Luis Angel D’Elía: El dipu/piquetero

Quién es el legislador provincial que muere por convertirse en el más kirchnerista de los kirchneristas. Rechazado por los peronistas y cuestionado por los medios, su actividad legislativa es más que opaca.

Siempre afecto a las declaraciones altisonantes, Luis D’Elía se ha caracterizado por ser una figura mediática, deseosa de presentarse como un purificado producto del que se vayan todos. En lo que pocos reparan es que en realidad no se trata de un recién llegado a la política, un referente social que ha trascendido el ámbito de los piquetes y las asambleas, sino de un hombre que ha militado en diversos partidos desde siempre, buscando los resquicios donde obtener poder. Y en lo que pocos también reparan es que en ese marco lleva siete años recorriendo los pasillos legislativos.

Será porque, en rigor de verdad, no ha dejado huella en ese sentido, por cierto.

D’Elía no es un recién llegado a la política. Por el contrario, desde hace una década cobra del Estado e incluso está recorriendo las estaciones correspondientes de todo político tradicional. Ha sido concejal en La Matanza, es actualmente diputado provincial, y daría lo que fuera por llegar al Congreso nacional en las elecciones de octubre, dentro de las listas kirchneristas, espacio al que fervorosamente ha abrazado desde la llegada del santacruceño al poder.

Es, como se ha dicho, diputado provincial, aunque pocas veces se repara en ello, a pesar de que ocupa un escaño desde 2001. En diciembre finalizará su mandato como tal, aunque su producción legislativa no ha sido por cierto trascendente. Así las cosas, la pregunta recurrente es qué tiempo tiene el piquetero/diputado para legislar, habida cuenta de su profusa actividad que va desde el piquete a la Casa Rosada, desde los canales de TV a las estaciones de servicio. Sin mencionar las comisarías, para no sonar recurrente…

La actividad legislativa

Está claro entonces que no tiene mucho tiempo para permanecer en La Plata, sede de la Legislatura provincial en la que se desempeña (¿). Sobre todo ahora, abocado más a azuzar la pelea entre felipistas y duhaldistas, planificando su futuro allende diciembre. Antes sí tenía más presencia en la Legislatura, donde no solía faltar al menos a las sesiones. Y discursos hacía, la verdad sea dicha. Porque ya se sabe que verba no le falta.

Ahora no va tan seguido y por cierto que su actividad en las comisiones que integra no es demasiado trascendente. No es autoridad en ninguna de las cuatro comisiones que integra, pero todas tiene que ver con sus intereses particulares: Trabajo; Tierras y Organización Territorial; Vivienda, y Desarrollo y Derechos Humanos.

Tampoco se destaca demasiado en cuanto a su producción en materia de proyectos, habida cuenta de que en lo que va de su gestión ha presentado 36 proyectos de ley, 27 de declaración, 10 de resolución y 7 pedidos de informes. Tampoco es un número menor, podrá objetar alguno, aunque habrá que apuntar que para algo más de tres años no es demasiado. Sobre todo si se lo compara con otros legisladores -algunos de los cuales llevan menos tiempo en la banca-.

Eso sí, el hombre es monotemático. De los 27 proyectos de ley presentados desde 2001, trece corresponden a expropiaciones y un par a la suspensión de desalojos. Otro tema que lo preocupa son sus colegas piqueteros; de hecho, sus dos primeros proyectos de ley (allá por febrero de 2001) fueron pidiendo el indulto para su entonces compañero Emilio Alí, y más adelante lo mismo para Raúl Castells. Hoy por mí…

Tiene también proyectos referidos al PCB, o la creación del sistema integral de salud sexual y reproductiva, la reorganización del IOMA, la creación del consejo para el saneamiento, a cuerdo y control de la cancelación de las deudas por obras de infraestructura municipal, pero ninguno tan ambicioso como el presentado recientemente en el que pide la disolución de la Policía de la Provincia de Buenos Aires.

En materia de proyectos de declaración, el hombre no tiene fronteras. Avanza a nivel nacional cuando repudia las expresiones de monseñor Baseotto, o pide que el Ejecutivo Nacional rechace el voto de condena contra Cuba en la ONU, repudia la visita de Collin Powell a la Argentina, y hasta reclama la intervención del Tribunal Penal Internacional para la investigación y sanción de los ataques contra la población civil en Irak. Nobleza obliga, convengamos que eso de legislar desde las provincias como si uno fuera legislador nacional es una costumbre que no involucra sólo a D’Elía. Quien, dicho sea de paso, por supuesto también adhirió desde su banca al llamado a no comprar productos de las petroleras Shell y Esso, tema que abrazó con fuerza, como es de dominio público.

Es difícil encontrar legisladores oficialistas que lo ponderen. Tampoco es fácil hallar opositores que lo respalden. “Es un chanta, un alcahuete del poder de turno y un paradigma del peor clientelismo de la Provincia. Es una estafa para quienes lo votaron como diputado. No se le conoce actividad legislativa”, dice de él el presidente de la bancada de la UCR, Marcelo Elías.

