BUSCAR FACEBOOK TWITTER
Martes 23 de mayo de 2017
INFORMES
Lilita juega su juego
Cofundadora de Cambiemos, la diputada mantiene una relación muy particular con el Gobierno. Lo defiende a ultranza, pero no deja de generar ruido hacia adentro y hacia afuera con las disidencias que no suele ocultar. Su desafío es lograr convivir con sus socios políticos, y el del presidente administrar las diferencias de una aliada que le ha resultado valiosa.
9 de septiembre de 2016
En una semana en la que su contrafigura estuvo en el centro y pináculo de la escena, Elisa Carrió no podía haber tenido mejor compensación. En efecto, esa había sido la semana de mayor trascendencia política y mediática de Margarita Stolibzer, que en días consecutivos fue recibida por Mauricio Macri en Olivos; ovacionada en el congreso massista de Parque Norte en la jornada siguiente, y al tercer día figura central en la presentación de su libro “Yo acuso”, reuniendo a una verdadera multipartidaria a su alrededor. Allí nuevamente estuvo con Sergio Massa, pero también asistió María Eugenia Vidal, entre tantos otros. Y cerró la semana cenando con Mirtha Legrand.

Lilita, que desde hace años viene enemistada con quien fuera en su momento su aliada y con la que ahora pareciera rivalizar en cuanto al rol fiscalizador de la política, tuvo también una semana muy activa, aunque en un rol secundario. Pero su compensación llegó el fin de semana, cuando estuvo como invitada estelar nada menos que de Susana Giménez. Así, un espacio que normalmente es dedicado por la diva a figuras de renombre del espectáculo, fue protagonizado esta vez por la legisladora que desde hace dos décadas mantiene un protagonismo central en la política argentina. Con más o menos votos, pero siempre polémica y frontal.

Como bien recordó en su paso por el living de Susana, Elisa Carrió lleva dos décadas metida en la política. Pronta a cumplir 60 años -aunque si fuera por ella, ya los tendría desde el año pasado, cuando en plena elección se proclamó sesentona y feliz de serlo-, ingresó a la política de grande y a instancias de su padre, un radical amigo de Raúl Alfonsín. Irrumpió de inmediato en la política grande con un discurso memorable en la Convención Constituyente y desde entonces no se bajó más del primer plano. Aunque alternó momentos de mayor exposición, con aquellos en los que a fuerza de elecciones adversas tocó su piso, llamándose entonces a retiros estratégicos.

No fue fácil para ella, por ejemplo, recuperarse del traspié sonoro que sufrió en 2011, cuando en una fórmula “pura” que integró con Adrián Pérez -a quien suele recordar como una suerte de “hijo” y de todos los políticos que se fueron de su lado, seguramente la partida que más lamentó- consiguió apenas un 3,07% en las PASO (689.033 votos), que fueron el preludio de su fracaso en las presidenciales, donde perdió la mitad de esos votos y sacó apenas el 1,82%, quedando última detrás de Jorge Altamira.

Dijo entonces poco menos que la política se había acabado para ella, que así lo había decidido la gente y se alejó de la conducción de la Coalición Cívica-ARI, aunque siga siendo su líder. Esa fue la elección del 54% de Cristina Kirchner-Amado Boudou, y así como buena parte de la gente que lo votó lamentó con el tiempo el precio de haberle dado semejante poder al kirchnerismo -que llevó a la entonces presidenta reelecta a balbucear cuatro meses después su emblemático “vamos por todo”-, Carrió tomó el resultado como una anomalía. Debe haber interpretado que lo que le faltó a ella, le sobró con creces a su rival Cristina Kirchner, y que la gente ya debía haberlo advertido, de acuerdo con las encuestas que marcaron un desplome de la imagen del Gobierno Nacional posterior a la elección, sobre todo tras la tragedia de Once.

Con el libre albedrío que se autoasignó a partir de haber tocado fondo, Lilita volvió a explorar alianzas diversas y armó un experimento electoral en la Ciudad de Buenos Aires, desafiando ya no al kirchnerismo, sino al Pro, con la alianza Unen. Sumó a Fernando “Pino” Solanas y se unió en un mismo espacio a radicales y socialistas, pero con una clara consigna: “Juntos pero no revueltos”. Así fue que cada sector armó sus listas y utilizaron las PASO como hasta entonces nadie lo había hecho, generando una atractiva elección que a la postre les dio la victoria. El espacio Unen fue en la Capital Federal el más votado, alzándose con el 35,51%, con 150 mil votos más que el Pro, que alcanzó un 27,56%. Ese fue el resultado para Diputados, donde Lilita era cabeza de la lista Coalición Sur dentro de Unen; para el Senado también ganó Unen las PASO, pero por apenas medio punto. Encabezaba la lista del Pro nada menos que Gabriela Michetti.

