Blanco de la hilaridad general y las críticas punzantes, el candidato oficial del radicalismo, Leopoldo Moreau, se enojaba cuando sugerían que la UCR sacaría apenas el uno por ciento de los votos que auguraban las encuestas.
Convencido del valor del escudito del partido centenario, el diputado bonaerense retrucaba convencido de que ese porcentaje significaba apenas el porcentaje de fiscales que necesitaban para cubrir todo el país, cosa que obviamente la UCR tenía garantizada por el solo peso de su estructura.
En realidad, los fiscales necesarios eran 100.000 y eso equivale a medio punto de una elección. Pero Moreau insistía en que pasarían holgadamente ese uno por ciento y en efecto lo hizo... aunque apenas lo duplicó.
Con 430.000 votos, la UCR sumó poco más del 4% del electorado en lo que por lejos se convierte en la peor elección de su historia. El partido que supo contar con un cuarto del electorado que le fue habitualmente fiel, el radicalismo perforó ayer su piso histórico marcado en la elección del 95, cuando Horacio Massaccesi cosechó apenas 2.914.241 votos, que le dieron un 15,8% que entonces fue malísimo, pero hoy sería glorioso.
Moreau confiaba que la debacle radical se limitaría a Capital y provincia de Buenos Aires, convencido de que en el interior el bipartidismo sigue vivo. Sin embargo no se dio así, y los militantes radicales optaron esta vez por diversas variantes de lo que fue el radicalismo, mudándose a Ricardo López Murphy o Elisa Carrió. Ni siquiera los gobernadores radicales del interior le dieron al candidato oficial de la UCR la fuerza suficiente para revertir esta pésima elección. Con la salvedad del presidente del partido, Angel Rozas, quien repitió ayer el respaldo que le dio a Moreau en la interna partidaria que ganó por la formidable cantidad de votos aportada en el Chaco.
Esa interna en la que Moreau confrontó con Rodolfo Terragno, que terminó en un bochornoso escándalo que ayer el diputado bonaerense debe haber recordado... Preguntándose si realmente valió la pena ganarla.