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Sábado 20 de enero de 2018
OPINIÓN
Franco Macri vuelve a ser un cisne negro para el Gobierno
Por José Angel Di Mauro. El gobierno no deja de acumular conflictos que le generan cuestionamientos de la oposición y lo muestran de mala manera ante la sociedad. El kirchnerismo, su antagonista deseado, busca recomponerse exhibiendo las patinadas oficiales.
11 de febrero de 2017
Debe reconocer el kirchnerismo que la centralidad que logra en estos tiempos se la debe al gobierno, que alienta la supervivencia de esa corriente política, para pesar del resto de la dirigencia peronista que sabe que en tanto eso suceda no podrá dar vuelta la página, ni lograr la unidad reclamada, indispensable para derrotar al oficialismo. El gobierno lo sabe; es de manual entonces que aliente mantener viva esa llama.

En rigor, hablamos del kirchnerismo duro, o cristinismo. El resto, que preferiría autodefinirse “nestorismo” -si cabe el término-, no tiene problemas en sumarse al PJ. Algunos lo han hecho, usando al Movimiento Evita como escala intermedia. Pero el cristinismo vive y se retroalimenta de su encono al macrismo, al que desprecia con entusiasmo. Es en definitiva la estrategia que pensaba Cristina en sus últimos meses presidenciales, aunque la realidad es bien distinta. No imaginaba un asedio judicial tan intenso, ni un distanciamiento tan marcado del resto del partido; pero una cosa trae la otra.

El kirchnerismo mostró sus barajas de inmediato, cuando antes de cumplir Macri una semana en el poder, ya había convocado a marchar al Congreso. Su táctica es no darle tregua, no dejarle pasar una. Al gobierno eso pareciera no incomodarle; por el contrario, las conferencias de prensa constantes del bloque K en Diputados son vistas con beneplácito desde la Rosada, porque las caras que allí se observan mantienen fresca la gestión anterior. La conferencia de prensa que encabezó Oscar Parrilli en el Congreso la última semana fue una muestra clara de la pérdida de poder: con presencia raleada, limitada al kirchnerismo más rancio. Se dijeron allí cosas durísimas; se habló de la democracia en peligro, y el oficialismo no salió a responder. Desde Balcarce 50 priorizan ignorarlos, convencidos de que hacer lo contrario sería darles entidad y en la pelea en el barro no gana la razón sino las mañas.

Lejos de los tiempos en que desde el poder cuestionaba “la judicialización de la política”, el kirchnerismo duro no deja de transitar los tribunales para radicar denuncias contra miembros del gobierno. El objetivo es tratar de mostrar que la corrupción no es exclusividad del kirchnerismo. Uno de los denunciantes habituales es el diputado camporista Rodolfo Tailhade, que figuraba en las listas de egresados de la Escuela Nacional de Inteligencia para ingresar a la AFI que conducía Parrilli, integra el Consejo de la Magistratura y también promovió en su momento una denuncia -ya desestimada- contra Margarita Stolbizer por supuesto tráfico de datos de la AFIP en la causa Los Sauces. Otro diputado activo en esas lides es el neuquino Darío Martínez, denunciante del presidente Macri en la causa Panamá Papers, cuyo nombre se escuchó la última semana en uno de los audios de Parrilli, en el que Juan Martín Mena le contaba las instrucciones que le había dado sobre el tema.

En ese marco, el kirchnerismo cerró la semana presentando en el Congreso un proyecto para crear una comisión bicameral investigadora de delitos vinculados con el incendio de los depósitos de la empresa Iron Mountain, ocurrido hace tres años en Barracas. En el proyecto se hace hincapié en la supuesta intencionalidad del siniestro, para destruir documentación de grandes empresas con el fin de facilitar la evasión de tributos. Según los diputados K que firman el proyecto, entre los documentos destruidos allí había “cajas pertenecientes al Grupo Macri y a una veintena de empresas investigadas por la Procelac por lavado de dinero, fraudes y delitos tributarios”. Por ahí viene el juego.

Los seguidores de Cristina han encontrado en el pasado de la familia Macri un costado vulnerable donde machacar. Y reconocen en el gobierno que una vez más el pasado de Franco Macri impacta de lleno en su hijo. Primero fue con los Panamá Papers; ahora con el acuerdo por el Correo. Como en esa oportunidad, el gobierno minimizó inicialmente el problema, que rápidamente escaló. En este caso el daño pareciera ser mayor que con las cuentas offshore, un tema más difícil de interpretar; en el del Correo, puede haber explicaciones convincentes, pero la sensación de un favor del Estado a la familia presidencial es casi imposible de evitar.

