BUSCAR FACEBOOK TWITTER
Domingo 24 de junio de 2018
OPINIÓN
Gobernar con la verdad
Por Jorge R. Enríquez. El subsecretario de Justicia de la ciudad remarca el valor de un diagnóstico certero a la hora de afrontar un problema.
6 de febrero de 2017
El gobierno de Cambiemos, que lidera Mauricio Macri, enfrenta numerosos desafíos. Los resultados de las medidas que se adoptan en algunos casos aparecen pronto; otros, sobre todo los relativos a los grandes déficits en materia de infraestructura, energía, educación, salud, seguridad, llevarán muchos años de políticas sostenidas firmemente para alcanzar las metas propuestas.

Pero en todos los casos es necesario partir de un diagnóstico certero y señalar con claridad cuáles son los caminos para encontrar las soluciones reales, no retóricas. Esto parece una verdad de Perogrullo, pero es, en el gobierno actual, un cambio copernicano respecto de lo que sucedía hasta diciembre de 2015. Vivimos muchos años infectados de relato. Es imposible que nos desarrollemos como país si no nos sacamos primero esa insidiosa venda que nos nubla la vista. No mentir es, pues, no solamente un deber moral, sino una condición sine qua non para que colectivamente tomemos conciencia de nuestra situación, nos tratemos como ciudadanos adultos y encaremos las respuestas necesarias.

Veamos algunos ejemplos. Se acaban de anunciar los precios transparentes. ¿De qué se trata? De sincerar un grosero embuste. En ningún país del mundo un bien o servicio sale lo mismo al contado que en 18 cuotas. Y tampoco lo salía en el nuestro, solo que el relato producía esa magia. El interés ya estaba incluido en el precio que se informaba como contado. Por eso, si alguien pagaba en efectivo, se le solía hacer un descuento. No era tal. El monto pagado era el verdadero precio. Con la reciente decisión de la Secretaría de Comercio, no se rebajarán necesariamente los precios –porque ello depende de una gran variedad de factores-, pero sabremos exactamente qué estamos pagando.

Otro caso es el del incremento de las tarifas eléctricas. Durante el kirchnerismo, quienes vivimos en la Ciudad de Buenos Aires y el Gran Buenos Aires fuimos beneficiados por subsidios tan altos que prácticamente la energía nos resultaba gratuita. Pero nada es gratis en la economía. Siempre alguien paga lo que a mí no me cuesta nada. ¿Quiénes lo pagaban? Todos los argentinos, con independencia de su condición económica, a través de la inflación, y sobre todo los ciudadanos del interior del país, que no accedían a esas gangas centralistas. Ahora los que podemos vamos a pagar algo más cercano al valor real de la electricidad y el gas, y quienes no pueden pagar abonarán una tarifa social muy reducida. Así, habrá más equidad, menos combustible para la inflación (por la reducción de subsidios), más estímulo a la producción de energía y más ahorro energético, para no seguir perjudicando al ambiente.

Partir de la verdad es, en las personas y en las naciones, el primer paso insoslayable para iniciar un proceso de crecimiento. A los argentinos nos han engañado (y nos hemos dejado engañar) por demasiado tiempo, como si fuéramos niños. Dejar atrás ese país jardín de infantes que denunció María Elena Walsh es el gran cambio cultural que precederá y dará fundamento a todos los demás.