En las elecciones generales, el Pro puso las cosas en su lugar, ganando ajustadamente la elección para diputados (34,46% a 32,21), pero repartiéndose en partes iguales diez diputados con Unen; mientras que para el Senado Michetti le sacó 12 puntos de ventaja a Solanas, que a su vez cumplió el objetivo de relegar al tercer lugar al Frente para la Victoria dejando así a Daniel Filmus fuera del Senado.

Elisa Carrió corroboró una vez más que su fuerte son las elecciones legislativas. De las cuatro presidenciales en las que participó, alternó más malas que buenas, y nunca fue considerada por la ciudadanía alternativa de poder. Es la primera en reconocerlo.

Solo una vez había sido oficialista. Fue cuando la Alianza llegó al poder en el 99, y su compromiso con el gobierno de Fernando de la Rúa duró poco más de un año. Tras múltiples desavenencias, terminó yéndose del bloque radical de diputados a fines de marzo de 2001, luego de oponerse con vehemencia al proyecto oficial que le otorgaba poderes especiales al Poder Ejecutivo, tal cual reclamaba el ministro de Economía Domingo Cavallo. Por entonces salió a criticarla sin pelos en la lengua el entonces senador nacional José María García Arecha, que le atribuyó a Carrió privilegiar “más sus intereses o proyectos personales que los del conjunto del pueblo”, y pidió que no se utilizaran “estos difíciles momentos para amenazas grandilocuentes o renuncias rimbombantes como la de la diputada Carrió”.

Todo es “grandilocuente” o “rimbombante” en Lilita; se la toma o se la deja. Pero García Arecha no fue el único senador con el que se malquistó. El último -por ahora- fue precisamente quien llegó a su banca “gracias” a ella, como Carrió suele decir, sin exagerar: Fernando “Pino” Solanas. Como todas sus construcciones y alianzas, terminaron en jirones, pero en este caso por una cuestión estratégica. Después de la experiencia favorable de Unen, se pensó que desde allí podría surgir la antítesis capaz de confrontar y derrotar al kirchnerismo en 2015. Pero la visión estratégica de Carrió alcanzó para verificar que la propuesta de una gran PASO nacional ahora entre cinco candidatos -los radicales Ernesto Sanz y Julio Cobos, el socialista Hermes Binner, “Pino” Solanas y ella misma- se diluía en la contienda y nada tenía que hacer ante dos candidatos opositores ya instalados como Mauricio Macri y Sergio Massa. En realidad, lo que podía hacer era restarle a un candidato opositor chances para vencer al del Frente para la Victoria, quien quiera que fuese.

Fue cuando ella y el mendocino Ernesto Sanz comenzaron a hablar de la posibilidad de incorporar al Pro a un eventual acuerdo electoral. Sonó extraño y pocos lo creyeron; no tanto por el entonces jefe del radicalismo, más cercano a las ideas de Macri, pero sí por Lilita, que nunca había mostrado puntos de contacto con el jefe de Gobierno porteño. Pero la idea fue madurando y al cabo Carrió propuso abiertamente incorporar al Pro al Frente Amplio Unen. El episodio bisagra se produjo a mediados de agosto de 2014, durante el lanzamiento porteño de Unen, en momentos en que el senador Solanas promediaba su discurso de cierre. “Pino” dijo que en esa alianza no había espacio “para los ajenos y para la derecha moderna”, ante lo cual Carrió se levantó, tomó su cartera y se marchó.


“Fue un gesto de intolerancia y una grosería que no le ha hecho bien a nadie, y menos a ella”, reflexionó luego “Pino” Solanas. La diputada evitó hablar con la prensa sobre el tema pero al día siguiente rompió el silencio a través de Twitter. “Soy sólo una diputada de la Nación, que quiere defender al pueblo de la Nación, cualquiera sea su ideología. La verdad es que cuando la miseria llega, no pregunta si es radical o macrista. Llega y llega para quedarse”, sostuvo la líder de la Coalición Cívica a través de su cuenta de Twitter. Y concluyó: “Yo quiero la unidad de la República, con el espacio más amplio posible. La República en la decencia”.

Pero la líder de la CC no se fue entonces de Unen; siguió insistiendo desde adentro para abrirle las puertas al Pro, y en ese contexto apuntó contra quienes se oponían a una gran interna opositora, como Julio Cobos y Hermes Binner, al señalar que “pareciera ser que tienen acuerdos por abajo con sectores del PJ”.

