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Jueves 17 de agosto de 2017
OPINIÓN
La discusión por Ganancias en general repartió pérdidas
Por José Angel Di Mauro- El Gobierno salvó la ropa en el agitado debate por el impuesto a las Ganancias, pero en modo alguno puede considerarse ganador. De hecho, ninguno de los actores que protagonizaron esta discusión puede sentirse como tal. Pobre saldo de extraordinarias para Cambiemos.
24 de diciembre de 2016
Una de las cosas en las que el gobierno de Mauricio Macri se da por satisfecho al cabo de su primer año es el papel que hizo en el Congreso de la Nación. No es para menos, teniendo en cuenta el panorama adverso que se le presentaba, en minoría en ambas cámaras. Pero a la hora de mirar la mitad del vaso vacío, debe reconocer el gobierno que el resultado no ha sido tan venturoso como se pretende vender. A la hora de cuantificar las leyes aprobadas, se observa que las enviadas por el Ejecutivo son franca minoría.

Lo cual es ponderable y habla de un Parlamento bien distinto al que conocimos por lo menos durante la última década. Pero también sirve para exponer el nivel de dificultades que debió encarar esta administración también a nivel legislativo.

Y esa observación obtuvo una síntesis que bien sirve de muestra al observar los resultados de las sesiones extraordinarias convocadas por el Poder Ejecutivo. Pomposamente al cabo de un año de mucho trabajo, con sesiones múltiples y sumamente extensas, el gobierno quiso aprovechar el período en el que se tratan solamente los proyectos del Ejecutivo para ponerse más o menos al día con las leyes. Y envió en dos tandas sendos temarios que totalizaron más de quince proyectos de ley, algunos de los cuales considera de sumo interés, como el que reforma la Ley de Riesgos del Trabajo, a fin de atender la industria del juicio.

La prueba de que no fue tan bueno el año legislativo la da que de tantos proyectos solo pudo aprobar en extraordinarias tres, y dos de ellos impuestos por la oposición. Casi un espejo de lo que fue el año.

En el temario había incluido la reforma electoral, ya muerta para cuando se la incluyó en el decreto de extraordinarias; pero también estaban Extinción de Dominio y Repatriación de Bienes, la reforma del Mercado de Capitales, y la eliminación de los feriados puente, entre otros. Pero lo único que pudo aprobar fue la Emergencia Social que impulsaron las organizaciones sociales y motorizó la oposición, y la reforma del impuesto a las Ganancias, que a regañadientes debió conceder. Ambas, reiteramos, promovidas por la oposición. Y el endurecimiento de penas para delitos viales, ante la presión de las Madres del Dolor, entre otras organizaciones.

Nada de lo que pedía el Ejecutivo, que solo consiguió en el Senado media sanción para la reforma de las ART, pero la ley quedará para el año que viene; en Diputados ni siquiera tiene dictamen. Veremos.

Con todo, al filo de las fiestas, extenuados por un año legislativo agobiante y apurados para no perder los vuelos a sus provincias, los jefes oficialistas suspiraron aliviados cuando el miércoles en el Senado y el jueves en Diputados se acabó el año parlamentario, con sendas aprobaciones en ambas cámaras del proyecto de reforma del impuesto a las Ganancias. Una iniciativa que puso contra las cuerdas al gobierno hace apenas dos semanas. La eficacia como logró revertir esa situación compleja no alcanza para ocultar la impericia demostrada en toda la primera parte del manejo de la situación. Un tramo en el que sin votos suficientes ni posibilidad alguna de revertir las matemáticas, endureció su postura para marchar hacia una derrota segura y contundente en Diputados. Inédita, para más datos: los gobiernos no pierden ninguna ley en extraordinarias, simplemente porque tienen la potestad de enviar solo lo que desean. Pero está visto que esta administración está llamada a innovar en todos los rubros.

Para revertir la situación fue clave la vuelta al ruedo de las negociaciones de Rodolfo Frigerio -ausente en China cuando la discusión en Diputados-, como las otras figuras que el propio gobierno se encargó de mostrar al difundir cada mañana las imágenes de las reuniones de “coordinación” que encabezaba el Presidente. Allí se los pudo ver -entre otros- a Marcos Peña, Emilio Monzó, Federico Pinedo, Francisco Cabrera, Ernesto Sanz, y al cada vez más influyente Mario Quintana. También fue loable el papel de un ministro de los más ponderados, como el de Trabajo Jorge Triaca, dialogando con quien el gobierno debió haber arreglado de entrada, tratándose de semejante tema: la CGT. No se entiende haber hecho lo contrario, teniendo en cuenta el buen diálogo a lo largo de un año en el que contra todas las presiones los sindicalistas hicieron oídos sordos a los reclamos de paro nacional.

