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Martes 21 de febrero de 2017
OPINIÓN
Crisis e inmovilismo
Por Anibal Hardy. El ex diputado nacional por el MID sostiene que nos encontramos ante una grave crisis, sin precedentes, y que para adelante hace falta un programa de desarrollo.
13 de febrero de 2017
El país se ha empobrecido. Una crisis total y sin precedentes está desquiciando a la sociedad argentina, y en estas condiciones, lo peor que puede ocurrirle a un pueblo es el estancamiento. “La inmovilidad de las sociedades, como las aguas sin movimiento, se corrompen, y la perduración de la inmovilización lleva al país hacia la desintegración” Arturo Frondizi.

La actual no es una crisis más, que se la puede soslayar o arreglar con ... ajustes. Es una crisis de enorme magnitud que se escapó de control y daña la propia condición nacional. El actual vacío de autoridad, la increíble anarquía, la insólita descomposición reinante, la demora en ponerle coto y la falta de decisiones que se hacen necesarias, crea un clima de resignación y pesimismo que concurren a configurar la crisis global de la política argentina.

Los argentinos ya saben acabadamente que, con diversos rótulos, con distinta retórica, con literaturas liberales o nacionalistas, se sigue defendiendo la vieja estructura y se diluyen las expectativas del cambio y la transformación.

Tenemos la recesión más grave que se ha registrado en el país desde la crisis de 1930, el déficit del sector público es alarmante, los sectores productivos están ociosos o quebrados, la situación del agro es dramática y la especulación financiera y las empresas privatizadas son las únicas actividades que enriquecen en este país que se empobrece. Nos hemos “latinoamericanizado”, no en el sentido de identificarnos con los intereses y las metas de los países hermanos, sino en el de semejarnos con los rasgos más dramáticos de la pobreza y el subdesarrollo.

Urge poner término a esta situación. Hay que aplicar una política que oriente el capital nacional y extranjero hacia las actividades productivas que convienen al interés nacional. La actual política está inspirada por un sector minoritario que mira hacia el exterior y carece de una visión de Patria Grande. No se promueve las inversiones en las industrias críticas, las que son el sostén de todo el aparato de producción. Es desatendido el agro, pilar de la riqueza argentina y que hoy sufre el desaliento y la descapitalización.

La Argentina para salir de la crisis necesita un programa de desarrollo que sirva para que el pueblo no sea excluido del poder y para saber qué es lo que hay que hacer con el poder.