La contaminación que ignoramos

El conflicto por las papeleras uruguayas hizo resurgir el interés por un alarmante pero olvidado problema ambiental, el del Riachuelo.

Por Pamela Fedra Vallet

La cuenca Matanza-Riachuelo es uno de los complejos fluviales más contaminados, no sólo del país sino del mundo, y constituye una grave amenaza para los habitantes de la Capital Federal y el Conurbano.

EL problema viene de lejos, ya en 1822 el Riachuelo ya estaba sucio y por esa razón el Gobierno decretó prohibir la instalación de saladeros, curtiembres y fábricas en las inmediaciones de la cuenca, aunque sin resultados visibles.

PAE

A mediados de 1871 esa vía fluvial seguía contaminada y la Cámara de Diputados bonaerense acordó canalizarlo y limpiarlo. A partir de allí las autoridades de los gobiernos nacionales y bonaerenses anunciaron -en varias ocasiones- diversos proyectos de limpieza, pero hasta la fecha, ninguno se llevó a cabo en forma sostenida, y en muchos casos fueron sólo palabras llevadas por el viento.

Por mucho tiempo, el tema de la contaminación del Riachuelo dejó de estar presente en las agendas oficiales y muy lejos quedó aquella ya famosa promesa de María Julia Alsogaray, respecto de que en mil días sería limpiado.

Las aguas que en sus cuadros reflejaba el pintor Benito Quinquela Martín siguen tan oscuras -o más- que en el siglo XIX, cuando comenzó su contaminación desde los vertederos de curtiembres y mataderos.

La inacción se debe en gran parte a que los temas ambientales no han sido nunca prioritarios en la agenda política nacional, aunque ahora el conflicto por la instalación de las dos plantas de celulosa en Fray Bentos avivó la agenda en lo pertinente a la preservación de la ecología.

Parece ser que el conflicto con Uruguay, sumado a la lucha de algunos ecologistas volvieron a abrir las puertas de un nuevo debate sobre el proyecto de limpieza y saneamiento del Riachuelo, que tan archivado había quedado.

Mediante un informe presentado por la Auditoría General de la Nación se dieron a conocer públicamente las alarmantes consecuencias sanitarias que provoca el estado actual de la cuenca, donde habitan alrededor de 4 millones de personas.

Desde su bloque, Mauricio Macri, diputado nacional del PRO y jefe de Compromiso para el Cambio, manifestó que “tanto el Gobierno de la Provincia como los municipios por donde corre la cuenca del Matanza-Riachuelo, incluyendo a la Capital Federal, deberían declarar la emergencia sanitaria porque hay miles de vecinos que sufren los efectos de la contaminación, inclusive con peligro de muerte”.

Agregó que “el Riachuelo podría tener aguas como las del Mediterráneo, si hiciéramos las cosas bien. En Inglaterra se logró con el río Tamesis, y en cambio aquí se pidió un crédito para tratar el tema y una vez más la plata se gastó en consultoras. Obviamente el crédito se perdió y encima pagamos multa por la no utilización”.

Por otra parte, Martha Venossi, especialista en ecología y medio ambiente, sostuvo que “lo que menos circula por el río es agua: se vierten diariamente 88.500 metros cúbicos de residuos industriales y 400 mil metros cúbicos de aguas servidas y el caudal promedio de agua es sólo de 250 mil metros cúbicos”.

En ese sentido añadió que “si uno recoge un litro de lo que queda en una botella, sólo encontrará 0,5 miligramos de oxígeno, y para que se desarrolle alguna forma de vida son necesarios 5 miligramos de oxígeno por litro”.

Según el secretario General de la Asociación de Personal de Organismos de Control (APOC), Hugo Quintana, “el 80% del problema de la contaminación en el Riachuelo se soluciona con voluntad política, consiste solamente en aplicar las normas vigentes y con un rol activo de los organismos de control estatales”.

