La jefa

El ARI -admiten sus integrantes- gira alrededor de Elisa Carrió, y las voces disidentes no tienen cabida, como sucedió en la convención partidaria en Mar del Plata.

Un ejemplo didáctico de que en las filas del ARI impera la obediencia debida es lo que sucedió en la convención partidaria realizada en Mar del Plata, de acuerdo con lo relatado por varios participantes del encuentro. Delegados de una docena de provincias habían deslizado que en sus intervenciones iban a cuestionar el modo de construcción del partido y el excesivo personalismo de Elisa Carrió.

Una postura crítica que obligó a los oficialistas -como siempre- a cerrar filas con la conducción y lógicamente a no convalidar las voces disidentes. El ejercicio impiadoso de ser mayoría, al igual que en los partidos tradicionales, los llevó a tomar esa postura, y los delegados rebeldes debieron conformarse con informar en forma personal a quienes se interesaban en conocer en que basaban sus críticas. Como si fuera una novedad.

En rigor, un mero ejercicio de “poner la oreja”, como se dice para salir del paso, porque en realidad ninguno de los principales dirigentes del ARI han optado por poner en tela de juicio las prácticas partidarias de Carrió. Y los que sí lo hicieron dieron ese paso cuando dieron el portazo, no antes.

“En efecto, no hay margen para la disidencia”, admite un legislador ante la consulta de Parlamentario, quien obviamente pide que se mantenga su anonimato, y sin lugar a dudas es el espejo de lo que sucede puertas adentro del ARI.

La línea divisoria en el bloque de diputados nacionales pasa por quienes responden ciegamente a los cursos de acción que fija Carrió. En ese pelotón podrían estar sin incomodarse Elsa Quiroz, Emilio García Méndez, Leonardo Gorbacz, José Adrián Pérez, Carlos Raimundi, María Fabiana Ríos y Marcela Rodríguez.

En cambio, van por fuera de ese andarivel Delia Bisutti, María América González, Susana García, Marta Maffei y Eduardo Macaluse. Un detalle no menor es que la mayoría de ellos tienen en su mochila la experiencia sindical, a diferencias de los otros, que en general vienen de otros sectores sociales.

Por supuesto que esta calificación en dos bandos es públicamente rechazada de plano por los consultados, aunque algunos no lo dejan de admitir en privado. Se limitan a marcar que es una “chicana” plantear en esos términos la situación interna.

Vida interna

Ahondar en detalles de la vida interna del ARI no es fácil, porque las bocas se cierran y cuando la abren lo hacen únicamente bajo pedido de anonimato.

Un panorama del interior da cuenta de que por ejemplo en Tierra del Fuego la conducción de la diputada Fabiana Ríos es cuestionada por sus prácticas -similares a las de Carrió- por varios dirigentes, entre ellos Verónica de María. Están persuadidos de que Ríos y quienes la acompañan carecen de una política frentista de envergadura y que sus alianzas tienden a ser circunstanciales, de cara a cada elección.

No está demás recordar que Ríos se fue a vivir a Tierra del Fuego para armar en su calidad de militante del Partido Socialista de Santa Fe, la versión local del PS y cuando estalló la crisis entre el ARI y el PS, optó por quedarse en las filas del ARI.

En Santa Fe está latente una crisis en función de que no coinciden las propuestas de Carrió y de las huestes vernáculas, que se niegan a seguir apostando a una presentación individual al margen de las alianzas que se dan en la provincia entre socialistas, radicales e independientes, entre otras fuerzas. La diputada Susana García cree que la soledad no conduce a nada, sino más bien todo lo contrario: pasar a ser un grupo marginal en la pelea por el poder real.

Claro que todas las miradas están depositadas en Neuquén, de acuerdo al testimonio de más de un calificado arista. No es para menos, porque de no mediar un imponderable de último momento este distrito va a ser intervenido, y la razón se presta para más de una conjetura.

Es que Carrió se niega a que el ARI se integre a una alianza en contra del gobernador Jorge Sobisch, por entender que esa movida es manipulada por el kirchnerismo. En rigor, la interpretación más fina es que Carrió se niega a romper con este representante de la centroderecha porque, dijeron en voz baja, “en los planes de Carrió no está romper con las expresiones de esta franja ideológica, en particular con Mauricio Macri y sus aliados”. Según trascendió, el puente de contacto es alguien que maneja el mismo lenguaje, en referencia al ex diputado nacional Gustavo Gutiérrez, que dejó las filas del Partido Demócrata de Mendoza para sumarse a las del ARI. Una apreciación que es negada tajantemente por los voceros oficiales, que sostienen que esta es “una noticia armada” desde la Casa Rosada…

Una versión alimentada por el intercambio de “piropos políticos” entre Macri y Carrió hace un par de semanas, y que ambos desmintieron que sea el punto de partida de una alianza entre liberales “de derecha y de izquierda”, como alguien agregó en tono de chanza.

En tanto, en la Capital Federal el panorama es similar a las diferencias entre Carrió y sus principales referentes, el diputado porteño Fernando Melillo y la diputada nacional Bisutti por varios motivos: uno de ellos la presunta “libertad de conciencia” para licuar a Aníbal Ibarra, cuando en realidad ella ya había decidido bajarle el pulgar al ex jefe de Gobierno de la ciudad. También incide en el malestar de Melillo y Bisutti, como es de público conocimiento, el acercamiento cada día más visible con los restos del radicalismo porteño, razón que potencia el accionar de Enrique Olivera, de quien se sospecha que de cara a las elecciones de 2007 puede en cualquier momento desplazar a Melillo de la conducción de la bancada del ARI en la Legislatura.

Este es el panorama en los distritos de Tierra del Fuego, Santa Fe, Neuquén y Capital Federal, que son un espejo de lo que está pasando en más de un distrito, aunque para más de un conspicuo integrante del ARI no hay por el momento demasiado interés en armar en todo el país una fuerza con encarnadura social que la aleje de los planteos formales a la política de Néstor Kirchner. O sea, discutir a fondo los problemas nacionales.

Un análisis que parte de las definiciones de Carrió en el sentido de que “el rearme moral de la Nación va a terminar con la pobreza”.

Para la líder del ARI, “el contrato moral es para todos: es una alianza de conductas para reconstruir el país, no una alianza partidocrática”, al tiempo que enfatizaba que “no peleamos por una porción de poder, estamos peleando por un cambio cultural y si ese cambio se produce va a cambiar la izquierda y la derecha, va a cambiar la política”.

Agrega que “la nueva matriz por la que trabajamos no tiene como beneficiario el ARI, a un partido o a la centroizquierda o a la centroderecha, sino que el beneficiario será todo el pueblo”.

Una apuesta que soslaya, como dijo uno de sus miembros, que la lucha de poder no pasa precisamente por la moral, sino por otros ingredientes. Y acotó que la moral no es decisiva en ningún cambio histórico.

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