¿La solución viene de Chile?

El jefe de los diputados radicales salió a pedir una concertación opositora “a la chilena”, aunque las situaciones políticas de ambos países son disímiles. Qué opinan en el Congreso

Por Pablo Winokur

Primero fueron las canchas de paddle, las pistas de patinaje sobre hielo y las tintorerías ecológicas. En el plano político quisimos un presidente como Alan García, después buscamos tener relaciones carnales con Estados Unidos y más tarde deseamos tener un PT a la argentina. Ahora la onda parece ser que hay que copiar a los chilenos y hacer concertaciones.

En los últimos meses se escuchó varias veces la idea de armar “una concertación a la chilena”, y ahora quien reavivó la idea fue el jefe de la bancada de diputados radicales, Fernando Chironi, quien hizo una propuesta para realizar una coalición opositora basada en el modelo del país vecino.

Rápidamente, el resto de los dirigentes opositores salió a relativizar una iniciativa de ese estilo, aunque no descartó algún tipo de acuerdo a medida.

No es la primera vez que alguien habla de algo así. El primero en proponer una “Concertación Ahora” fue Eduardo Duhalde en la campaña electoral de 1999. Claro que su idea no apuntaba a una coalición de partidos sino a un gran Diálogo Argentino como el que finalmente trató de generar sin éxito cuando fue presidente. En 1999 Duhalde no logró explicar a la opinión pública de qué se trataba esa concertación e hicieron agua los sucesivos spots de su equipo de campaña para intentar que la gente comprara su eslogan.

Más acá en el tiempo, fue el gobernador mendocino Julio Cobos el que tiró otro globo de ensayo. En este caso, el radical proponía “una concertación a la chilena”, pero entre el radicalismo y el kirchnerismo. Rápidamente fue desmentido por sus correligionarios.

La propuesta fue rechazada de plano por el ex gobernador y actual presidente del comité radical nacional Roberto Iglesias, y por el actual jefe de bancada del Senado, Ernesto Sanz. “La concertación chilena es un modelo exitoso porque las alianzas respetan las identidades y autonomías partidarias. No creo que algo así pudiera ocurrir en la Argentina”, había dicho Sanz en su momento a Parlamentario.

Ahora la propuesta de Chironi vuelve a dividir las aguas, no sólo en el radicalismo sino en todo el arco opositor.

Contra Pinochet

La Concertación chilena fue gestada a principios de la década de los 90 como una forma de derrotar en las urnas al pinochetismo, que amenazaba con perpetuarse en el poder. La democracia cristiana -que había apoyado el golpe de Estado contra el presidente socialista Salvador Allende- ocupaba el espacio del centro; y el socialismo el de la centroizquierda. Sabían que por separado el pinochetismo seguiría ganando y, por lo tanto, armaron una concertación de partidos con una base programática común.

Lo interesante de esto es que cuando llegó al poder la Concertación gobernó correctamente, los dos partidos mayoritarios tenían injerencia en las decisiones de gobierno -a diferencia de lo que sucedió aquí con la frustrada experiencia de la Alianza-, si bien ambos mantienen siempre sus características e identidades partidarias.

Cabe aclarar que los dos partidos más importantes que integraban esa concertación tienen más de cuarenta años de historia y experiencia de gestión -la DC es el más nuevo, pero fue fundado en 1957 y ya había gobernado en 1964-, lo cual también dio fortaleza a esa coalición gobernante.

El último dato es que la propia democracia cristiana, pese a ser un partido de centro, fue fundada con valores de centroizquierda, con lo cual la afinidad ideológica de los partidos que integran la coalición es muy alta.

Dado este esquema parece imposible que algo así se pueda hacer en la Argentina.

En primer lugar, en Chile la Concertación surgió contra un poder de facto. El propio Roberto Iglesias lo reconoció: “Tendré muchas cosas contra Kirchner, pero no se lo puede comparar con Pinochet”.

En segundo lugar, una alianza de ese tipo sólo se podría gestar con dos o más partidos fuertes que decidan trabajar en conjunto para generar una política de gobierno. Hoy en la Argentina no hay partidos fuertes en la oposición. El radicalismo no tiene peso en los centros urbanos y el resto de los partidos son meras construcciones mediáticas, por ahora.

Además, hoy no hay afinidad ideológica entre los partidos de la oposición. De hecho, muchos parecen más cercanos al Gobierno que entre sí. “Una concertación se podría realizar si hay de fondo un proyecto de desarrollo económico-social basado en un fuerte impulso a la ciencia, industria y las exportaciones”, opinó el senador radical independiente Rodolfo Terragno, quien observó que “como pasaba con Carlos Menem, la oposición busca diferenciarse del gobierno de Kirchner en lo político porque cree -equivocadamente- que la economía anda bien”.

Por último -y tal vez lo principal- hoy no existe en la cultura argentina esa capacidad de generar acuerdos, y mucho menos de cumplirlos. El éxito de la Concertación chilena se basó justamente en que una vez terminadas las internas los partidos funcionaron como una coalición de gobierno. ¿Sería posible que eso suceda en la Argentina?

Diálogo posible

Luego de las declaraciones de Chironi, algunos líderes de la oposición salieron a bajar el tono a la posibilidad de una concertación, aunque aseguraron estar dispuestos a dialogar. “Si se plasman luego en acuerdos electorales o no, es otra cosa”, dijo el radical Iglesias.

Elisa Carrió, por su parte, dijo que el ARI sólo se va a unir con otras fuerzas “cada vez que la República esté en peligro”. “Ante las prácticas fascistas y prepotentes del Gobierno lo importante es que la oposición pueda mostrar una clase política más culta y más civilizada”, opinó.

También desde el PRO hablaron del tema. Ricardo López Murphy dijo que todavía no es tiempo de algo así, aunque podría avanzarse a través de un eje común de defensa a las instituciones. En cambio, el jefe del bloque macrista, Federico Pinedo, sí se animó a ir por más. “Estamos dispuestos a conformar un frente electoral”, dijo.

Sin embargo, fue el socialista Hermes Binner quien puso un justo medio al asunto. “Es saludable y deseable una construcción como la Convergencia, que ha dejado de ser una alianza electoral para convertirse en una coalición de gobierno. Pero en la Argentina estamos muy lejos de eso y no se deben copiar sino crear nuevas alternativas ajustadas a la realidad del país”, dijo tras rechazar unirse a partidos de centroderecha.

“Volvimos de la asunción de Lula y queríamos un PT (Partido de los Trabajadores); después de Tabaré Vázquez queríamos un Frente Amplio, y ahora hay propuestas de crear una Concertación…”, remarcó un legislador. ¿Saldremos ahora a buscar a un indígena para ocupar la Presidencia, luego de la rotunda victoria electoral de Evo Morales en Bolivia?

Más allá de las modas, sería bueno que la dirigencia argentina se una para debatir y generar un proyecto de país, sin pensar tanto en las futuras alianzas electorales.

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