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Lunes 27 de febrero de 2017
OPINIÓN
El despido de Prat-Gay, un tributo al credo macrista
Por José Angel Di Mauro. Inesperado por las circunstancias, más no por los rumores constantes, el sonoro recambio ministerial y la advertencia sobre posibles nuevas modificaciones sacó a ministros y secretarios de una zona de confort.
30 de diciembre de 2016
“Yo nunca me tomo vacaciones”, respondió el Presidente en el penúltimo reportaje que concedió en el año, ante la pregunta de por qué había decidido relevar a su ministro de Hacienda y Finanzas justo durante su período de descanso. Habrá que darle la derecha, habida cuenta del ajetreo de los últimos días de 2016, que el común de la gente imaginaba dedicado a los balances y el descanso, entre una fiesta y la otra. Habilitado todo a partir de la decisión presidencial de tomarse nada menos que dos semanas de vacaciones a partir de Nochebuena.

Sus críticos podrán poner en duda si son merecidas, pero sin dudas necesarias para un cuerpo como el de un mandatario que debió sobrellevar una tarea a todas luces extenuante, en un país insalubre para los gobernantes. Está fresca en la memoria la historia clínica de la anterior presidenta, y hasta el deceso de su esposo, ya fuera del poder. En el caso de Mauricio Macri, a quien se le nota claramente el trajín diario -algo similar le pasó cuando asumió como jefe de Gobierno porteño-, debió ser sometido a una operación de sus cuerdas vocales recientemente, y a mitad de año sufrió una sorpresiva arritmia. Sin contar la fisura de costilla mientras jugaba con su hija, y su operación de rodilla.

Lo cierto es que la ausencia presidencial no evitó su omnipresencia. Por el contrario, desde su retiro en Villa La Angostura ordenó la salida de Alfonso Prat-Gay. A juzgar por las versiones que circulaban insistentemente desde hacía un buen tiempo -de las que hasta Mirtha Legrand se hizo eco, incomodando al ministro en su mesa durante su última cena televisiva del año-, y que arreciaron el fin de semana, no se entendería el nivel de sorpresa que despertó la decisión. Pero está claro que las circunstancias transformaron en por lo menos inesperada la eyección de Prat-Gay. Más allá de las vacaciones presidenciales, fue en pleno cierre de un nuevo tramo del blanqueo de capitales; pero más allá del momento elegido, llamaron la atención las formas: no es común que desde el propio seno del poder se argumente que un funcionario ha sido echado, y menos aún que se ventilen incompatibilidades que hacían insostenible su permanencia. Y sin siquiera apelar al anonimato del off. Todo un tributo al credo macrista de “decir siempre la verdad”.

¿Se adelantó el gobierno temiendo que el ministro los madrugara con un portazo? Eso se dice.

Habrá que reconocer que por lo menos se guardaron las formas, pese a los argumentos descarnados. El ministro saliente fue invitado a un almuerzo de despedida con el Presidente, y se mostraron fotos amables del encuentro. Y al día siguiente el propio Prat-Gay fue autorizado a despedirse encabezando la presentación de uno de los logros que se le recordarán de su paso por la cartera: el más que exitoso blanqueo de capitales. Los otros “éxitos” fueron la salida del cepo y el arreglo con los holdouts, aunque ahí compartió cartel con Luis Caputo, uno de sus dos sucesores. En el debe habrá que poner la sequía de inversiones y la inflación mucho más elevada que el veintipico por ciento prometido.

Se entiende que en el encuentro neuquino Macri le concedió a su ya exministro la posibilidad de despedirse a lo grande. Lo hizo junto a Alberto Abad, otro pilar del éxito del blanqueo, y un caballero que aceptó participar de la presentación junto al ministro echado.

