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Viernes 20 de enero de 2017
OPINIÓN
Impuestos y redistribución de la riqueza
Por Aníbal Hardy. “Los impuestos generan principalmente desigualdad”, sostiene la otra postura sobre legislación fiscal, contraria al “redistribucionismo”, fundamentada en la obra del economista francés Claude Fré­dé­ric Bas­tiat.
2 de enero de 2017
No existe ninguna duda que los que hoy nos gobiernan, com­par­ten la idea que los impues­tos repor­ta­n o redun­da­n en alguna clase de “bene­fi­cio”, sobre todo para los sec­to­res más “desfavorecidos” y sirven como medio para “redistribuir la riqueza.

En cambio hay otros que sustentamos que los impuestos crean pobreza y desigualdad, cuando son desviados para cautivar votos.

El escritor, legislador y economista francéss Claude Fré­dé­ric Bas­tiat, (1801-1850) decía: “Pero si llega a intro­du­cirse el prin­ci­pio funesto de que so pre­texto de orga­ni­za­ción, regla­men­ta­ción, pro­tec­ción y apoyo, la ley puede qui­tar a los unos para dar a los otros, echar mano a la riqueza adqui­rida por todas las cla­ses para aumen­tar la de una clase, a veces la de los agri­cul­to­res, en otros casos la de los manu­fac­tu­re­ros, nego­cian­tes, arma­do­res, artis­tas o comer­cian­tes. ¡Oh!, por cierto en ese caso, no hay clase que no pre­tenda, con razón, echar mano a la ley tam­bién ella; que no reivin­di­que curio­sa­mente su dere­cho de ele­gir y ser ele­gida, y que no esté dis­puesta a tras­tor­nar la socie­dad antes de renun­ciar a sus pre­ten­sio­nes. Los mis­mos men­di­gos y vaga­bun­dos pro­ba­rán que tie­nen títu­los incon­tes­ta­bles. Dirán: “Nunca com­pra­mos vino, ni tabaco, ni sal, sin pagar impues­tos, y una parte de tales impues­tos se da por vía legis­la­tiva en forma de pri­mas y sub­ven­cio­nes a hom­bres más ricos que noso­tros. Hay otros que hacen ser­vir la ley para ele­var arti­fi­cial­mente el pre­cio del pan, de la carne, del hie­rro y del paño. Ya que cada uno explota la ley en pro­ve­cho pro­pio, tam­bién noso­tros que­re­mos explo­tarla”. La idea principal de la obra de Bastiat fue que el libre mercado era inherentemente una fuente de "armonía económica" entre los individuos, siempre que el gobierno se limitara a proteger las vidas, libertades y propiedad de los ciudadanos.

Es muy cierto que los gobier­nos pue­den y deben de hecho impo­ner impues­tos, y estos lo son a tra­vés de la legis­la­ción, la que espe­cí­fi­ca­mente se denomina “legis­la­ción fis­cal o impo­si­tiva”. El pensador Francés, critica pre­ci­sa­mente la desigua­lad que los impues­tos gene­ran a la pobla­ción y la manera en que los más des­fa­vo­re­ci­dos, también ten­drían dere­cho a exi­gir com­pen­sa­cio­nes a los gobier­nos por los efec­tos adver­sos que les aca­rrean dichos impuestos. Para Bastiat, los impues­tos for­man parte de lo que él deno­mina la “expo­lia­ción legal” y va más allá toda­vía cuando explica que la expo­lia­ción legal no es más que otro nom­bre dife­rente para lo que se conoce como “socia­lismo”. Decía además: “Ahora bien, la expo­lia­ción legal puede ejer­ci­tarse en una mul­ti­tud, infi­nita de mane­ras; de ahí la infi­nita mul­ti­tud de pla­nes de orga­ni­za­ción: tari­fas, pro­tec­cio­nis­mos, pri­mas, sub­ven­cio­nes, fomen­tos, impues­tos pro­gre­si­vos, ins­truc­ción gra­tuita, dere­cho al tra­bajo, dere­cho a la ganan­cia, dere­cho al sala­rio, dere­cho a la asis­ten­cia, dere­cho a los ins­tru­men­tos de tra­bajo, gra­tui­dad del cré­dito, etc. Y es el con­junto de todos aque­llos pla­nes, en lo que tie­nen de común que es la expo­liación legal, lo que toma el nom­bre de socia­lismo. Compara a los socialistas con un jar­di­nero así: “Y al igual que el jar­di­nero, que para efec­tuar la poda de los árbo­les, nece­sita hachas, serru­chos, sie­rras y tije­ras, el público nece­sita para el arre­glo de su sociedad fuer­zas que sólo puede encon­trar en las leyes; la Ley de Aduana, Ley de Impues­tos, Ley de Segu­ri­dad Social y Ley de Educación.“….

También ya cri­ti­caba en su tiempo el hoy tan cues­tio­nado redis­tri­bu­cio­nismo, (Hoy: El eslogan de Inclusión social) lle­gando a adver­tir, con total niti­dez, como el impuesto (como ins­tru­mento del redis­tri­bu­cio­nismo), no hace más que crear pobreza y desigual­dad allí donde se aplica, y en quienes lo pagan. (Léase: Impuesto de las ganancias a los salarios y jubilaciones, destinados a los eternos Planes Sociales, en vez de crear fuentes de trabajo dignas). En suma, resulta claro que los impues­tos, ade­más de cons­ti­tuir un acto de violen­cia y agre­sión con­tra a los que inexac­ta­mente se les quiere lla­mar “contribuyentes”, denominación erró­nea, habida cuenta que quien con­tri­buye a algo, por defi­ni­ción, lo está haciendo en forma volun­ta­ria. No sólo ataca y agrede a quien resulta sujeto pasivo del mismo, sino que asalta y vio­lenta a la socie­dad toda en su con­junto, vol­vién­dola cada vez más y más pobre.

Gracias a Dios, vivimos en un Estado de Derecho, y nuestra Constitución Nacional, en su Artículo 43, en su parte pertinente dice: “Toda persona puede interponer acción expedita y rápida de amparo, siempre que no exista otro medio judicial más idóneo, contra todo acto u omisión de autoridades públicas o de particulares, que en forma actual o inminente lesione, restrinja, altere o amenace, con arbitrariedad o ilegalidad manifiesta, derechos y garantías reconocidos por esta Constitución, un tratado o una ley. En el caso, el juez podrá declarar la inconstitucionalidad de la norma en que se funde el acto u omisión lesiva….” y los contribuyentes contamos con esta acción, que es un recurso que tutela los derechos constitucionales del ciudadano, y del que conoce y falla un poder independiente, como es el Judicial...