De dónde viene. Es verdad que en el marco de la fragmentación política y de las consecuencias de la devastación económica que afectó a los sectores populares, irrumpieron en la escena nacional una retahíla de dirigentes que asumieron desde sus respectivos orígenes ideológicos el papel de reivindicadores de los reclamos. Un panel de activistas entre los que se encuentra Luis D’Elía, quien ha recorrido un largo camino antes de convertirse en uno de los referentes del actual Presidente de la Nación.

Una relación que comenzó con un llamado telefónico del entonces gobernador de Santa Cruz cuando éste en el 2002 concretó un corte de ruta de 18 días en La Matanza.

En el marco de la estrategia del kirchnerismo de cooptar y dividir el movimiento de trabajadores desocupados y de los movimientos sociales, están en primera línea Luis D’Elía, o ex montoneros como Emilio Pérsico, del MTD Evita, con el objeto de contar con tropa propia y neutralizar a los grupos orientados por el Partido Obrero, el Partido Comunista Revolucionario, o el Movimiento Socialista de los Trabajadores, o movimientos autónomos como el Frente Popular Darío Santillán.

Antes de gozar de las alfombras del poder, armó un prolijo trabajo comunitario que con el correr de los años le sirvió como plataforma para ser un orgánico de la Central de Trabajadores Argentinos (CTA) y para tener un diálogo fluido con Adolfo Rodríguez Saá, Eduardo Duhalde y Néstor Kirchner -en ese orden-, y en lo internacional con Hugo Chávez Frías, aunque cuando éste se definió en la última visita como militante de Barrios de Pie, dicen que quedó helado.

Igual que cuando supo que la versión argentina de la Carta Social que impulsa el chavismo estaba a cargo del diputado nacional de izquierda José Roselli. En esa ocasión, mandó un emisario a lo de Roselli para que le dejara un lugar. Antes de formularle el pedido, le dejó entrever que D’Elía había conversado telefónicamente con el presidente de Venezuela sobre la cuestión. Como Roselli no cedió, el emisario se fue silbando bajito y D’Elía no concurrió al encuentro realizado en la Argentina para redactar la Carta Social, que se desarrolló en octubre del año pasado. Lo mismo pasó con la diputada Alicia Castro.

Matanceros

Entre quienes se precian de conocer el paño del territorio de Buenos Aires coinciden en destacar que La Matanza no es un pago propicio para las posiciones intermedias: o se está con el poder de turno, o les espera cruzar el desierto con una anchoa en la boca.

En ese contexto, D’Elía militó en la democracia cristiana en los tiempos que estaba al frente el fallecido Carlos Auyero, después en el entramado superestructural de Carlos “Chacho” Alvarez y Víctor De Gennaro, amparado en la Federación de Tierras y Viviendas (FTV).

Eso no le impedía romper lanzas con el entonces hombre fuerte de La Matanza, Alberto Pierri, como aseguraron sus voceros ante la consulta de rigor. Inclusive dicen -sin pruebas, por cierto- que en más de una oportunidad le fue funcional. En el ínterin coqueteó con Julio Carpinetti, por entonces titular de la poderosa Unidad Ejecutora bonaerense, pero al igual que le sucedió con Pierri, el activista del Barrio 22 de Enero y El Tambo y de la cooperativa USO (Unidad Social y Organización), de La Matanza, no supo armonizar con ellos.

Ya en carrera, en 1992, tuvo su paso por la Dirección General de Cultura y Educación durante la gestión de Graciela Giannettasio, donde cumplió el rol de consejero General de Educación, un cargo que es elegido directamente por los docentes.

Fuentes confiables revelaron que fue el propio Eduardo Duhalde uno de sus padrinos para que en Legislatura bonaerense la aprobación del pliego salga por un tubo. Una acción en la que también participó su vecino Pierri.

Rumbo a las bancas

Tras un fallido intento de ingreso al Concejo Deliberante en una lista de la democracia cristiana, recién las urnas le fueron favorables cuando Chacho Alvarez lo llevó en las listas de la Alianza en las elecciones del 97, que lo nominaron como concejal del Frepaso. Con el derrumbe de esta fuerza, por la manifiesta incapacidad de Alvarez de construir una real alternativa a los partidos tradicionales, el ex concejal fue partícipe de un singular experimento electoral que giró alrededor de las sotanas combativas de Luis Farinello.

Era de tal consistencia el Frente, que antes de que juraran los concejales, diputados provinciales y nacionales electos, se disolvió y nadie, por supuesto, se tomó el trabajo de explicarles a quienes los votaron las razones del fracaso. Eso fue el Frente para el Cambio-Polo Social, un fracaso más de los tantos alumbrados por intereses particulares para generar una plataforma política de alternativa.

