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Miércoles 24 de mayo de 2017
OPINIÓN
La dignidad del ciruja
Por Aníbal Hardy. El exdiputado nacional por el MID sostiene que sin una correcta identificación de los factores que producen desempleo y pobreza, Argentina siempre se encontrará atascada en el retraso.
23 de febrero de 2017
En las mismas puertas de las ciudades argentinas, un ejército de gente sin rostro se vuelca afanosamente en los basurales existentes, en los contenedores municipales, en los lugares donde los camiones municipales hacen las descargas de los residuos domiciliarios, por todos los medios procuran, cada uno, rescatar de los desperdicios, cualquier elemento que puede ser comercializado. Allí entre la mugre y las alimañas, familias enteras se disputan un trozo de pan, pedazos de lata, madera o lo que fuere.

Son los desheredados de la tierra, padres de familia que se han quedado sin trabajo, mujeres, ancianas, otras en estado grávido y niños, cientos de niños de todas las edades que cuando encuentran algún resto de alimento se pelean para ver quién lo come primero. Esto ocurre muchas veces delante de nuestros propios ojos, y vemos hambrientos sin techo y sin trabajo procurando extraer entre la inmundicia algo para calmar el hambre o para poder vender.

La aparición de las villas miseria, de cabecita negra, del villero, se remonta a la década del cuarenta, y planteó un conflicto y a la vez nuevas formas de integración de la cultura nacional. Estas pautas culturales han estado excluidas de las antropologías liberales y populistas, pero fueron denunciadas a menudo como tantos hechos disimulados en la realidad: crisis, explotación, desnutrición, hacinamiento, morbilidad, analfabetismo, impericia, desocupación, violencia, corrupción, fraude, vicios, etc., los cuales han aumentado en los últimos años, alcanzando niveles cualitativos degradantes de la condición humana y de la integridad nacional.

Estamos siendo observadores pasivos de algo gravísimo: una generación de chicos con deficiencias mentales causadas por la malnutrición, que ya son irreversibles, se desmayan de hambre en los colegios, en un país que fue el tercer productor de alimentos del mundo. Circulan por nuestras ciudades y pueblos una cantidad apreciable de personas (hombres, niños, mujeres, familias enteras) que, se dedican a hurgar entre bolsas de basura que se depositan en las veredas. Cada día son más, en un número directamente proporcional al aumento de la desocupación y al agravamiento de la crisis.

Nuestra Argentina ha sido afectada por depredaciones económicas y políticas, ayer algunos ladrones en el gobierno que hablaban de la inclusión social, y otros que hoy hablan de pobreza cero, y no saben hasta ahora qué hacer con el poder, unos y otros los que nos han distraído del proyecto nacional. Los aventureros políticos e ineptos, desplazaron a los dirigentes; los especuladores, a los productores; los burócratas a los especialistas. En vez de seguridad, sentimos miedo, en vez de confianza, recelos. Por su parte la carencia de trabajo ha suscitado miseria, desnutrición, ignorancia, pero también resentimiento y pesimismo.

Para evitar todos estos males es preciso conocerlos en su conexión con el complejo de nuestra cultura y determinar los factores esenciales que los provocan, que son: el subdesarrollo interno, la dependencia de intereses internacionales y sus émulos locales, que siguen firmando pactos políticos en los que el espíritu del partido está por encima del espíritu de Nación. De nuestras propias bolsas de basura, muchas personas proveen su sustento y a veces, con suerte, ropa, objetos de metal para comercializar en un mercado explotador. Estas personas, son "cirujas", esto es, una categoría de pobres que consideran más digno comer de la basura, que ser ladrones, o arrodillarse ante los gobernantes corruptos e inescrupulosos actitud esta, que debe ser respetada por nuestra comunidad, y darles una mano solidaria.