Si bien el hecho de que muchas fábricas ubicadas en los márgenes del Riachuelo cerraron sus puertas en los últimos años como consecuencia de la crisis económica, y se disminuyó de este modo la contaminación por residuos industriales, aumentó otra fuente principal de contaminación: la basura y los desechos cloacales. Estos se originan a partir del crecimiento de asentamientos precarios y de la superpoblación de habitantes que se ven obligados a tirar sus desechos en la cuenca ya que muchos carecen de cloacas y no tienen agua potable.

Por su parte, Marcelo Vensentini, ministro de Medio Ambiente porteño, destacó que se firmó con la provincia de Buenos Aires “un convenio que incluye el problema del Riachuelo, y es fundamental que se incorpore la Nación, para que encaremos las obras de saneamiento”.

Además, agregó que la idea es que el comité que se conformará “cuente con poder de policía, más allá de las jurisdicciones”.

En este momento, la ausencia de saneamiento apropiado conduce al surgimiento de enfermedades transmisibles como la tuberculosis, el cólera, el paludismo y el dengue, entre otras.

Algo que muchos desconocen es que la quema en los basurales de la cuenca contamina el aire, el agua y los alimentos, ya que producen hidrocarburos aromáticos que al ser absorbidos se acumulan en grasas corporales que son extremadamente peligrosos.

Lo más urgente sería tomar una medida que permita, a corto plazo, reducir el nivel de contaminación del Riachuelo, ya que cada vez son más los vecinos afectados por la inhalación de gases tóxicos despedidos por las aguas del Riachuelo, resultado de desperdicios orgánicos e inorgánicos volcados por las industrias desde hace dos siglos.

Mortalidad

La Asociación Vecinos de la Boca denunció que en la zona del Riachuelo el porcentaje de mortalidad infantil duplica, en promedio, a la de la ciudad de Buenos Aires en su totalidad.

El problema es que existen cerca de 36 jurisdicciones que poseen facultades sobre el Riachuelo y 55 normas que no hacen más que dificultar el control, por lo tanto el tratamiento del problema se ve dificultado. Es hora de que se ponga un punto final a esta problemática que involucra a muchos ciudadanos y que lleva años a la deriva.

Propuestas

La diputada nacional Silvana Giudici presentó en el 2005 un proyecto de ley que proponía la creación de una Autoridad de Cuenca Matanza-Riachuelo, de carácter interjurisdiccional que integrara a la ciudad de Buenos Aires, a la provincia de Buenos Aires y a la Nación.

Al respecto, Giudici explicó: “Todo indica que el tema ambiental y particularmente el de las papeleras hizo recordar a las diferentes fuerzas políticas que la emergencia sanitaria que plantea la cuenca es un tema de prioridad para todos. Que se hayan propuesto tratarlo y trabajar en una ley que comience a resolver el problema es sumamente auspicioso”.

Por su parte, el macrismo presentó un proyecto de ley muy similar al de Giudici, y el ARI no se quedó atrás y con la presencia de Elisa Carrió, diputados nacionales y legisladores porteños, presentó también un plan estratégico para sanear el río, en la Cámara de Diputados.

La iniciativa de los aristas tiene como objeto “declarar la emergencia ambiental en la Cuenca Matanza-Riachuelo, crear un comité de cuenca autárquico con participación de organizaciones no gubernamentales, poder de policía y equipos técnicos elegidos por concurso público y la exención del ABL a los vecinos afectados de la ciudad”.

A su vez, proponen un “saneamiento ambiental integral y la gestión sustentable de la misma, realizar un estudio epidemiológico en toda la cuenca, brindar asistencia médica inmediata a la población afectada, desarrollar estrategias de promoción y prevención de la salud”.

En el mismo sentido, los diputados aristas Facunco Di Filippo y Juan Manuel Velasco hicieron hincapié sobre la importancia de crear tribunales específicamente ambientales, con sus correspondientes fiscalías, competencias, conocimientos técnicos y equipos periciales propios” y sostuvieron que esto “ayudaría a dar un paso más hacia la calidad de vida de quienes vivimos en la ciudad”.

Por otra parte, desde el Gobierno anunciaron que “el cuidado ambiental formará parte de su gestión en todos los niveles, ya que el país cuenta con una importante y desatendida agenda de problemas ambientales”.

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