“Esta estrategia a nivel nacional es poder juntar a más del 50 por ciento de los argentinos que no son del PJ. Los que nos plantean solo Unen, pareciera ser que tienen acuerdos por abajo con sectores del PJ”, subrayó la referente de la Coalición Cívica-ARI. En efecto, tanto Cobos como el líder socialista eran refractarios a la posibilidad de abrirle las puertas a Macri, en tanto que Sanz se mostraba proclive entonces a incorporar además del Pro, al Frente Renovador en esa gran interna.

El portazo lo dio recién en noviembre, cuando bajó su precandidatura presidencial anunciando que solo pelearía por la presidencia si el FAUnen aceptaba incorporar al Pro. ¿Qué había pasado? La cumbre radical de San Fernando, donde se acordó descartar un acuerdo nacional con Macri o Massa.

El último día de enero de 2015 rubricó en solitario el acuerdo con Macri, al anunciar a través de las redes sociales que ambos competirían en las PASO con el fin de construir “una alternativa competitiva frente a los que gobiernan hace décadas”.

Dieron a conocer además un documento en el que expresaban que “nos duele la realidad de nuestro país. Pero nos llena de esperanza saber que este año las elecciones nos dan la oportunidad de lograr un cambio”, y agregaron el deseo de “que haya una alternativa competitiva frente a los que nos gobiernan hace décadas”.

“Creemos que el cambio no debe ser cosmético, sino un cambio profundo que nos lleve a ser un país mejor”, agregaba el documento que abogaba por “un país con república, paz, unidad, certezas y prosperidad económica y social. Con instituciones sanas que permitan proyectar el futuro”. Por eso, señalaron, “sellamos la unidad y competiremos en las elecciones internas abiertas para que ustedes puedan elegir cuál es la mejor propuesta, sin que nadie pierda su identidad”.

Lo demás es más reciente en el tiempo. A Ernesto Sanz le correspondió la difícil tarea de incorporar a su partido a ese acuerdo con el Pro y la CC-ARI, para confluir en una interna entre tres, con final cantado. Carrió, en compañía del exdiputado nacional Héctor “Toty” Flores, cumplieron el papel de partenaires junto a Sanz, que compitió junto a Lucas Llach, contra la fórmula Macri-Gabriela Michetti.

La hora de los cortocircuitos

Conforme sus antecedentes, no son pocos los que sostienen que la ruptura de Lilita Carrió con Cambiemos es cuestión de tiempo, pero inexorable. No es precisamente lo que expresan precisamente los dos protagonistas de ese acuerdo, ella y el presidente, que dicen llevarse de maravillas. Macri, en su renovada onda zen, apela como salida a las zancadillas que periódicamente le da su socia a aclarar que él respeta la diversidad de opiniones.

Lo cierto es que Lilita lo puso a prueba aun antes de asumir. Una semana después del balotaje, desde la mesa de Mirtha Legrand lanzó su primer desafío: “Hay personas que no entiendo por qué están y se lo preguntaría a Mauricio Macri. De todos modos, él ya dijo que esto es prueba y error”, puntualizó, y apuntó su dedo hacia el presidente de Boca, Daniel Angelici, sobre el que advirtió que se estaba reuniendo con jueces y fiscales, y le pidió a Macri “que lo retire”. Empero, no quiso abundar en el tema porque hablaría de ello personalmente con el presidente electo.

El papel de Lilita durante el gobierno de Cambiemos alternó denuncias muy gruesas, con declaraciones estridentes, nunca fue políticamente correcta. Defensas férreas, con críticas que en general excluyeron al presidente, pero tampoco omitió cuestionamientos a las políticas oficiales.

La primera prueba de fuego fue el polémico DNU por el cual Macri designó a dos nuevos jueces para la Corte Suprema, a los pocos días de asumir. Ahí Carrió se llamó a silencio, y recién unos días después se expresó a través de un comunicado en el que anunciaba que presentaría un proyecto de ley para evitar que se hicieran nombramientos de magistrados sin el aval del Senado. El que sí se refirió luego al tema fue su mano derecha, el diputado Fernando Sánchez, quien aclaró que su partido no hubiera designado jueces por decreto y cuestionó la posibilidad de que el presidente tomara medidas sin intervención del Congreso.

Preocupada especialmente por los temas de la provincia de Buenos Aires, donde querría competir electoralmente, Carrió reaccionó fiel a su estilo cuando la fuga de los Martín Lanatta y los hermanos Schillaci: advirtió que las mafias en la provincia buscaban condicionar a la gobernadora María Eugenia Vidal, cargó contra Aníbal Fernández, y pidió investigar la responsabilidad en la fuga del exministro de Justicia de Daniel Scioli Ricardo Casal.