Los argumentos esgrimidos para justificar la salida de Prat-Gay revelan que la decisión estaba tomada desde hace tiempo. Y el momento de anunciarlo fue deliberadamente elegido. Las actitudes del jefe de Hacienda y Finanzas distaban del clima de “equipo” que alrededor del Presidente no se cansan de ensalzar. Prat-Gay jamás hizo esfuerzos por revertir su inclinación al individualismo, y sus colegas tenían claro que ante ellos se sentía un primus inter pares, que solo se inclinaba ante Macri, aunque también lo criticaba en privado. Esas características lo llevaban a situaciones como la expuesta públicamente en la Convención Anual del Instituto Argentino de Ejecutivos de Finanzas, a fines de septiembre pasado, cuando en momentos en que el gobierno accedía a armar la Mesa del Diálogo para la Producción y el Trabajo -concesión que debió hacer para evitar que la CGT se viera obligada a ir al paro-, Prat-Gay se animó a señalar que “si hubiéramos tenido un acuerdo con sindicatos y empresarios al inicio del año, seguramente hubiéramos tenido menos recesión e inflación”. Esa frase que ya entonces advertimos en esta columna pareció dirigida al interior del gobierno. Hoy no quedan dudas de que así fue.

La salida de Prat-Gay y el modo como se dio no implican que el Presidente haya variado una alta ponderación que tiene respecto de su excolaborador. Si hasta lamenta que no haya podido “integrarse”, y valora que en su despedida haya hablado de “continuidad”. Con el ejemplo a mano de Martín Lousteau, no pocos ven en Prat-Gay un posible adversario a corto o mediano plazo. Pero si bien el exministro se imagina algún día presidenciable, debe tener bien presente que sus antecedentes electorales no son buenos. Su última experiencia fue en la alianza UNEN, en 2013, cuando compitió para senador junto a Victoria Donda y salió tercero en las PASO, detrás de “Pino” Solanas y Rodolfo Terragno. Hace algunos meses en los laboratorios electorales de Cambiemos ponían su nombre para encabezar la lista de 2017 para diputados en Capital Federal, confrontando eventualmente con Martín Lousteau. En marzo analizarán si esa posibilidad es viable y el susodicho está dispuesto.

Hoy por hoy, el orgullo de Prat-Gay no debe estar tan mancillado a partir del hecho de que hicieron falta dos para reemplazarlo…

Su salida fue precedida por la de Isela Constantini en Aerolíneas Argentinas. Una decisión que también llamó mucho la atención. Y ambas confrontan con los antecedentes de Macri, en Boca y la Ciudad, donde se resaltaba que no era propenso a hacer demasiados cambios a lo largo de sus gestiones. De hecho, días pasados se agitaba ese recuerdo a la hora de aventar rumores sobre cambios de Gabinete. Ahora ese pensamiento ha variado drásticamente. Todo un mensaje para el resto de los funcionarios, reforzado por un Macri que en el reportaje del jueves dejó abierta la posibilidad de hacer más modificaciones. Un revulsivo para que sus ministros y secretarios salgan de la zona de confort en la que se habían instalado a partir de aquellos antecedentes.

Pero la agitación de esta movida última semana del año no se debió solo a los cambios ministeriales. La justicia hizo su generoso aporte al reactivarse sobre el final, revirtiendo una pereza en la que había entrado el último tiempo, y la destinataria fue la expresidenta Cristina Kirchner. Que arrancó el año como imputada en una causa controvertida como la del dólar futuro, y terminó con un segundo procesamiento, pero ahora en una causa grave como es la del supuesto desvío de la obra pública hacia Lázaro Báez, y con un embargo cuya magnitud impresiona. Pero por si eso fuera poco, al día siguiente se conoció otro bombazo judicial, con la misma destinataria. Lo había anticipado el día anterior el abogado Jorge Rizzo en su cuenta de Twitter, con un mensaje concreto y sin medias tintas: “Mañana habrá novedades importantes en causa Nisman sobre encubrimiento. Por ahí se reabre la causa. Juégueme una ficha. Gana”.

El kirchnerismo en el poder hizo lo imposible para evitar que avanzara esa causa impulsada por el fiscal muerto en circunstancias oscuras. Ahora está en manos del juez Lijo, ante quien el propio Nisman había presentado la denuncia el 14 de enero de 2015. Pronto se cumplirán dos años. Y cuatro días después, será el segundo aniversario de una muerte inmersa en el misterio más profundo.

Hoy fuera del poder, al kirchnerismo le queda el recurso de la protesta y es a lo que apela desde el primer minuto después del 10 de diciembre. Algunas jurisdicciones del gremio ATE es un activo que le ha quedado y al que apela para incomodar al gobierno. Pasó en Neuquén esta semana y luego con la toma de un edificio del Ministerio de Educación. Un año atrás, también protestaban por despidos en el Estado y el edificio tomado era el de la AFSCA.