Es verdad que se trata de un problema que debió haber saldado el gobierno kirchnerista, mas no lo hizo en ninguno de sus tres mandatos, convirtiéndose entonces en otra de las herencias recibidas. Podrían entenderse ahora los gestos favorables de Macri padre hacia el kirchnerismo, que dilatando la resolución de la deuda beneficiaba al empresario, pero esta administración debió haber contemplado que más temprano que tarde el acuerdo se conocería y no había manera de que cuando eso sucediera la oposición no le cayera con todo. Y, lo que es peor, que el común de la gente no interpretara el acuerdo como una condonación del hijo al padre. En efecto, se ha instalado que Franco evitó pagar 70 mil millones de pesos. La mujer del César no solo debe serlo, sino parecerlo.

Mauricio Macri peca de suficiencia cuando se empecina en privilegiar la convicción por sobre el qué dirán. Lo hizo cuando aceptó hospedarse en la estancia de su amigo Joe Lewis frente al Lago Escondido -eje de una disputa con los vecinos por el acceso al espejo de agua-, e incluso utilizó con naturalidad un helicóptero del empresario británico; lo hace al rechazar que su primo Calcaterra venda su empresa para no comprometerlo; y se reiteró con la cerrada defensa de su amigo Gustavo Arribas, al que puso al frente de la AFI y defendió enfáticamente cuando quedó comprometido en el Lava Jato.

Todo esto sucedió la misma semana en que otro amigo del Presidente, Daniel Angelici, quedó comprometido en unas incómodas escuchas de hace dos años. En el macrismo tenían esta semana la convicción de que se trató de una respuesta a la difusión de los audios de Parrilli y CFK. Nadie se atreve a descartar que el cruce de audios se profundice.

Tras que ya no venían para nada bien las encuestas, es innegable que el “Correogate” tendrá un fuerte impacto negativo. Además, no es el kirchnerismo el único en reaccionar; por el contrario, la oposición en su conjunto ha estallado con las peores críticas, y algunas voces radicales han esbozado reproches. Elisa Carrió sigue gozando de unas oportunas vacaciones, si bien desde su cuenta de Twitter ya anticipó nuevos gestos de diferenciación al expresar su respaldo al hijo de la jueza Servini de Cubría, desplazado a instancias del PRO del manejo de los fondos en el Consejo de la Magistratura.

La oposición tendrá este miércoles en el Congreso un escenario especial para despacharse largamente sobre el acuerdo por el Correo, cuando sesione Diputados para modificar la Ley de ART. Instancia anticipada por este medio para evitar el previsible traspié del DNU: Cambiemos tuvo que habilitar el tratamiento parlamentario para darle la media sanción restante al proyecto aprobado en diciembre por el Senado.

No le fue nada bien al gobierno con los decretos este verano: también debió retrotraer el que cambiaba el cronograma de feriados.

Lo que no preveía el gobierno al convocar a extraordinarias para tratar la ley de accidentes laborales era que estallara la polémica por el Correo. Con dilatada experiencia legislativa, el ministro Oscar Aguad se comprometió a explicarles a los jefes parlamentarios las características del acuerdo por la deuda. Consultados por este medio, desde el massismo adelantaron que no concurrirían a una eventual cita, mientras que una fuente oficialista de Diputados puso en duda que ese encuentro se concrete. Amigo personal de Macri, el ministro de Comunicaciones se responsabilizó por el acuerdo, deslindando la participación y hasta el conocimiento del Presidente y el jefe de Gabinete. Difícil de creer, sino imposible. Y de ser cierta, más difícil de entender semejante actitud.

Un índice inferior a la inflación estimada por las consultoras privadas para el mes de enero fue la buena noticia de la semana para el Presidente que celebró sus 58 años en el Sur, a su regreso de Brasil, donde le fue moderadamente bien, y desde donde en los próximos días podrían llegar datos judiciales capaces de alterar aún más el ritmo de la campaña electoral. Lo visto hasta ahora podría ser nada respecto de lo que podría llegar a verse.