El Día de Reyes estalló por la designación de Ricardo Echegaray como presidente de la Auditoría General de la Nación, advirtiendo por Twitter que no sería “cómplice” de ese nombramiento. Y sin medias tintas, disparó: “Hubiera sido más ecuánime y menos arbitrario haberlo designado al ‘Gordo’ Valor o a Barreda, antes que a Echegaray”. El enojo fue contra los presidentes del Senado y Diputados, Gabriela Michetti y Emilio Monzó, por haber oficializado la propuesta del FpV. “Con @mauriciomacri tengo una excelente relación, pero todo #Cambiemos sabía y sabe que nunca voy a ser cómplice”, tuiteó Lilita.

Tras ello, hizo con Fernando Sánchez una presentación legal contra Echegaray, aduciendo que la ley de la AGN establece que los auditores no pueden tener causas abiertas en trámite.

Muy activa en el verano, la diputada de la Coalición Cívica radicó el 13 de enero una denuncia contra nada menos que el presidente de la Corte Suprema por “enriquecimiento ilícito”. La denuncia apuntaba contra Ricardo Lorenzetti y el secretario general de Administración de la Corte, Héctor Daniel Marchi, sobre “un sospechoso ocultamiento de activos financieros en el exterior del país por parte del presidente de la Corte Suprema”, y en ese sentido presentó documentación de la AFIP de donde surgía la percepción por parte de Lorenzetti de rentas provenientes de un plazo fijo constituido en la filial estadounidense del banco suizo Credit Suisse. Ya al frente de la Corte Suprema, Lorenzetti regularizó las rentas fiscales ocultas en el marco de la Ley 26.476 de blanqueo de capitales, precisó Carrió.

Luego fue el turno de los socialistas, con los que Carrió supo ser socia política, pero con los que nunca pudo recomponer la relación. A propósito de la fuga de los autores del triple crimen de General Rodríguez, no dejó de apuntarles a las autoridades políticas y policiales de Santa Fe, sugiriendo que todos los fugados podían haber sido capturados el mismo día y no como después se rectificó. Y no ahorró críticas contra el exgobernador Antonio Bonfatti, que le contestó con dureza, llamándola “desquiciada”. Ella redobló la apuesta diciendo que “el periodismo debería reaccionar, porque después los hombres le dicen desquiciadas a las mujeres y las matan”.

Luego fue el turno de Julio De Vido, uno de sus objetivos judiciales más preciados. El 19 de enero se presentó ante la Justicia para pedir que se lo investigara por el supuesto delito de corrupción. Fue a raíz de la confesión de un exdirector de Petrobras en Brasil, quien aseguró que por la compra-venta de la empresa Transener recibió coimas, e involucró al exministro de Planificación Federal.

Ni bien pasó la feria judicial, Carrió denunció ante el juez Ariel Lijo a Aníbal Fernández como cabeza de la asociación ilícita que habría ejecutado el triple crimen de General Rodríguez. El exjefe de Gabinete le contestó afirmando que la denuncia no tenía “otro sustento” más que “su mente corrupta y alterada”.

Pero ese mismo día Carrió volvió a cuestionar medidas de su gobierno. Fue al advertir que “aumentar las tarifas y no actualizar el impuesto a las Ganancias de inmediato se vuelve una injusticia”, y presentó en consecuencia un proyecto para elevar el piso del mínimo no imponible. Como para corroborar que su voz es escuchada en el Gobierno, al día siguiente el ministro Alfonso Prat-Gay confirmó que habría cambios en Ganancias y que la decisión estaría “en línea” con el proyecto presentado por ella.

Cuando eso sucedió -mediados de febrero- la diputada elogió la elevación a 30.000 pesos del mínimo no imponible. “Felicitaciones al presidente Mauricio Macri por el aumento del mínimo no imponible de Ganancias, que era una gran injusticia”, tuiteó.

Pero el primer duro cuestionamiento de Carrió y su partido contra el Gobierno de Macri fue a mediados de febrero, luego del anuncio presidencial sobre la eliminación de las retenciones mineras. A través de un comunicado con las firmas de Carrió y dirigentes de la CC, se expresó sin reparos el rechazo al anuncio del Gobierno, advirtiendo que a una actividad como esa “no se la puede beneficiar de manera privilegiada con medidas que impliquen transferencias de recursos del conjunto de la sociedad, ocasionando un costo fiscal considerable”.

