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Miércoles 13 de diciembre de 2017
OPINIÓN
Estévez Boero (1930-2000)
Por Roy Cortina. El legislador socialista recuerda al fundador del Partido Socialista Popular, al cumplirse un nuevo aniversario de su fallecimiento.
3 de febrero de 2014
Este 3 de febrero socialistas de todo el país recordamos a Guillermo Estevez Boero. Hace 14 años fallecía, dejando al socialismo sin la mente más lpucida de la segunda mitad del siglo 20.

Yo empecé a merodear al viejo Partido Socialista Popular en las postrimerías de la última dictadura, en la juventudes secundarias; pertenezco a las últimas generaciones que se sumaron al partido cautivadas por su personalidad. Por supuesto abrazábamos la idea del socialismo, de un método de militancia, de una mística, de un entusiasmo por hacer crecer la idea de un Partido Socialista en Argentina. Amábamos militar y estudiar, pero vaya paradoja de una idea tan colectiva como es la del socialismo: creo que sin Guillermo hubiera sido imposible o quizá muy difícil que el PS hubiera llegado donde llegó.

Guillermo era el gran motor que hacía funcionar todo, con su ejemplo, sus análisis, su simpatía, su rigor y su optimismo. Creo, sin temor a equivocarme, que salvó la vida de muchos jóvenes que en el medio de la vorágine de la década del 70 pudieron haber elegido un camino de atajos, que llevaron inexorablemente a la violencia y a la muerte de miles de militantes de otras fuerzas políticas. Cuidó durante la dictadura al PSP y al MNR minuciosamente, compañero por compañero. Desarrolló un sentido de la responsabilidad, de la prudencia y al mismo tiempo de la abnegación, que hicieron del PSP una rara avis en la izquierda argentina y porqué no mundial.

Guillermo era un gran entusiasmador y un analista sereno. Era el compañero de los grandes discursos, de la estrategia, la mayoría de las veces correcta, y también el que te sorprendía, cuando bajaba del escenario y dejándote mudo te preguntaba por un problema personal que él sabía que tenías, para aconsejarte, para alentarte. Y uno se quedaba más mudo aún, cuando 3 días después o a la semana te llamaba de nuevo por teléfono para ver como seguía todo. Así a lo largo y a lo ancho del país, día tras día, año tras año, sin celulares, sin internet, con un cerebro privilegiado y un corazón inmenso.

El partido comenzaba a funcionar cuando él se despertaba y llamaba a todas las federaciones que pacientemente ayudó a construir, a las 6 de la mañana. Y si te encontraba dormido te decía "qué haces a esta hora dormido mientras el imperialismo no descansa!!”. Su voz ronca, y su implacable ironía hacían que abandonaras todo por el socialismo.

Su cultura era increíble, pacientemente estudiaba sus amados libros de donde sacaba síntesis y argumentos para discursos y documentos rigurosos pero también románticos, con frases inolvidables. Debo decir que desde su muerte, nunca nadie más en el socialismo me generó interés cuando escucho un discurso. Los que tenemos más años, tenemos que ser sinceros: nunca más vimos las caras de asombro, de entusiasmo, de silencio glacial para escuchar la prosa política del gran maestro de almas militantes.

Guillermo dio dos grandes batallas ideológicas políticas en las que triunfó, y una tercera que la inició, pero no llego a verla.

Primero dio un debate fundamental sobre la necesidad de vincular el socialismo con la Nación y triunfó. El PSP jamás fue un satélite de la entonces Unión Soviética y desde allí en adelante bregó por una síntesis que rescatara las raíces nacionales del socialismo argentino y de Latinoamérica.

Luego llevó el partido a una comprensión de la categoría "Democracia" de la que en su momento no era común en la izquierda del mundo. Guillermo nos enseñó a pensar la democracia, no como un instrumento político circunstancial, sino como un contenido imprescindible del socialismo. Paso a paso nos fuimos alejando del partido esquemático de cuadros, que pensaba en imaginarias tomas de palacios de Invierno, para dar paso a concepciones más democráticas que nos emparentaron con los partidos socialdemócratas de todo el mundo. La cultura mezquina de izquierda queda quizá como un remanente poderoso todavía en nuestro seno, pero la democracia, la renovación y la discusión interna se abren paso indetenibles, frente a la cultura de secta en la que quedaron muchos partidos casi como detenidos en el tiempo, antes de la caída del Muro de Berlín. Ese avance se lo debemos a Guillermo.

Por último, fue el que pacientemente tejió con mucha grandeza y dedicación el reencuentro de todas las corrientes del PS Argentino que desembocaron en lo que el finalmente no pudo ver: la reunificación del Partido Socialista en el año 2002.

Este es mi muro y quizá haga este comentario desde mi vivencia personal, pero estoy seguro que muchos compañeros de mi edad van a saber entenderme. Sin Guillermo el socialismo no me hubiera cautivado como me cautivó. Le estoy profundamente agradecido, porque como decía su querido y admirado Deodoro Roca, a veces “buscando un maestro encontramos un mundo”.

Estévez Boero fue un mundo nuevo para muchos de nosotros, por eso su tumba, tiene la mejor ubicación que pueda anhelar un militante: la memoria de sus compañeros.

Gracias Guillermo.