Los sindicalistas están del lado de los ganadores en esta discusión por Ganancias en la que en general se repartieron pérdidas. Pivoteando sobre un trípode cuya eficacia el tiempo se encargará de determinar, en el marco de la discusión se advirtieron las diferencias en su seno, cuando uno de los triunviros se cortó solo organizando un verdadero paro salvaje del transporte, que tuvo como novedad que se lo disfrazara de “asambleas”. Fue una demostración de fuerza hacia el gobierno, pero también hacia la interna sindical. Moyanista al fin, Juan Carlos Schmid sigue la ruta de su referente, que ante otros gobiernos se mostró cortándose solo en la beligerancia.

Los gobernadores prestaron también una colaboración inestimable, llamada a compensar en parte la falta de eficacia mostrada con los diputados. Desde esa Cámara el jueves en el recinto un diputado y también integrante del triunvirato cegetista, Héctor Daer, reprochó a algunos mandatarios provinciales haber “sobreactuado” sus críticas hacia el proyecto original aprobado en Diputados.

Al cabo de las negociaciones con los gobernadores, apareció otro ministro ausente en las negociaciones: Alfonso Prat-Gay. Junto a Frigerio, el titular de Hacienda dio datos de lo convenido con los mandatarios, sin ocultar cierto malestar con la situación. Autosuficiente habitualmente, esta vez se mostró medido. Preocupado por el déficit desbordado, advirtió que “la frazada es corta”. El ministro estuvo marginado de motus propio de las negociaciones en torno a un proyecto que en la intimidad admitió que no es el que originalmente redactó.

El oficialismo no pudo darse el lujo que deseaba, de congelar la imagen de “la foto del tren fantasma” durante todo el verano, y debió acudir a Sergio Massa, pues como siempre lo necesitaría luego en Diputados. Igual, Mauricio Macri sigue pensando de él lo que dijo la semana anterior, y ya se sabe que cuando el Presidente se malquista con alguien difícilmente hay vuelta atrás. Que le pregunten sino a Francisco de Narváez, a quien amnistió un par de veces, pero no una tercera; al cabo terminó rechazándolo aun cuando le hubiera servido como candidato de fuste para la provincia de Buenos Aires. Desde el gobierno dejaron de derramar lluvia ácida sobre el líder del Frente Renovador, al que no hay mejor manera de seducir que hacerlo jugar de local. Así fue como peregrinaron hasta Tigre los integrantes del grupo “coordinador”, más los diputados Nicolás Massot y Luciano Laspina. Sonriente desde la cabecera de la mesa, el tigrense apareció presidiendo una suerte de reunión de gabinete ajeno, y así se encargó de difundir su equipo… aunque el “sushi-gate” aguó el efecto. Veloces de reflejos ante las crisis, se hizo cargo del papelón Graciela Camaño, que en efecto había difundido la foto en su cuenta de Twitter tan solo para diferenciarse de su ahora enemiga Elisa Carrió, que la noche anterior había estado despotricando contra Massa en el programa de Luis Majul. Pero la misma foto fue difundida paralelamente por el equipo del líder del FR. La “crisis” terminó con el despido del innominado community manager supuestamente ejecutor del photoshopeo.

El espacio de los claramente perdedores lo volvieron a ocupar los kirchneristas, que dos semanas atrás habían acariciado el éxito imponiendo y siendo las voces cantantes de un proyecto que dañaba al gobierno. Música para sus oídos. No pudieron ratificar el proyecto en el Senado, donde por el contrario se sentaron las bases para una fractura el próximo año; y en Diputados debieron mirar de lejos el proyecto que ya les era ajeno. Volvieron a quedar recluidos junto a la izquierda, y para completar un recorrido opaco se fueron del recinto antes del debate, tras perder una votación en la que pedían cambiar el reglamento y exponer primero el dictamen de minoría. Previamente habían participado activamente durante dos horas enfrascados en las cada vez más calientes cuestiones de privilegio, esta vez monopolizadas por los incidentes en Jujuy, donde el kirchnerismo estuvo en la línea de fuego.

Cada vez más lejos de ganar votaciones, el FpV se recluye en las peleas callejeras, donde pareciera sentirse más a gusto. Contagiados tal vez de sus socios de Quebracho con los que alguna vez confrontaron desde un poder cada vez más distante.