Su siguiente encono fue con el papa Fancisco, al conocerse la noticia de que le había enviado un rosario a Milagro Sala, cuya detención Carrió había justificado con estos argumentos: “por ladrona, contrabandista y tratante de personas”. A través de una carta publicada en su cuenta de Facebook, Lilita advirtió sobre el peligro de “alimentar la violencia desde el plano espiritual”. Señaló luego: “Hay que defender al presidente de la Nación, que busca la pacificación y que fue electo por vía democrática, es preciso no generar confusión. Espero en los obispos de Argentina ya no en el papa. A Roma no voy”.

A propósito del santo padre, luego de que el 27 de febrero lo recibiera al presidente, Lilita felicitó al mandatario: “Muy bien presidente Mauricio Macri!!! Hay que separar el Estado y la Iglesia, lo digo como creyente”, escribió en su cuenta de Twitter.

Se molestó luego por el desplazamiento de Graciela Bevacqua en el INDEC, y tras reunirse con ella, publicó una serie de tuits en los que anticipó que le pediría al presidente que relevara a Jorge Todesca de su cargo y restituyera a Bevacqua, a quien definió como “una técnica idónea y una persona ejemplar”. El ministro Rogelio Frigerio salió entonces a marcarle la cancha: “Tiene todo el derecho de pedir lo que cree, pero el que toma la decisión es el presidente”.

El cortocircuito fue tal que Carrió salió a ratificar su apoyo al mandatario, aunque aclarando que Cambiemos “es una fuerza republicana en la que hay libertad para debatir las diferencias”. “En Cambiemos podemos disentir de cara a la sociedad”, explicó Carrió y agregó: “Mis diferencias forman parte de un debate necesario para la democracia, porque se terminó la era de los diputados kirchneristas que agachaban la cabeza e hicieron del Congreso una escribanía para obedecer lo que decidía Cristina (Kirchner)”.

“No estoy en contra de Macri. Yo apoyo al Presidente, pero en Cambiemos tenemos la libertad de debatir las diferencias”, concluyó.

Luego fue contra Alejandra Gils Carbó, cuya indagatoria pidió al juez Marcelo Martínez de Giorgi, para determinar la participación que le habría cabido a la procuradora “por actuar ilegalmente en el expediente por lavado de dinero contra Lázaro Báez”.

Ya en el mes de marzo reiteró sus embates contra el presidente de Boca. En el programa de Alejandro Fantino, volvió a reclamarle “no manejar la Justicia Federal”, advirtiéndole que en tal caso iría contra él. “Angelici no maneje la Justicia Federal, porque voy a ir contra usted; se lo estoy diciendo al presidente de Boca Juniors. No mantenga a (Román) Di Santo como jefe de la Federal, porque ensució el crimen de Nisman… Aunque esté en su mesa chica. Miren, yo acordé y tengo una relación excepcional con el presidente Macri, pero nunca voy a acordar con nadie la impunidad y el manejo político de la verdad y la justicia”.

Angelici evitó entrar en polémicas, negando ser un operador judicial del presidente y asegurando que no iba a los tribunales de Comodoro Py. Pero ella insistió: “Conversa con (el juez Norberto) Oyarbide para que se jubile. Ese señor tiene que ir preso por corrupto y por ladrón. Si no hay justicia, este Gobierno va a volver a robar y el siguiente también”. El tema terminó con Angelici imputado ante la justicia y hasta Oyarbide tuvo que declarar sobre el tema.

Carrió reclamó luego a la Justicia que avanzara en la causa por asociación ilícita contra Cristóbal López y los Kirchner. “Siento asco moral al ver que la impunidad continúa”, escribió en su cuenta de Facebook, para pedir luego investigar a Ricardo Echegaray por la multimillonaria evasión impositiva por parte del grupo Indalo.

A fines de marzo, Lilita cuestionó duramente al Gobierno por los aumentos de tarifas: “No comparto ajustes brutales de agua, gas, transporte en medio de tan alta inflación. No se puede ahogar a la sociedad que nos apoya en el cambio”, tuiteó la socia fundadora de la alianza oficialista Cambiemos. Y agregó: “Es cierto que hay que salir de los subsidios, pero no de esta forma, sin pensar en la sociedad que el solo título del aumento la angustia”.

Ante el tenor de la crítica, se imponía una tregua y fue lo que se buscó convocando ese mismo día no solo a Carrió, sino también a Ernesto Sanz a Olivos. “Fue una reunión dura, franca y muy divertida, excelente. Cambiemos es una fuerza que debate todos los temas”, expresó Elisa Carrió al cabo de su día de furia, que terminó en la residencia presidencial. La reunión se extendió por casi una hora y media, antes de que el presidente partiera hacia Estados Unidos, y tuvo por objeto cortar por lo sano y bajar los decibeles de conflicto que parecía vislumbrarse en la fuerza a partir de que Carrió comenzara su raíd mediático plagado de críticas hacia el Gobierno. Según trascendió, el primer mandatario pidió bajar el perfil de la tensión. Una fuente oficial señaló que “Lilita tiene que entender que hay procesos y estas cosas van a pasar, no se puede llegar a los objetivos si no se pasa por este momento”.

