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Viernes 22 de septiembre de 2017
OPINIÓN
Macri se situó en el centro del ring en el inicio de la campaña
En su segunda apertura de sesiones ordinarias, el presidente alabó el diálogo, prometió obras y garantizó que la economía mejorará. Confrontó con el kirchnerismo, en busca de invisibilizar al resto.
1 de marzo de 2017
Por José Angel Di Mauro

El viaje a España sirvió para el presidente Mauricio Macri como una suerte de paréntesis para los que por lejos fueron sus peores días en el poder. La distancia y los elogios prodigados en la Madre Patria operaron como una suerte de bálsamo para el primer mandatario, que retornó con ánimos renovados para encabezar una Asamblea Legislativa en la que lo esperaba un clima sumamente caldeado, precisamente por los hechos que son de público conocimiento y por tratarse este de un año electoral. De hecho, el cónclave ofició como una suerte de acto de lanzamiento para la campaña.

El oficialismo tuvo al menos el buen tino de tomar precauciones y fue preparado a la cita, en la que estaba cantado que el kirchnerismo pondría todo tipo de carteles en las bancas, una curiosa metodología que viene poniendo en práctica en forma permanente desde su vuelta al llano, cada vez con más intensidad, y que precisamente por eso ha perdido efectividad y sorpresa.

Esta cita política necesitaba respuestas políticas y por eso el Presidente mantuvo un encuentro el lunes por la noche en Olivos con los diputados y senadores de todos los bloques que conforman Cambiemos. Una cita en la residencia presidencial es un evento muy preciado para todo oficialista, máxime en tiempos previos al armado de listas en el que cada partido entra en estado de ebullición. El resultado fue positivo para Cambiemos, cuyos legisladores acudieron masivamente a la Asamblea Legislativa, dispuestos a mostrar cohesión y dar pelea al kirchnerismo. Claramente lograron imponerse en la partida.

El Presidente ya había soportado situaciones incómodas en su anterior visita al Congreso, cuando inauguró por primera vez las sesiones ordinarias el año pasado y fue interrumpido más de una vez por el griterío del confrontativo Frente para la Victoria. A sabiendas de lo que le esperaba, Macri estaba preparado y alzó la voz cada vez que intentaron interrumpirlo. Solo una vez consiguieron hacerlo, aunque pareció una concesión deliberada con el objeto de salirse del libreto e introducir el nombre de Roberto Baradel, el sindicalista al que el macrismo ha elegido como enemigo para esta pulseada que mantiene con los gremios docentes. El comentario le valió una denuncia del titular de Suteba, que no inquieta al gobierno; más bien lo alienta.

Además del de Baradel, el Presidente mencionó otro nombre propio: el del fiscal Alberto Nisman, del que pidió a la justicia “saber qué pasó” con su muerte y “con su denuncia”. Otra estocada hacia el kirchnerismo.

Si bien el año pasado dedicó la mitad de su discurso -que en total insumió el mismo tiempo este año, 61 minutos- a hablar de “la herencia recibida”, este año Macri fue más breve, pero también más severo con la anterior gestión. Lo planteó de entrada, cuando habló de aquellos que “no quieren que las cosas cambien, que se resisten, que ponen palos en la rueda”. Más adelante volvió a diferenciarse al plantear que “no asumimos la presidencia para que nos hagan un monumento”, y afirmar que “no creemos en los liderazgos mesiánicos”.

Más adelante habló de “años de simulación y de un intento intencional y organizado de ocultar los verdaderos problemas”, resaltó que “recibimos un país donde uno de cada tres argentinos está en la pobreza o la exclusión total”, y tras otras referencias tangenciales, acusó a “los gobiernos anteriores” de fomentar la inflación, un fenómeno al que calificó de “tóxico”. Asimismo recordó la actualización del mínimo no imponible que durante años “el Estado se negó a actualizar”, y amplió el radio de crítica al señalar que su gobierno corrió las escalas “sin caer en el populismo irresponsable”. En esa misma senda criticó las “actitudes oportunistas” que impidieron consensuar una reforma tributaria, y admitió como una decepción el avance de la reforma política, que ya oficialmente postergó para 2019.

“Dejamos de hacer de los medios públicos y de los programas culturales herramientas partidarias o ideológicas”, acicateó en otro pasaje, para emprenderla luego contra la corrupción, un momento en el que el griterío se hizo más intenso. “Basta de que nos regalen el presente para robarnos el futuro”, proclamó sobre el final.

Macri buscó infundir optimismo, asegurando que hay señales de “una mejora en la economía”, y garantizando una y otra vez que 2017 “será, estoy seguro, mejor que el año anterior”. Y fue más lejos al anticipar que lo mismo sucederá en los dos años venideros. Dio señales de que la inflación está bajo control, y como prueba remarcó que el alza del segundo semestre tuvo el porcentaje más bajo desde 2008.

“La tendencia es clara”, afirmó, buscando convencer a empresarios y trabajadores de la veracidad de las metas que ha impuesto el Banco Central para 2017, de entre el 12 y el 17%. Y de menos del 5% para 2019. En el mismo sentido, Macri dedicó un buen tiempo a remarcar la reducción del déficit fiscal entre 2015 y 2016, y las metas que, de cumplirse, deberían llevar ese número a 2,2% para el final de su mandato.

En ese marco dejó entrever varias veces la que es su obsesión por extender la experiencia del acuerdo de Vaca Muerta a otras ramas y sectores. “La competitividad no se consigue con una devaluación, ni a costa de los trabajadores”, remarcó.

Muchas veces en su discurso se refirió al Congreso, cuya colaboración el año pasado agradeció de entrada. Y anunció varias iniciativas que espera sean aprobadas en el presente año. Pero no dio precisiones sobre ninguno de esos proyectos. Cuando se refirió a la baja de edad de imputabilidad, que se presumía anunciaría este miércoles, solo reiteró que “tenemos que dar un debate serio sobre un nuevo Sistema de Responsabilidad Penal Juvenil”. Deslizó que “tenemos que debatir proyectos como la ley contra el paco, la reforma del Código Procesal Penal, la ley de extinción de dominio de los bienes de narco-criminales y la reforma del sistema penitenciario”, sin más precisiones, y lo mismo hizo al anticipar una ley que agrave las penas a quienes agredan a los docentes. Prometió también enviar una modificación a la Ley de Protección de Datos Personales, y dijo esperar la aprobación de una nueva ley de Mercado de Capitales que si bien urge al gobierno, no apuró para que fuera tratada en extraordinarias.

El final fue de claro tono de campaña. Cuando pidió “no aflojemos”, y claramente aludió sin nombrar a las elecciones de octubre al pedir que “ratifiquemos nuestra convicción por el cambio, no escuchemos las voces de aquellos que nos quieren desanimar, que nunca quisieron el cambio, y que ni siquiera hacen autocrítica de lo que han hecho en el pasado”. Otra clara referencia al kirchnerismo, el rival elegido para confrontar modelos en estas elecciones.

No por nada, en este protagonismo asumido por los dos sectores que confrontaron durante la asamblea, quedaron opacados aquellos que marchan por la ancha avenida del medio, y cuyo principal referente, Sergio Massa, fue uno de los grandes ausentes en esta asamblea.