguay por las pasteras, que se extendió en el tiempo. Entonces, el gobierno fue tomado por sorpresa y, sobre la marcha, Néstor Kirchner decidió ponerse al frente del conflicto con un recordado acto organizado en mayo de ese año con toda la parafernalia oficialista en el corazón del diferendo. Uno de los gobernadores que precedieron en los discursos al entonces presidente en ese acto fue Julio Cobos.

Con su aval a las protestas entrerrianas, Kirchner no hizo nada ajeno al estilo K, acostumbrado a medir siempre la “sensación térmica” ciudadana a la hora de decidir de qué lado alinearse. Hoy el conflicto vuelve con renovados bríos y “Pepe” Mujica comienza a ser puesto por parte del kirchnerismo a la misma altura que su antecesor Tabaré Vázquez. Es curioso, el gobierno K celebró vivamente la llegada al poder del Frente Amplio en Uruguay, y hasta hizo lo que estuvo a su alcance para contribuir en ello; luego la relación con Vázquez terminó de la peor manera por Botnia, y con Mujica se reanudó el idilio, que ya en los últimos tiempos venía esfumándose. Exactamente dentro de un año habrá elecciones en ese país y seguramente volverá Tabaré Vázquez. Igual, cualquiera fuera el presidente el gobierno kirchnerista no tendrá una relación armoniosa.

Los mandatarios de ambos países se vieron precisamente esta semana en el acto del bautismo de la embarcación “Francisco Papa”, de Buquebús. Hubo una reunión bilateral ese mismo día que no terminó de la mejor manera y que, cuentan testigos, tuvo momentos muy calientes, con fuertes pases de factura. Cristina se habría descargado contra Mujica en un tono muy elevado, que dejó a su par muy consternado. Al final, el habitualmente cauteloso Mujica terminó haciéndole caso a quienes le reclamaban endurecer su posición ante nuestro país. De hecho, el clima imperante en la vecina orilla respecto de la Argentina se notó claramente con el cariz de las notas y comentarios publicados en los medios uruguayos estos días. Reflejan claramente, sino el sentimiento del pueblo, al menos el pensamiento de sus políticos con relación al gobierno argentino.

Empero, lo de las pasteras no es el centro de la mala relación, sino el emergente. Las trabas a las importaciones de parte de nuestro país son las que han generado el clima de hartazgo en nuestros vecinos.

Políticos al fin, en el gobierno argentino se preocupan por la manera como repercutirá en términos electorales este conflicto. Piensan que no afectará y que, por el contrario, pondrá en apuros a la oposición a la hora de tomar posición. No es lo que piensa la dirigencia opositora, que más allá del eje del diferendo, hará hincapié en la incapacidad oficial de mantener buenas relaciones sino no con el resto del mundo, al menos con nuestros vecinos más entrañables.

El gobierno analiza de qué manera el tema puede afectar a un gobernador al que quiere proteger, pues ve como un candidato sucesor ideal: Sergio Urribarri. El mandatario entrerriano es uno de los kirchneristas que quedó mejor parado en las PASO, pero el conflicto por la pastera podría llegar a afectar esa buena performance. Quien se frota las manos es el dirigente rural y candidato a senador Alfredo De Angeli, que en su momento participó de las movilizaciones con los asambleístas, y hoy disputa voto a voto la senaduría por la minoría con el candidato radical.

Si bien se tiene presente que en su momento el conflicto por Botnia no dejó bien parado al entonces gobernador Jorge Busti, el gobierno piensa que no necesariamente ahora Urribarri podría resultar afectado, pues es una cuestión que no ha pasado por sus manos. Por el contrario, el tema bien podría llegar a darle un nivel de exposición importante que contribuya a hacerlo más conocido a nivel nacional, su punto débil.

Independientemente del heredero en el que el kirchnerismo esté pensando, quien se siente como tal es Daniel Scioli, que está forjando una alianza con los gobernadores que espera le brinde el respaldo suficiente ante la eventual apatía hacia su persona de parte del gobierno nacional. El mandatario bonaerense viene elevando su perfil desde que aceptó ponerse la campaña bonaerense al hombro -cosa que sabe tendrá su costo tras el resultado del 27 de octubre-, y el pico fue cuando esta semana encabezó la reunión del Consejo Nacional Justicialista, al que quiere reflotar para la transición hasta 2015. En el ínterin ha dado un paso más, al viajar a las provincias para hacer campaña por los candidatos locales. Eso se llama sembrar para su proyecto presidencial.

Es también lo que le han pedido algunos candidatos a Sergio Massa. En momentos en que el peronismo está realineándose de cara al 28 de octubre, muchos candidatos buscan reforzar sus posibilidades mostrándose cercanos al líder del Frente Renovador. Con la obsesión de no cometer errores cuando la nave está enderezada hacia su primer gran objetivo, el intendente de Tigre prefiere moderar esa exposición y mantener los pies dentro del plato bonaerense; no quiere que su presencia en algunas provincias pueda ser tomada como una suerte de “invasión”, que disguste a los gobernadores a los que tendrá que seducir en el futuro.

Su rival directo, Martín Insaurralde, hace lo que puede para tratar de que la brecha con el primero no se estire demasiado, pero admite en privado que cuando la ola viene en un sentido determinado, nada puede revertirla.

El inicio de la publicidad de campaña en la TV mostró al intendente de Lomas omnipresente: está en todos los cuadros, exactamente todo lo contrario de la primera publicidad del FpV bonaerense para las PASO, que mostraba fundamentalmente a la Presidenta y sólo una vez al candidato. Hoy el que debe hacerse cargo de su suerte es él mismo, y por eso los publicistas buscan mostrar lo más importante que puede presentar, que no es exactamente Jessica Cirio, sino su gestión al frente de Lomas. O Lo +, como a sugerencia del publicista Ernesto Savaglio se “venderá” al municipio, aunque el signo más remita también a Sergio Massa.

Con un estilo más cercano al de Daniel Scioli, el candidato es pura sonrisa en las publicidades. Precisamente el spot con el que debutó en este tramo final de la campaña se llama “Buena onda”.

En la oposición, el Frente Progresista Cívico y Social busca reforzar su campaña también en este tramo final, mostrando junto a sus principales candidatos, Margarita Stolbizer y Ricardo Alfonsín, a figuras como Hermes Binner y Julio Cobos. Alfonsín incluso esta semana dejó claro que no volverá a ser candidato presidencial, por si alguno pensaba que el resultado de estas elecciones podría reavivar el deseo que se le aguó en 2011. Tiene sentido lo del Frente Progresista: en las PASO consiguió un importante porcentaje de votos que lo mantiene a nivel nacional como la segunda fuerza. Y un par de puntos más en la Provincia engrosarían esos valores, posicionándolo como la alternativa no peronista para 2015.