Asimismo se deslizó que al presidente lo molestaban las críticas de Carrió, que no eran gratuitas. “Ella respalda dos o tres medidas, pero después golpea con lo que a la oposición le gusta más pegarle al Gobierno”, se expresó.

Al día siguiente, Carrió se mostró más amigable con la administración de Cambiemos. Lo hizo durante la presentación de su libro “Yo amo la República”, en el Hotel Hilton, donde la diputada insistió en condenar a jueces federales de Comodoro Py y resaltó que “hay que obligarlos a cumplir las leyes y la Constitución y a que muestren sus declaraciones juradas”. Consultada por los aumentos en el transporte, tema que había desatado sus críticas, señaló esta vez que debieron haberse anunciado “después de que la gente lea lo que han mejorado con las decisiones que está tomando el presidente”. Se refería a las mejoras implementadas a través de los cambios en Ganancias, señaló, en tanto que sobre los despidos señaló que “hay gente que se está quedando sin trabajo porque no trabajaba”.

Sin dar muchas precisiones sobre lo conversado el día anterior en la residencia de Olivos, ironizó diciendo que sus interlocutores trataron de “amansarme”. “Fue una conversación maravillosa”, garantizó, para definirse luego como “una actriz dramática nacional de enorme envergadura, sé cuándo me enojo y cuándo me amigo”.

Los Panamá Papers

Cuando estalló el escándalo de los Panamá Papers, la reacción inicial de Elisa Carrió fue que el presidente debía “demostrar sus dichos”. Pero por la noche el jefe de Gabinete le envió los datos que certificaban que la veracidad de sus argumentos. “Macri me mostró la documentación”, queriendo dar por terminada la polémica incipiente, y remató: “No hay cuenta bancaria, no hay dinero, y está en la declaración jurada de Francisco Macri como bienes en el exterior, desde impuesto a las Ganancias”. Sin embargo, el aval de Carrió no incluyó al intendente Néstor Grindetti, de quien dijo que “no tiene explicación”, y fue más lejos al señalar que “siempre sospeché que era un corrupto y no me equivoqué”. Una de cal, y una de arena… Lilita en estado puro.

A los pocos días Carrió le pidió al presidente que no le aceptara la renuncia al juez Oyarbide, para que pudiera hacérsele juicio político “por corrupto”, y en ese marco insistió en advertir sobre un supuesto pacto con Daniel Angelici.

Y llegó la presentación de Cristina Kirchner ante el juez Claudio Bonadio por la causa del dólar futuro. ¿Qué dijo Lilita del acto de la expresidenta frente a los tribunales? “Terminó el ridículo show de la actriz nacional”. Y luego agregó: “Es bueno que recorra el mundo esta foto ridícula, para que sepan de la violencia de que nos liberamos”.

Más tarde, junto a los otros jefes de bloque de Cambiemos envió una nota a dos auditores solicitando que no hubiera reuniones de la AGN hasta el 3 de mayo, fecha en la que Ricardo Echegaray había sido citado a indagatoria en la causa de la ruta del dinero K. Paralelamente, la diputada insistía ante los presidentes de ambas cámaras con el desplazamiento de Echegaray de ese organismo.

El 23 de abril, una vez más desde la mesa de Mirtha Legrand, Carrió dio la nota denunciando que el kirchnerismo se proponía acortar los tiempos del Gobierno de Mauricio Macri. “Ellos lo que quieren es crear una situación de falta de legitimación del Gobierno, para que ella vuelva”, dijo, en referencia a Cristina Fernández de Kirchner.

La primera gran protesta gremial fue la que todas las centrales obreras organizaron el 29 de abril por el Día del Trabajador. Ese mismo día ella presentó un proyecto de ley pidiendo que gremialistas, titulares de obras sociales y de cámaras empresariales estén obligados a presentar sus declaraciones juradas de bienes. El mandoble de Lilita llegó a destino; al día siguiente, Hugo Moyano le retrucó: “¿Qué es, la fiscal de la República”.

Carrió sumó luego a su larga lista de imputados al amigo del papa Francisco Gustavo Vera, a quien vinculó con los servicios. “Carrió se enrola en los que buscan sed de venganza”, le retrucó el legislador porteño.

