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Martes 30 de mayo de 2017
OPINIÓN
El arte escucha el llamado: “Ni una menos, vivas y libres nos queremos”
Por Valeria Casal Passion. La musicoterapeuta sostiene que a través del arte los proyectos políticos y movimientos sociales pueden renovar sus fuerzas.
3 de marzo de 2017
El 19 de octubre de 2016 en Buenos Aires miles de mujeres salieron a las calles. La consigna era vestirse de negro. El negro fue el color unánime en las escuelas, la oficina, la casa, las calles; una estética unánime y uniforme. La mujer en la Argentina clamó por su derecho a la vida tras el atroz asesinato de una adolescente luego de ser brutalmente ultrajada. Una vez más otro femicidio, pero esta vez a pesar de la lluvia intensa que caía, miles de ellas y de ellos se dieron cita en Plaza de Mayo de la Ciudad de Buenos Aires con el grito: “Ni una menos. Vivas nos queremos”. Surgieron cánticos y se pidió en redes sociales que un rostro aniñado de mujer dibujado en negro sobre fondo rosa, con una mano elevada mostrando un corazón, con el hashtag #NiUnaMenos, fuera colocado en todos los perfiles de redes sociales. Periodistas y escritores impulsaron la “movida”.

Discursos a favor en su mayoría, discursos en contra en su minoría. Todos ellos exhortaban una reflexión sobre la feminidad, sobre la erótica y los actos privados, sobre el machismo y lo macho, sobre la igualdad de derechos en todos los ámbitos, sobre la vida y sobre la muerte. Se recurrió a la estética unificante, masificante pero vociferante: un mismo color, una misma figura: un dibujo de la artista cordobesa Romina Lerda. Así, su arte si hizo viral. Mujeres de distintos lugares del planeta se solidarizaron.

El 8 de marzo de 2017, conmemorando el Día Internacional de la Mujer se espera un paro internacional de mujeres. Desde hace años las mujeres claman por hacerse oír y, enfrentando la indiferencia de clases políticas, ya no callan: se paran, gritan, pintan y cantan como canta Verónica Bellini su tango “Ni una menos”. Allí, ante la falta de legitimidad que las proteja, enfrentando la connivencia de fracciones de una sociedad (con representación política) que insiste en desoír la voz fémina, se inserta el llamado: #niunamenosvivasylibresnosqueremos.

La violencia ejercida y la ejercida sobre las mujeres es un lamentable fenómeno a escala mundial: Afganistán, Congo, Honduras, El Salvador, Brasil, México entre otros. Phumzile Mlambo-Ngcuka, Directora de ONU Mujeres, describe el fenómeno como pandemia internacional.

Lejos de ser hechos de clases medias o bajas, también ocurre en el primer mundo como en Estados Unidos y Europa, aunque aún allí el término femicidio o femenicidio no se ha acuñado. Como hasta hace pocos años en Argentina, los crímenes violentos contra mujeres, aún están encuadrados dentro de crímenes pasionales.

El arte es una manera de soportar el mundo y el mundo “es político y social”. El dibujo de Lerda soportó la campaña del 2016. El tango de Bellini se hace oír. Los medios masivos de comunicación han favorecido la inclusión e intrusión del arte en la cuestión sociopolítica. Arte y artistas son frecuentemente utilizados para causas sociopolíticas, otros son sus inquilinos, súbditos o adeptos.

Apelando a lo simbólico se metaforiza el horror, la impune estadística de los femicidios en Argentina y el resto del mundo; y en lugar de la muestra de los cuerpos quemados, mutilados, víctimas de la aberración, el fémino real de la muerte es reemplazado por la imagen, la canción o la gráfica. Una manera de soportar lo insoportable. El arte entonces muestra, demuestra y denuncia lo sintomático de su época.

El proyecto político actual mundialmente y mayormente carece u olvida lo humano, el arte puede transformarse en un bien transferible y vendible como ciertos valores actuales o en voz de enunciación y protesta, en voz que representa un clamor social.

Arte politizado, herramienta de dominación, arte que apela a la utopía de la liberación o a la nominación de las causas sociales desoídas. Hay artistas, a veces llamados activistas culturales, que cometen la bendita impertinencia de desafiar equívocos preceptos sociales instalados y ubican su creación allí o son ubicados por una sociedad impaciente, en ese lugar de lo que necesita ser oído, en el lugar del llamado, un llamado que no es ni más ni menos denotación de un síntoma social.

* Licenciada en Musicoterapia y postgraduada en Psicopatología y Salud Mental.