Se vuelve a editar el Diario de Sesiones del Congreso

El Diario de Sesiones, la memoria que registra desde 1864 los debates del Congreso, volvió a ser editado en la Cámara de Diputados después de que la crisis lo empujara hacia el desuso.

En 1989 la imprenta del Congreso dejó de publicar los volúmenes que todavía adornan las principales bibliotecas nacionales y que, entre otras, albergan las voces de Leandro Alem, Miguel Cané, Nicolás Avellaneda, Domingo Faustino Sarmiento y Dalmacio Vélez Sársfield.

En los últimos 17 años, las sesiones de la Cámara de Diputados sólo se imprimieron en su edición económica y, así y todo, tiene un retraso de cuatro años.

El reglamento de la Cámara de Diputados dispone en su artículo 49 la impresión y distribución del Diario de Sesiones "en un plazo improrrogable de dos meses".

En su momento de gloria, el Congreso distribuía la publicación a centenares de suscriptores, que seguían los debates con interés cívico.

El año pasado, sin embargo, la fundación Poder Ciudadano ya había advertido al presidente de la Cámara baja, Alberto Balestrini, que la publicación se encontraba atrasada cinco años. A través de su secretario parlamentario, Enrique Hidalgo, el presidente del Cuerpo dispuso finalmente acelerar su reimpresión. Y así, el contenido de la asamblea legislativa del 6 de diciembre de 2005, cuando juraron los diputados electos en octubre pasado, apareció impreso esta semana.

Paralelamente, la Imprenta del Congreso recibió la orden de volver a editar los volúmenes de tapa dura que se interrumpieron en 1989.

La noticia se resumiría a una anécdota si, a la vez, no fuera un síntoma de una dilución, de la pérdida de protagonismo del Poder Legislativo a raíz de la delegación sistemática de facultades, de su anemia como fiscalizador de la gestión del Ejecutivo y de la crisis de los partidos políticos tradicionales.

El Diario de Sesiones acompaña al Congreso desde los orígenes mismos de la República, incluso antes de que el Poder Legislativo se asentara en Buenos Aires.

En sus páginas pueden revivirse los debates que dieron vida al Código Penal, el enfrentamiento entre proteccionistas y librecambistas de 1876, la gestación de la ley 1420 de Educación Laica, la creación del Banco de la Nación Argentina y avanzar hacia el presente, a través de los vaivenes de la historia. Su paulatina desaparición desde la crisis de 1989 es ajena a coincidencias.

"Desde entonces Argentina no tiene un documento que atestigüe como se sancionaron sus leyes", subraya Hidalgo, el actual secretario parlamentario.

Entre tanto, sin asentarlo en sus memorias, el Congreso aprobó privatizaciones, reformó el Estado y designó presidentes cuando la crisis devoró a los electos.

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