Vengan esos planes

Tras la huida en helicóptero de Fernando de la Rúa, la dirigencia entró en ebullición y así se sucedieron en la Casa Rosada efímeros presidentes, hasta que llegó el hombre de Lomas de Zamora.

Conscientes de estar sentado sobre un polvorín, Duhalde, con la finalidad de acotar el margen de la insurgencia, creó el Plan Jefas y Jefes de Hogar Desocupados, en el marco de la Declaración de Emergencia Nacional que proponía en teoría garantizar un ingreso mínimo a todos los hogares alcanzados por el fantasma de la desocupación, con hijos menores de 18 años o discapacitados.

El 13 de mayo del 2002 parió el burocrático Consejo Nacional de Administración, Ejecución y Control (CONAEyC), con el fin de “asegurar el control, la transparencia y la efectiva ejecución del plan”, como se puede leer en el Dto. 565/02 del Boletín Oficial de ese año. Puso en la misma mesa a la Iglesia Católica, al Consejo Evangélico, a la AMIA, a las cámaras empresariales como la UIA, la Sociedad Rural, la banca pública y privada, entre otras, y a los piqueteros, entre ellos el diputado provincial Luis D’Elía, quien ni lerdo ni perezoso recomendó para ese armado a Juan Carlos Alderete, dirigente de la CCC, brazo del PCR. No hace falta mucho conjeturar que tanto la FTV como la CCC y sus respectivos allegados fueron los que más se beneficiaron con la entrega de planes, como contó a Parlamentario uno de los integrantes de ese cuerpo.

La violencia policial

Las disputas mediáticas entre el duhaldismo y el kirchnerismo es un espacio en el que se dicen de todo en público, mientras sus líderes dialogan fluidamente en privado. ¿Quién no se puede perder ese escenario?: D’Elía.

Días atrás cargó contra Juan José Alvarez, en su calidad de anunciado candidato a acompañar a la primera dama en la lista para senadores por Buenos Aires. “Sería como escupir en la cara del movimiento social. La pretensión del duhaldismo de imponerlo como acompañante de Cristina en la lista de senadores nacionales por la provincia de Buenos Aires constituye una afrenta a las organizaciones sociales que lucharon por los derechos de los pobres y sufrieron represión”, proclamó, al tiempo que señalaba que “Juanjo” Alvarez es “alguien que debe responder por los saqueos de 2001 y la masacre del Puente Pueyrredón, así como por sus relaciones con oscuros personajes de la Federal”.

De ese fárrago de acusaciones vale la pena detenerse en lo del Puente. Léase, cuando el 26 de junio de 2002 mataron a Darío Santillán y Maximiliano Kosteki. Consultados los protagonistas de esa trágica jornada, dirigentes del frente popular que reivindica el nombre de Darío Santillán son tajantes en repudiar el “oportunismo” del dipupiquetero. Lo menos que de él dicen es que “es un cínico” y recuerdan, como alguna vez publicara Parlamentario, que en las horas posteriores al hecho y en sintonía con la posición oficial de que había sido un ajuste de cuentas entre los piqueteros, D’Elía también agitó la teoría de los dos demonios.

Una acusación que se puede leer en las páginas del libro Darío y Maxi, Dignidad Piquetera, en las páginas 136 y siguientes.

Cosas del poder

Pero volvamos al D’Elía legislador. El ejercicio de la soberanía popular del 2001 deparó el arribo a la Legislatura bonaerense de Claudio Masson, Guillermo Luces, Juan Carlos Añón y D’Elía, quien nunca le perdonó al ex montonero Añón que lo desplazara al segundo lugar de la lista por la tercera sección. Los tres primeros conformaron el bloque Polo Social, mientras éste alumbró el unipersonal “Germán Abdala”. Después -junto con el aliancista matancero Rodolfo Casals y Luces- alumbró un interbloque.

En cuanto a la relación con el resto de los diputados, después de su participación en la toma de una comisaría porteña y el lógico pedido de desafuero, se rompió definitivamente. En la oportunidad, D’Elía supo jactarse de que no le darían el desafuero con un argumento explosivo que siempre repite. La última vez que lo dijo fue el 12 de este mes en un programa de televisión: “En la Legislatura bonaerense los duhaldistas tienen 14 pedidos de desafuero, por chorros, coimeros y mafiosos”. Sugiere en tal sentido que no lo desaforarán a él, simplemente para no sentar un precedente que pueda afectarlos.

Aunque bien vale recordar que en su momento supo morigerar su explosividad oral justamente cuando parecía que finalmente irían por sus fueros. Fue entonces que hasta pidió públicamente disculpas por haber fustigado a Duhalde.

Sin lugar a dudas, desde su inicio como maestro al otoño del 2005 ha recorrido un largo camino y siempre buscando no pasar desa-percibido. Sus razones tendrá.

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