El 10 de mayo hizo una presentación espontánea ante el juez Bonadio, alertando que intentaban “ensuciarla”, y dijo sospechar de “una operación de inteligencia que intenta enturbiar la búsqueda de la verdad”, frente a la cual apuntó contra Ricardo Echegaray.

Las recurrentes embestidas contra el titular de la Corte Suprema tuvieron una respuesta el 19 de mayo, cuando Lorenzetti le contestó a través de un comunicado en el que dijo que “las declaraciones basadas en imputaciones genéricas, agravios, ofertas a personas para que declaren falsamente, las denuncias infundadas, las llamadas telefónicas y visitas a los jueces y fiscales exceden claramente la libertad de expresión y afectan la independencia del Poder Judicial. Debe existir un mínimo de respeto y seriedad para que las instituciones puedan funcionar”. Lejos de amilanarse, ella redobló la apuesta anticipando que impulsaría un juicio político contra Lorenzetti. Tal era el grado de virulencia que salió Marcos Peña a aclarar que las opiniones de Carrió sobre el presidente de la Corte eran “a título personal” y no reflejaban la opinión del Gobierno.

Cuando el Poder Ejecutivo impulsó el blanqueo de capitales, la diputada esbozó ciertas prevenciones, ante lo cual se informó desde el Gobierno que el propio Macri había hablado con ella para explicarle los alcances de la misma. Sin embargo la Coalición Cívica salió inmediatamente a aclarar que no aceptaría incluir a funcionarios en el plan, y que su postura era “innegociable”. El Gobierno cedió.

A mitad de año, vino su pelea con Gabriela Michetti, quien en un reportaje la había calificado de “inmanejable”. Para qué: le contestó desde la pantalla de TN, donde tras aclarar que la quería mucho a la vicepresidente, la fulminó con un “que no se exceda”. Y advirtió: “Le voy a decir algo a la vicepresidenta, le voy a decir que mejor guarde silencio conmigo (…) Que no hable más mal de mí”.

Pero al día siguiente volvió contra la oposición, denunciando nada menos que a Daniel Scioli por lavado de dinero. Y un día después, el 3 de junio, se alzó con la cabeza de Echegaray, cuando a pedido suyo la Justicia lo suspendió por tres meses en la AGN.

“Jamás voy a romper Cambiemos”, aseguró nuevamente por la pantalla de TN. Allí fue que no descartó ser candidata por la provincia de Buenos Aires, pero aclaró que “si fuera posible que yo acompañe sin estar en la boleta, sería algo maravilloso”.

Tanto martilló contra Julio De Vido, que el 23 de junio, cuando la Cámara baja trató la autorización para allanar su domicilio, ella no se quedó callada. Pero en su discurso, tiró para todos lados, al preguntarse “cuántos de los que están acá cenaron con De Vido para pedirle obra pública”.

El 25 de junio le deparó otra sonrisa, al imputar la justicia a Aníbal Fernández por una denuncia suya por enriquecimiento ilícito. Ella lo festejó publicando en las redes sociales una fotografía suya vestida de policía. Tres días después volvía a hacer una presentación pidiendo el juicio político de Gils Carbó.

Roces con Malcorra

Pareciera que Elisa Carrió tiene propensión a generar tirantez con las mujeres que tienen peso propio. Un claro ejemplo es su rivalidad con Stolbizer. Curiosamente pareciera pasarle también con Susana Malcorra. Como presidenta de la Comisión de Relaciones Exteriores de Diputados, Carrió se deshizo en elogios hacia la canciller cuando anunció que estaban preparando su presentación ante la comisión, pero cuando la misma tuvo lugar, pareció incómoda ante la presencia de alguien que la sometía a un segundo plano. A los pocos días, dio la nota al denunciar un “acuerdo secreto” entre el Pro y el FpV para no exponer a la ministra preguntándole sobre la acusación que pesa sobre ella por ocultar denuncias por abusos sexuales a menores por parte de cascos azules, durante su época de jefa de Gabinete de la ONU.

Y por si quedaban dudas respecto a cómo le cae Malcorra, se despejaron cuando se diferenció de Cambiemos durante el tratamiento en comisión de un proyecto impulsado por el kirchnerismo para que las aeronaves de bandera nacional lleven una leyenda relacionada con Malvinas. La canciller había enviado una nota a la comisión sugiriendo la inconveniencia de la iniciativa, por lo “oneroso” que representaría para el Estado, pero Carrió consideró esa respuesta “una falta de respeto” y votó a favor, a contramano de resto del oficialismo.

