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Domingo 24 de septiembre de 2017
OPINIÓN
8M y el feminismo como movimiento social
Por Olga Rista. La diputada radical aboga por un "cambio cultural" gestado desde el feminismo, y pide no tenerle miedo a esta noción, que identifica con la igualdad de derechos y oportunidades.
7 de marzo de 2017
Con las marchas de “Ni una Menos” en Argentina empezó una reacción social frente al horror de la violencia machista en su forma más extrema, pero la misma fue transformándose para convertirse en un movimiento con perspectiva de género cada vez más completo.

Este movimiento por la igualdad que tiene importantes antecedentes en nuestro país cobra cada día más fuerza y su misión está creciendo para abarcar mucho más que la condena a la violencia física, que es el desenlace final de procesos más silenciosos. Están apareciendo en escena a nivel masivo reclamos orientados a la igualdad de oportunidades laborales y profesionales; la equidad de salarios; la libertad sexual y reproductiva; el fin de la objetivación de la mujer y el estereotipo del hombre proveedor; el acceso de la mujer a lugares de poder; el problema del acoso y la hipersexualización de la mujer.

El Paro Internacional de Mujeres evidencia esta toma de conciencia. Hay una comprensión a nivel social que se vuelve más profunda sobre lo que significa el feminismo y cuáles son sus objetivos. De a poco estamos incorporando la noción de que la lucha contra el machismo es una lucha de todos/as los que queremos vivir en una sociedad más justa.

Aún así, al día de hoy “feminismo” es una palabra que todavía inspira en muchas personas miedo y rechazo porque la asocian a algo extremista o totalitario. Muchos piensan que se trata de creer en la superioridad de las mujeres o en la negación de la sexualidad femenina, cuando en realidad el feminismo no es nada más que un movimiento que parte de la noción de que todos somos seres humanos y por ende merecemos el mismo trato y deberíamos tener los mismos derechos y obligaciones.

Cuando alguien se define a sí mismo como “feminista” simplemente está diciendo “creo en la igualdad de oportunidades, creo que todos tenemos el mismo valor y no me parece bien que se le asignen roles a las personas sólo por su género”. Nada más. No está diciendo que odia a los hombres, no está identificándose con un partido político extremista y decirlo no implica que debe salir a la calle a quemar autos y romper vidrieras.

Es necesario hacer hincapié en este punto porque el discurso y las palabras que usamos importan. El hecho de que más mujeres y hombres se definan como feministas, que más mujeres y hombres rechacen en lo cotidiano expresiones o conductas machistas y que enseñen a sus hijos/as que deben tratar de la misma forma y con el mismo respeto a todos/as, sin diferencias, es lo que al final del día va a marcar el comienzo del cambio cultural que necesitamos.

Cada quien, desde su lugar, puede hacer un importante aporte a la sociedad que queremos sólo con cuestionar ciertos estereotipos, ciertas costumbres, ciertos chistes. Me da orgullo ver cómo el movimiento feminista por la igualdad de derechos se vuelve más fuerte, heterogéneo e intergeneracional, pero queda un largo camino por recorrer en esta Argentina donde lamentablemente nos enseñaron a buscar enemigos y no aliados en lo diferente.

El 8M no es excluyente ni está hecho para un solo sector de la sociedad sino que representa la lucha de quienes creen que sus hijas y sus hijos merecen los mismos derechos, o piensan que el aporte de ambos padres en la crianza es igual de importante. Participar en este reclamo es responsabilidad de todo el que considere que sus compañeras de trabajo deberían ganar lo mismo que sus compañeros por la misma tarea. Se trata de una herramienta para el cambio que simboliza los valores de quien supone que lo más justo es repartirse de manera equilibrada los quehaceres domésticos con su pareja.

No importa desde dónde ni cómo, ojalá Argentina haga sentir una vez más, pero de manera más contundente y comprometida, su apoyo a este movimiento que crece y que vuelve más realista la ilusión de dejarle a las generaciones venideras una sociedad más justa y un sistema social, laboral, político y económico más igualitario.

* Diputada nacional de la UCR-Córdoba.