Nobleza obliga, habrá que aclarar que Lilita no se lleva mal con todas las mujeres de peso. Un ejemplo es María Eugenia Vidal, a quien no deja de elogiar y defender. Pero le dio un dolor de cabeza al vincular a su jefe de policía, Pablo Bressi, con el narcotráfico. La gobernadora le contestó con altura, sin confrontar: “Con Lilita estamos peleando contra las mismas mafias”. Ese mismo día la diputada denunció haber sido amenazada de muerte a través de un correo electrónico anónimo donde le advertían que la Policía Bonaerense había contratado a una banda narco para matarla.

A los pocos días, la gobernadora visitó a la diputada en su casa de Exaltación de la Cruz, donde le aclaró que no se habían encontrado pruebas que ameritaran el desplazamiento de Bressi. “Somos parte del mismo equipo y tenemos una excelente relación”, dijo Vidal sobre Lilita.

Metida de lleno en la cuestión bonaerense, Carrió reapareció tras algunas semanas de descanso luego de sufrir una baja de potasio, denunciando un “pacto de impunidad” entre “todos los partidos” bonaerenses para resguardar a Scioli. “Se han robado la provincia de Buenos Aires, no tengo dudas; el enriquecimiento de Scioli, ‘Pepe’ Scioli y (Alberto) Pérez es escandaloso”, dijo. Hablaba de un supuesto desvío de 20 mil millones de pesos del Banco Provincia.

El 4 de agosto volvió a hablarle al Gobierno nacional, al que pidió dar marcha atrás con los aumentos de tarifas y llamar a audiencias públicas, además de cuestionar los pedidos de Macri a la sociedad sobre el ahorro de energía. Cuando a los pocos días la Corte Suprema infligió un duro traspié al Gobierno con su fallo sobre las tarifas, ella expresó un encendido respaldo al Tribunal: “Empezó a funcionar la República, el fallo es correcto, la Constitución y la ley deben ser respetadas”, dijo.

Inmediatamente después volvió a generar enorme ruido en su relación con el Gobierno al rechazar las designaciones de Gustavo Arribas y Silvia Majdalani al frente de la AFI. A los pocos días, presentó un proyecto para derogar directamente ese organismo.

Completó su serie de desaires al Gobierno al recibir en su domicilio al desplazado jefe de la Aduana Juan Carlos Gómez Centurión. “Es un hombre honesto”, lo bendijo, y apuntó hacia los servicios y las mafias de la Aduana.

La sucesión de cortocircuitos con el Gobierno ameritaba paños fríos, y fue lo que buscó el presidente al convocarla a su quinta Los Abrojos, donde compartieron antes de su partida a China un asado en familia y acercaron posiciones. Al menos por unos días, pues Mauricio Macri sabe que Lilita volverá a marcar distancia en cualquier momento. Lo sabe y lo acepta. Es lo que buscó en ella cuando decidió acercársele en la campaña; más allá de la cantidad de votos que pudiera aportarle, el cartabón de honestidad de la líder de la CC fue un elemento clave para hacer un quiebre en la carrera electoral de Macri.

Los días posteriores Carrió los dedicó a redoblar sus denuncias contra Daniel Scioli, e incluir en sus embates a Sergio Massa, a quien vinculó con Ibar Pérez Corradi, lo que generó la reacción de su aliada Margarita Stolbizer. “Generalmente las denuncias de Carrió apuntan adonde deben ir, pero a veces hace una cosa demasiado genérica: mete a todo el mundo en la bolsa”, dijo la líder del GEN, y agregó: “Lo ha hecho con dirigentes radicales, del Pro, con el socialismo. Así no se hace política, construyendo desde la destrucción del adversario”. Un nuevo cortocircuito entre ambas justamente cuando unos días antes Carrió había dejado de lado sus viejas cuentas con Margarita, a quien desde el living de Susana Giménez calificó como “una buena dirigente” y elogió sus investigaciones.

En efecto, Stolbizer bien puede ser tomada como su contrafigura, por eso la busca Massa. Como si con vistas a 2019 quisiera recrear el efecto que Lilita tuvo para con Macri en 2015. Bien podrían estar frente a frente ambas en las elecciones del próximo año. O, como muchos sostienen, todavía hay un margen (estrecho) de esperanza en Cambiemos de contar con Margarita en sus filas en 2017, en función de su cercanía con Vidal.

Elisa Carrió parece muy decidida hoy a dar batalla en la arena bonaerense. Fina estratega, sabe que allí se juega el destino de su gobierno, y que ella puede tener la bala de plata para vencer al rival potencial más encumbrado para 2019. E inmanejable como es, bien podría tener las manos libres para actuar contra ese dirigente a pura denuncia, sin que el Gobierno se sienta comprometido con lo que diga. Al fin y al cabo, todo este tiempo ha dado muestras sobradas de haberse visto obligado a “administrar las disidencias”.